Publicado: octubre 2, 2026, 11:27 am
La medicina regenerativa ha conseguido dar un nuevo paso hacia la posibilidad de sustituir algunas de las funciones de una glándula dañada. Científicos japoneses han cultivado en el laboratorio tejido de hipófisis humana a partir de células madre y lo han trasplantado a un macaco al que previamente se le había extirpado esta glándula. Según los investigadores, es la primera vez que este tipo de células generadas a partir de células madre sobreviven en un primate y desempeñan su función.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Nagoya (Japón) y publicado en Stem Cell Research & Therapy, plantea una posible nueva vía para abordar en el futuro algunos trastornos hormonales crónicos. Sin embargo, se trata todavía de investigación experimental: el procedimiento se ha probado en ratones y en un único primate, y los propios investigadores señalan que serán necesarios más estudios.
¿Por qué es importante la hipófisis? Esta pequeña glándula situada en la base del cerebro desempeña un papel esencial en la regulación hormonal del organismo y participa en funciones relacionadas con el estrés, el crecimiento y el metabolismo. Cuando deja de funcionar correctamente o tiene que ser extirpada, los pacientes necesitan recibir tratamiento hormonal sustitutivo de por vida.
Una de las hormonas que produce es la ACTH, que envía a las glándulas suprarrenales la señal para liberar cortisol. Esta última hormona interviene, entre otras funciones, en la respuesta del organismo al estrés y en la regulación de la presión arterial y del azúcar en sangre. El problema es que administrar hormonas mediante medicación no reproduce completamente la capacidad de un organismo sano para modificar su producción según las necesidades de cada momento, que pueden cambiar con el estrés o la hora del día.
Células madres humanas
El objetivo de los científicos era comprobar si tejido pituitario creado en el laboratorio podía realizar esa función de una manera más natural. Para conseguirlo, utilizaron células madre humanas con las que cultivaron organoides: pequeñas estructuras celulares capaces de reproducir algunas características y funciones de un órgano. En este caso, los organoides contenían células capaces de producir ACTH.
La primera prueba se realizó en ratones a los que se había extirpado la hipófisis. Los organoides fueron implantados bajo la piel, en tejido graso o muscular, y produjeron ACTH durante más de seis meses. Según los investigadores, los animales trasplantados vivieron claramente más que aquellos que no recibieron el tejido. Tampoco observaron tumores no deseados ni crecimientos celulares anómalos.
El siguiente paso fue probar el procedimiento en un macaco sin hipófisis. Como el tejido implantado procedía de células humanas, los investigadores administraron fármacos inmunosupresores para intentar evitar su rechazo. Durante seis semanas, el tejido trasplantado funcionó y consiguió aumentar las concentraciones sanguíneas de ACTH y cortisol. También disminuyó durante ese periodo la importante pérdida de peso provocada por la deficiencia hormonal.
Una prueba todavía experimental
Tres meses después del trasplante todavía se encontraron células implantadas supervivientes. Sin embargo, el fuerte rechazo inmunitario que puede producirse entre especies limitó la eficacia del procedimiento. Los investigadores también buscaron células del organoide en pulmones e hígado, debido al riesgo conocido de que células utilizadas en estas terapias migren y crezcan de manera descontrolada en otras zonas del organismo, pero no encontraron tejido disperso en estos órganos.
Los resultados constituyen por ahora una prueba experimental y están lejos de demostrar que el procedimiento pueda utilizarse en pacientes. El propio equipo subraya una de sus principales limitaciones: el experimento se realizó en un solo primate. Su siguiente objetivo será estudiar cómo prolongar la supervivencia del tejido trasplantado y probar estrategias de inmunosupresión más seguras. Si investigaciones posteriores confirman estos resultados, los organoides pituitarios podrían convertirse en una nueva línea de investigación para intentar recuperar la producción fisiológica de hormonas en personas con determinados trastornos de la hipófisis.
