Publicado: julio 16, 2026, 6:26 pm
Los robots aspiradores llevan años evolucionando hacia una misma dirección: más potencia, más autonomía, mejores sistemas de navegación y bases capaces de vaciar el depósito, lavar las mopas o incluso secarlas automáticamente.
Y en ese mercado en los que todos van en línea recta, aparece el nuevo Roomba Mini y apuesta por una estrategia diferente.
En lugar de competir por ofrecer más funciones, iRobot ha decidido diferenciarse por algo que en un mercado como España puede terner, a priori, sentido: reducir el tamaño al máximo para crear un robot pensado para apartamentos, estudios o segundas residencias donde el espacio también importa.
No es una apuesta casual. iRobot atraviesa una nueva etapa. Después de años siendo la referencia absoluta del sector –hasta el punto de que mucha gente sigue llamando ‘Roomba’ a cualquier robot aspirador–, la compañía busca recuperar terreno en un mercado dominado cada vez más por fabricantes chinos que ofrecen productos muy completos a precios competitivos. O a precios no tan competitivos, pero con funciones muy alta gama.
El Roomba Mini es uno de los primeros modelos que reflejan esa nueva estrategia: un producto más accesible, compacto y con un diseño muy cuidado.
Tras utilizarlo durante varias semanas, mi sensación es que la idea tiene sentido, pero la ejecución deja algunas dudas.
Un tamaño realmente diferencial
Lo primero que llama la atención del Roomba Mini es, evidentemente, su tamaño. Es bastante más compacto que la mayoría de robots aspiradores del mercado y eso tiene una ventaja muy clara: se mueve con mucha facilidad entre las patas de las sillas, alrededor de pequeños muebles y por rincones donde otros modelos más grandes suelen atascarse o directamente no entran.
Esa es, probablemente, su mayor virtud y también su principal argumento de compra.
Ahora bien, tampoco conviene pensar que por ser pequeño vaya a llegar debajo de cualquier mueble. Su altura no es especialmente inferior a la de otros robots actuales, por lo que sigue encontrando las mismas limitaciones cuando intenta limpiar bajo sofás, camas o muebles bajos.
También hay que reconocer que el diseño está muy conseguido. Es un robot cuqui, compacto y con una estética mucho más amable que la de la mayoría de competidores. Da la sensación de ser un producto pensado para que no importe tenerlo a la vista.
Aspira correctamente
En cuanto a la limpieza, el Roomba Mini cumple, pero no me ha parecido especialmente brillante.
Durante las pruebas ha mantenido el suelo limpio del polvo diario y la sensación al caminar descalza después de pasar el robot era aceptable. Sin embargo, tampoco he percibido una diferencia que me haga pensar que estamos ante un modelo especialmente potente o por encima de otros robots de precio similar.
Hay que tener en cuenta que mi caso probablemente sea uno de los más exigentes para este tipo de dispositivos. Vivo en un primero, tengo un perro, dos niños y durante buena parte del verano las ventanas permanecen abiertas, por lo que entra bastante polvo.
Precisamente por eso creo que el Roomba Mini no está pensado para un hogar como el mío. Me parece un producto mucho más adecuado para viviendas pequeñas, con menos tránsito y donde el objetivo sea simplemente mantener el polvo bajo control.
La experiencia de uso tiene margen de mejora
Si hay un apartado que menos me ha convencido ha sido la experiencia con la aplicación.
La instalación física apenas lleva unos minutos, pero la configuración inicial puede hacerse bastante pesada. Como ocurre con muchos dispositivos conectados, necesita utilizar una red WiFi de 2,4 GHz. El problema es que hoy muchos routers unifican las redes de 2,4 y 5 GHz bajo un mismo nombre, lo que obliga a entrar en la configuración del router para completar el proceso.
No es un problema exclusivo de iRobot: ocurre también con bombillas, enchufes inteligentes y otros dispositivos conectados. Pero no deja de ser un paso adicional que muchos usuarios no sabrán realizar por sí solos. Estoy segura de que si le ocurre a mi madre, o mi vecino del quinto, se dan por vencidos sin casi librar batalla.
A eso se suma que, durante las pruebas, el robot perdió la conexión con la aplicación en varias ocasiones y tuve que repetir el proceso de configuración. Si además no estás cerca del robot, la vinculación tampoco resulta especialmente rápida.
No es algo que impida utilizarlo, pero sí termina afectando a una experiencia que debería ser mucho más sencilla.
El ‘fregado’ está lejos de poder llamarse fregar
El fregado me ha parecido el punto más flojo del producto.
Más que un sistema de fregado propiamente dicho, se limita a arrastrar una pequeña toallita húmeda por el suelo. Puede servir para retirar algo de polvo superficial o refrescar ligeramente una estancia, pero está muy lejos de eliminar manchas o sustituir una fregona tradicional.
En una vivienda pequeña puede ser una función puntual, pero personalmente no la tendría en cuenta como argumento de compra.
¿Lo recomiendo?
Depende mucho del tipo de usuario.
Si buscas un robot pequeño, bonito y fácil de guardar para mantener limpio un apartamento, un estudio o una segunda residencia, el Roomba Mini tiene sentido. Su tamaño marca la diferencia frente a otros modelos y su precio –399 euros de tarifa, aunque habitualmente puede encontrarse rebajado– lo sitúa muy por debajo de los robots aspiradores premium.
Sin embargo, si tienes una vivienda familiar, mascotas, niños o simplemente buscas un robot que destaque por su limpieza y ofrezca una experiencia realmente completa, creo que hoy existen alternativas más interesantes por un precio similar o por algo más.
Al final me ha quedado la sensación de que el principal atractivo del Roomba Mini está en su diseño y en lo compacto que es. Y aunque eso tiene valor, creo que en un robot aspirador siguen siendo más importantes aspectos como la calidad de limpieza, la conectividad o un sistema de fregado realmente útil.
