Publicado: julio 14, 2026, 11:27 am
¿Qué efectos pueden tener las temperaturas altas o el calor extremo en el embarazo? Esta es la pregunta que ha servido como punto de partida de un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación «la Caixa». Dentro de la investigación, los expertos han llegado a la conclusión de que las temperaturas elevadas durante el embarazo y los primeros meses de vida pueden influir en el desarrollo cerebral infantil por asociarse con un crecimiento más lento del tálamo durante la infancia.
Según informó este lunes el centro de investigación, los resultados, publicados en la revista ‘Environment International’, sugieren que la exposición al calor en las primeras etapas de la vida podrÃa tener efectos duraderos sobre el desarrollo cerebral.
Una etapa especialmente crÃtica
El cambio climático incrementa la exposición a temperaturas extremas en todo el mundo, lo que genera inquietud por sus posibles efectos sobre la salud infantil. El embarazo y los primeros años de vida son etapas especialmente crÃticas para el desarrollo del cerebro, ya que este crece rápidamente y es especialmente sensible a los factores ambientales. Aunque estudios previos relacionaron la exposición al calor con alteraciones cognitivas y problemas de salud mental, todavÃa existe poca evidencia sobre sus efectos en la estructura cerebral.
A este respecto, la investigadora de ISGlobal y del Idiapjgol y primera autora del estudio, Laura Granés, explicó que «querÃamos analizar si la exposición al calor o al frÃo desde la concepción hasta los 8,5 años de edad se asociaba con cambios en el desarrollo cerebral durante la infancia tardÃa y la adolescencia, e identificar los periodos en los que el cerebro es más vulnerable«.
Más de 3.000 niños
El estudio incluyó a 3.251 niños y niñas de la cohorte Generation R Study de PaÃses Bajos. «Utilizamos un modelo climático de alta resolución que proporcionó estimaciones semanales de la temperatura exterior durante el embarazo y estimaciones mensuales desde el nacimiento hasta los 8,5 años de edad en el lugar de residencia de cada participante. Posteriormente, analizamos resonancias magnéticas cerebrales realizadas a los 10 y a los 14 años«, señaló Granés.
Esto permitió medir cómo variaba el volumen de 11 estructuras cerebrales a lo largo del tiempo y analizar si dichos cambios estaban relacionados con la exposición previa al calor o al frÃo. De todas las regiones cerebrales analizadas, solo el tálamo mostró una asociación consistente con la exposición al calor en las primeras etapas de la vida. El tálamo actúa como el principal centro de relevo del cerebro, ya que procesa y transmite la información sensorial y motora hacia la corteza cerebral.
El equipo investigador consideró que esta región podrÃa ser especialmente sensible porque comienza a desarrollarse muy temprano durante el embarazo y sigue un calendario de desarrollo muy estrictamente regulado.
Una ventana de vulnerabilidad
Además, su elevada irrigación sanguÃnea durante el desarrollo fetal podrÃa hacerla más vulnerable a los cambios provocados por el calor que afectan a la placenta o al flujo sanguÃneo hacia el feto.
El estudio identificó un periodo claro de vulnerabilidad que abarca el embarazo y los primeros meses tras el nacimiento. En comparación con una temperatura media de referencia de 12,5°C, la exposición a temperaturas medias mensuales de 20,5°C durante este periodo (calculadas a partir de las temperaturas diurnas y nocturnas) se asoció con un crecimiento más lento del tálamo entre los 9 y los 15 años de edad.
No se observaron asociaciones similares ni en el resto de estructuras cerebrales analizadas ni con la exposición a temperaturas frÃas. El equipo investigador también observó que un crecimiento más lento del tálamo se asociaba con una mayor presencia de problemas de conducta externalizantes durante la adolescencia, entre ellos comportamientos agresivos e infracciones de las normas.
Rendimiento cognitivo
Sin embargo, no encontraron una asociación con el rendimiento cognitivo. Por lo tanto, subrayó la investigadora de ISGlobal y coautora del estudio, Esmée Essers, «los futuros estudios deberán investigar si la exposición al calor en las primeras etapas de la vida contribuye al desarrollo de trastornos del neurodesarrollo y si las alteraciones en el desarrollo del tálamo pueden ayudar a explicar estas asociaciones».
De hecho, concluyó la profesora de investigación Icrea en ISGlobal y coordinadora del estudio, Mònica Guxens, «a medida que las temperaturas globales siguen aumentando, adoptar medidas para reducir la exposición al calor durante el embarazo y los primeros meses de vida podrÃa desempeñar un papel importante en la protección del desarrollo cerebral infantil«.
