Publicado: septiembre 1, 2026, 5:00 am
Hay dos errores clásicos al contratar un seguro de hogar que casi todo el mundo comete. El primero es firmar sin revisar la póliza y sin comparar con varias opciones. El segundo es una continuación del anterior: mantener ese mismo seguro demasiado caro a lo largo de los años porque «total, se renueva automáticamente».
Tanto si estás buscando un nuevo seguro de hogar, como si tienes uno, hay 8 cosas que puedes revisar para ajustar el precio del seguro y ahorrar sin tener menos protección de la que realmente necesitas.
Qué coberturas necesitas realmente
Esto es lo primero que hay que revisar en un seguro de hogar y da lo mismo que lo hicieras hace años al contratar. Muchas pólizas van sumando coberturas con el paso de los años y al final te encuentras con muchas que no necesitas y también muchas más de las que vas a llegar a usar. Este no es un riesgo exclusivo de los seguros de hogar; es común a cualquier seguro multiriesgo (muchas garantías dentro de un solo producto).
Y dentro de todas las coberturas y garantías hay cinco que son clave en las que conviene centrarse:
- Responsabilidad civil. Es lo mínimo que debe cubrir un seguro de hogar. Te protege frente a los daños que puedas causar a terceros, como el seguro obligatorio del coche. Por ejemplo, una fuga de agua que afecte al vecino.
- Defensa jurídica. Útil si necesitas reclamar daños causados por otra persona o defenderte ante una reclamación. Por ejemplo, cuando el vecino inunda la casa y no quiere hacerse cargo o cuando el vecino quiere que pagues un desperfecto que no es culpa tuya.
- Daños en el continente. Esta es otra cobertura imprescindible que cubre los daños en la estructura de la vivienda.
- Daños en el contenido. En lo que piensa la mayoría al contratar el seguro de hogar, que le cubra lo que hay dentro de la casa. Esta es una cobertura que agrupa muchas garantías.
Además de las coberturas básicas, hay que revisar todas las garantías adicionales pensando en cuáles has utilizado y cuáles te aportan valor real. Un buen ejemplo es el servicio manitas, que puede ser útil siempre que te acuerdes de él y tengas claro qué cubre exactamente. Porque con estos seguros una cosa es lo que tú crees que hace la póliza y otra lo que de verdad cubre.
Evita duplicidades: el seguro de la comunidad también cuenta
Esto es algo que aplica a cualquier seguro. Antes de contratar revisa las coberturas de otras pólizas y busca duplicidades. En otras palabras, garantías que ya están presentes en otros seguros que tengas contratados y que el de hogar duplicaría.
El candidato más obvio en un seguro de hogar es el seguro de la comunidad de vecinos. Si la comunidad ya cubre determinados daños del edificio, puedes ajustar mejor tu póliza individual en la parte del continente y evitar duplicidades. No significa eliminar coberturas sin más, sino saber qué parte protege la comunidad y qué parte debes cubrir tú.
El valor del continente y del contenido
Hay una cosa que debes tener clara: cuanto mayor sea el valor a cubrir, mayor será el precio del seguro. Por eso es tan importante ajustar bien el valor del continente y del contenido y para hacerlo, hay que tener claro a qué se refiere cada uno.
El continente se refiere a la estructura de la casa y para calcularlo no se usa el precio de compra de la vivienda, porque ese valor incluye el suelo, impuestos y otros elementos que no se aseguran. El cálculo se hace teniendo en cuenta las calidades de construcción y el tamaño de la casa. Puedes hacerte una idea a través del valor catastral, que se divide entre la construcción y el suelo.
Por su parte, el contenido abarca todo lo que hay dentro de la casa. El error más habitual aquí es poner una cifra rápida sin pensar en el valor real de electrodomésticos, muebles, ropa, tecnología… El segundo error es no declarar de forma específica obras de arte y joyas si hay alguna con un valor elevado.
Evita el infraseguro y el sobreseguro
Es la segunda parte del punto anterior. ¿Qué pasa si no calculas bien el valor del contenido o el continente? Pues que puedes caer en una situación de infraseguro o sobreseguro. La primera es más común. Consiste en declarar un capital por debajo del valor real.
En una situación de infraseguro, si ocurre un siniestro, la indemnización no servirá para cubrir el bien que se ha perdido. Además, la aseguradora aplica la regla proporcional: la indemnización que recibirás en caso de accidente se reduce de forma equivalente al porcentaje que has dejado de asegurar.
Por ejemplo, imagina que el contenido real de tu casa vale 40.000 euros entre muebles, electrodomésticos, ropa, ordenadores y otros objetos. Sin embargo, en la póliza solo lo tienes asegurado por 20.000 euros, que es el 50% del valor real.
Si hay un incendio parcial y los daños ascienden a 10.000 euros, la aseguradora podría aplicar la regla proporcional y pagarte solo el 50% del daño, es decir, 5.000 euros. Por eso es tan peligroso.
Es verdad que durante años habrás pagado una prima más baja, pero cuando llega el siniestro también estás peor cubierto.
Por el contrario, el sobreseguro se da cuando aseguras el bien por encima de su valor real. En caso de siniestro, como mucho percibirás ese valor real pese a haber estado años pagando una prima más alta. Eso es así porque la ley impide que te puedas lucrar con un seguro de hogar. Como mucho se puede reponer el valor del bien afectado.
Los límites de cada cobertura
Que una cobertura aparezca en la póliza no significa que cualquier daño relacionado con ella vaya a quedar cubierto por completo. Cada garantía suele tener sus propios límites económicos, condiciones y formas de indemnización. Por eso, al revisar el seguro de hogar hay que mirar no solo qué incluye, sino hasta cuánto responde la compañía en cada caso.
Esto se ve muy claro en coberturas habituales como los daños por agua, los daños eléctricos, el robo, la rotura de cristales, los daños estéticos o la asistencia en el hogar. La póliza puede cubrir una fuga de agua, pero limitar el importe de la reparación y lo mismo con daños con electrodoméstico o asistencia en general. De hecho, hay pólizas que limitan el número de siniestros similares que cubren por año.
Las exclusiones de la póliza
Igual que hay límites, también existen exclusiones. Son los casos en los que el seguro no paga, aunque el daño parezca relacionado con una cobertura incluida en la póliza. Es una de las partes menos leídas del contrato y que más conflictos y reclamaciones al seguro genera.
Entre las exclusiones más habituales figuran los daños causados por falta de mantenimiento, instalaciones en mal estado, determinados daños eléctricos, gastos de desatascado, roturas accidentales, hurto fuera de la vivienda, robo de joyas o dinero en efectivo no declarado, bienes situados en terrazas o jardines y daños por lluvia o viento cuando no alcanzan los umbrales fijados en el contrato.
Estas exclusiones no se pueden cambiar normalmente, pero conocerlas te ayuda a saber el grado real de cobertura que tienes y a decidir qué garantías adicionales puedes incluir para corregirlas.
La franquicia del seguro
Aunque es más propio de otros seguros como el de coche, las pólizas de hogar también pueden incluir una franquicia. La franquicia es otra forma de ajustar el precio del seguro de hogar. Consiste en pagar una prima más baja a cambio de asumir una parte del coste cuando hay un siniestro. Por ejemplo, si la póliza tiene una franquicia de 150 euros y la reparación cuesta 500, la aseguradora solo cubrirá la parte que exceda esa cantidad.
Sirve para bajar el precio a cambio de asumir que tendrás que pagar la primera parte de las reparaciones. En otras palabras, compensa si no tienes mucha intención de usar el seguro.
La hipoteca y las bonificaciones del banco
Por último está el caso de las viviendas hipotecadas donde es obligatorio contar con un seguro contra incendios y daños, que son dos coberturas que se incluyen en el seguro de hogar. La mayoría de bancos solventarán esto ofreciendo una bonificación por contratar su seguro. Es decir, ajustan el tipo de interés del préstamo si firmas el seguro con ellos.
Aquí el cálculo se puede complicar porque no solo hay que comparar el precio del seguro del banco y su nivel de cobertura con tras ofertas, también hay que incluir el ahorro por la rebaja de tipos de interés. La forma de saber si compensan es calcular el ahorro anual de la hipoteca con el seguro y sin él. Restar esa cantidad al seguro del banco y buscar un seguro en el mercado que cuadre con ese precio.
Como norma general, el sobrecoste del seguro del banco tiende a compensar los primeros años de la hipoteca, pero el ahorro por la rebaja en los tipos de interés se va difuminando con el tiempo.
