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Meritxell Rovira, la investigadora que tuvo cáncer de mama a los 34: «Nos da miedo el aumento de tumores en menores de 40»

Publicado: octubre 18, 2026, 11:27 pm

Meritxell Rovira, bióloga y doctora en Ciencias de la Salud y de la Vida, trabajaba en investigación sobre regeneración del páncreas, y estaba inmersa en un posdoctorado, cuando a los 34 años, con una hija de dos, le dijeron que tenía cáncer de mama . No había antecedentes familiares y el diagnóstico fue complicado. «Me noté un bulto en el pecho, pero como seguía con lactancia lo achacaba a eso. Me llegaron a hacer 3 mamografías y 3 ecografías en 6 meses y no se veía nada. Por mi insistencia, me hicieron una biopsia del nódulo. No se imaginaban que fuera maligno y luego hubo que correr», recuerda. Pasó por una mastectomía del pecho izquierdo, quimioterapia, radioterapia, una reconstrucción y, durante una década, ha estado en tratamiento hormonal. Ahora, con 48 años, ya no tiene que tomar nada, está bien y con revisiones anuales. «Al principio, tener el conocimiento de investigadora, como paciente a mí me abrumó mucho porque sabes todo: los porcentajes, lo que es cada tratamiento… Leía mucho artículo científico. Me agobié tanto que decidí que iba a ser paciente y a confiar en el sistema», cuenta. En mitad de toda esta aventura, se quedó embarazada de forma espontánea de su segundo hijo. Para conseguirlo, y tras hablarlo con su oncólogo, dejó la terapia hormonal durante un tiempo. «Participé en un estudio clínico que hacían a mujeres en edad fértil que quisieran quedarse embarazadas y estuvieran en terapia hormonal, bajo un seguimiento muy estrecho», rememora. Aunque la quimio afecta bastante a los ovarios y ella no había congelado óvulos previamente, consiguió la gestación de manera natural. «Lo viví como un regalo», asegura. El estudio en el que participó, denominado POSITIVE, acabó demostrando que interrumpir temporalmente el tratamiento hormonal bajo control médico en pacientes jóvenes con cáncer de mama para intentar un embarazo no aumenta su riesgo de recaída. Toda esta vivencia personal le hizo también replantearse su carrera profesional. De una manera casi natural cambió su enfoque hacia la investigación del cáncer de páncreas, el órgano que por su trayectoria ella ya conocía bien. «Tenía mi propio laboratorio, estaba en tratamiento hormonal, la quimio y todo lo demás ya había pasado y yo estaba bien, había tenido mi segundo hijo y fue como un agradecimiento a todo», afirma. En este sentido, hace referencia en varias ocasiones durante la entrevista a «los equipos médicos tan excepcionales que hay en España» y a «los investigadores , que están detrás intentando aprender y descubrir cosas para ayudar a los pacientes aunque no los veamos». Actualmente, Meritxell es investigadora y profesora de IDIBELL y la Universidad de Barcelona. Además, recibe financiación de Cris contra el Cáncer para su proyecto sobre el origen del cáncer de páncreas . «Estamos trabajando para entender cómo de distintos son los tumores dependiendo de la célula en la que se originen. Si sabes el nombre y apellido del tumor, le puedes dar un tratamiento personalizado», asegura. En el caso del cáncer de páncreas, uno de los de peor pronóstico, el objetivo está en encontrar biomarcadores que permitan un diagnóstico precoz y terapias más dirigidas. «El principal problema es que es de difícil detección porque la sintomatología es muy general (pérdida de peso, dolor de espalda, más cansancio). No tenemos un marcador como sí existe en mama o próstata. Tenemos que encontrar una manera de diagnosticar antes de que sea tarde. Un tumor de páncreas de 2 centímetros tiene una supervivencia a cinco años de menos del 10%, frente al 95% de supervivencia que tiene un tumor del mismo tamaño de mama. También hay que refinar las técnicas diagnósticas de imagen y se está avanzando mucho en terapias más personalizadas », considera la investigadora. A ella le tocó vivir el cáncer siendo muy joven, un fenómeno que ya no es anecdótico. «Nos está dando miedo a los investigadores el aumento de tumores malignos en menores de 40 años . Se está incrementando mucho este porcentaje, especialmente en los gástricos. Incluso en el pancreático, cuyo diagnóstico es más típico en personas mayores, a partir de los 60-65 años», señala. Entre las hipótesis de este descenso en la edad, los cambios en el estilo de vida de las últimas décadas (peor alimentación, más sedentarismo y estrés) ganan terreno. También que hoy en día haya técnicas más avanzadas permite diagnósticos más precoces. «Se está estudiando todo: microbiota , ambiente, nutrición, el ejercicio… Somos mucho más sedentarios. En cáncer de mama está muy descrito que el ejercicio durante y después del tratamiento mejora los resultados. También hay estudios que apuntan a que los embarazos tardíos pueden tener cierta influencia en la aparición de los tumores de mama», confirma. El hecho de haber estado en los dos lados, como paciente e investigadora, le ha dado otra perspectiva en su trabajo: «Me siento mucho más cercana a todos los pacientes. Tengo bastante contacto con ellos y entiendo su sufrimiento y el de sus familias. El cáncer es muy duro. En el laboratorio recibimos muchas muestras de enfermos de páncreas y no los veo como un número, realmente veo a la persona», asegura. Por eso, reconoce que le gusta ser «súper detallista y que no falle nada, que el experimento funcione porque detrás hay una vida y una familia. Lo vivo casi como algo personal».

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