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Las mujeres sufren el dolor más intensamente que los hombres: este es el motivo biológico

Publicado: octubre 1, 2026, 6:00 pm

  Durante décadas, la medicina ha arrastrado un marcado sesgo androgénico al considerar el cuerpo masculino como el estándar universal. Los síntomas femeninos, por su parte, eran arrastrados a una dimensión difusa, a menudo tildada de «psicosomática», porque no encajaban en el libreto . Las cifras, no obstante, llevan años desmontando ese mito. Las mujeres sufren el doble de trastornos dolorosos que los hombres, una brecha que se dispara en dolencias como el síndrome del intestino irritable, la endometriosis, las migrañas menstruales, la fibromialgia o la osteoartritis. Ahora, una ambiciosa revisión publicada en ‘ Science ‘ arroja luz sobre la base molecular de esta disparidad, demostrando que no se trata de una cuestión de tolerancia al dolor o de sugestión, sino de una maquinaria totalmente distinta. El trabajo, liderado por las investigadoras Archana Venkataraman y Holly A. Ingraham, de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), sintetiza los hallazgos tras casi una década: no fue hasta 2016 que los organismos internacionales empezaron a exigir la inclusión del sexo como variable en la investigación. Su conclusión es tajante: existen rutas neurobiológicas, hormonales e inmunitarias específicas para cada sexo que inician, amplifican y resuelven la señal del dolor de formas radicalmente distintas . «Las mujeres están esperando respuestas concretas que ayuden a eliminar el enfoque habitual de que ‘todo está en su cabeza’», señalan las autoras en el estudio, parte de un monográfico de la revista dedicado a la salud femenina. El punto de inflexión en esta brecha biológica suele situarse en la pubertad . Es en ese momento cuando la fluctuación de los estrógenos y la progesterona comienza a reconfigurar la respuesta del sistema nervioso. Según detallan las investigadoras de la UCSF, los estrógenos actúan sobre receptores específicos presentes en los órganos internos y en el cerebro, alterando el umbral con el que las señales del dolor se procesan en la médula espinal y la corteza cerebral, un fenómeno conocido como sensibilización central. Pero el entramado no termina en las hormonas. El estudio destaca el papel clave del «diálogo» entre el sistema inmune y las neuronas . Ante la misma agresión o lesión, las células inmunitarias que se activan para desencadenar o apagar el dolor son diferentes en machos y hembras. A esto se suma el impacto del microbioma intestinal: los estrógenos influyen directamente en la composición de las bacterias del tubo digestivo y en sus metabolitos, capaces de generar hipersensibilidad visceral y propagar la inflamación hacia el sistema nervioso. Para la comunidad médica, el trabajo confirma certezas que se observaban en la práctica diaria pero que necesitaban una sistematización rigurosa. «El estudio refuerza algo sabido desde el punto de vista científico: hay diferencias importantes en la respuesta del dolor entre mujeres y hombres, tanto en la parte sensorial como en la emocional», valora Carlos Goicoechea García, catedrático de Farmacología en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. El experto subraya que parámetros como el umbral de respuesta o la tolerancia al dolor son objetivamente más altos en los varones por razones fisiológicas. No obstante, Goicoechea advierte de la gran asignatura pendiente: la traslación a los fármacos que la gente toma cada día en su casa. «Aún no se ha dado, de forma consistente, el salto a la terapéutica. Los ensayos clínicos, aunque incluyen a hombres y a mujeres, pocas veces hacen un estudio por separado de la respuesta al fármaco». Para el farmacólogo, el abordaje del dolor no debería seguir siendo genérico, sino diferenciado según el sexo en lo farmacológico y en función del género en lo psicológico, puesto que «cada dolor es único y es la expresión de una sensación tamizada por la emoción». En la actualidad, las herramientas terapéuticas disponibles para combatir el dolor crónico primario —que afecta a más del 20% de la población mundial, con una abrumadora mayoría femenina— siguen quedándose cortas. Quienes conviven con endometriosis o fibromialgia tardan hasta ocho años en recibir un diagnóstico certero y a menudo se ven abocados a un periplo de fármacos ineficaces con notables efectos secundarios. «La influencia hormonal muestra una correlación estrecha con el dolor y su cronificación a través de los mecanismos de sensibilización central», explica Javier Rivera, director de la Unidad de Reumatología y Fibromialgia del Instituto Nacional del Dolor. Rivera coincide en que, aunque en enfermedades como la fibromialgia o las cefaleas la evidencia todavía es más restringida que en el dolor visceral, los mecanismos biológicos subyacentes son probablemente los mismos. Para el reumatólogo, comprender estas vías inmunes y hormonales abre la puerta «hacia nuevas estrategias prometedoras para el tratamiento del dolor crónico», alejándose de la receta única y avanzando hacia una auténtica medicina de precisión.

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