Publicado: octubre 17, 2026, 3:30 am

Abrumada, una señora de mediana edad pide ayuda en vano en una esquina de Gal·la Placídia. Nadie le presta atención, quizá porque su voz apenas es audible o puede que, precisamente por su tono compungido, se la confunde con una pedigüeña a la que conviene evitar con la excusa de las prisas por alcanzar la estación de los FGC de Gràcia. No pide caridad, sino que responde a una asistenta que, según su explicación, viene de cuidar a unos niños y no sabe cómo llegar hasta Travessera de Gràcia desde el quiosco de la Once. El carajal que hay montado por las obras ha acabado con la mayoría de referencias y desorienta incluso a los vecinos de Gràcia.
