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La otra guerra del Golfo enfrenta a Arabia Saudí, Emiratos e Irak con Irán para decidir el futuro del petróleo

Publicado: abril 26, 2026, 3:00 am

La guerra contra Irán ha dejado de ser un único frente militar. El conflicto se ha fragmentado en varios escenarios paralelos que tienen al petróleo como nexo de unión. Arabia Saudí, Emiratos e Irak se han convertido en piezas de una confrontación indirecta que ya condiciona la producción, las rutas y los precios energéticos a escala global.

El foco no está solo en los ataques directos de Irán. Las milicias en Irak, los golpes sobre infraestructuras saudíes y la presión sobre el tráfico marítimo han ampliado el alcance del conflicto. En las últimas semanas se han registrado decenas de incidentes contra petroleros, interrupciones en rutas clave y un aumento significativo de los costes de transporte y seguros en la región.

La intensidad de los ataques refleja el cambio de escala. Según estimaciones saudíes, cerca de la mitad de los casi 1.000 drones lanzados contra el reino saudí en las últimas semanas han partido desde Irak. Entre los objetivos figuran refinerías clave en Yanbu y campos petroleros en el este del país.

También han sido atacadas infraestructuras críticas en Kuwait y Bahréin. Irán utiliza a las milicias iraquíes para ampliar su capacidad de ataque sin exponerse a una respuesta directa. Para Riad y Abu Dabi, Irak ofrece el mismo margen en sentido inverso y permite responder sin golpear territorio iraní y sin precipitar una escalada regional abierta.

Oleoductos y rutas

La presión se traslada a las infraestructuras que sostienen el suministro global. Arabia Saudí ha reactivado su oleoducto Este-Oeste, con capacidad para transportar hasta siete millones de barriles diarios hacia el mar Rojo, con el objetivo de reducir su dependencia del estrecho de Ormuz. Durante los ataques, el flujo llegó a reducirse en torno a 700.000 barriles diarios y la producción se vio afectada en unos 600.000 barriles.

El riesgo en Ormuz sigue siendo el principal factor de inestabilidad. Por ese paso circula alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado mundial. En los momentos de mayor tensión, el tráfico de buques ha caído de más de 130 tránsitos diarios a menos de una decena. Las primas de seguro marítimo se han disparado y varias navieras han optado por evitar la zona.

El control de las rutas se convierte así en un elemento central del conflicto. No basta con producir petróleo. Es necesario garantizar su salida al mercado en condiciones estables. Cualquier interrupción prolongada tendría impacto directo en precios, inflación y crecimiento global.

Inversión bajo presión

El impacto se traslada al plano económico. Emiratos y Arabia Saudí han construido su modelo sobre la estabilidad y la atracción de capital internacional. Ahora, los ataques con drones y misiles han erosionado esa percepción. Desde el ‘think tank’ Atlantic Council sostienen que “la imagen del Golfo como refugio seguro se ha roto”. El resultado es un aumento del riesgo percibido y el coste de invertir.

El efecto es desigual. Emiratos se ha convertido en uno de los principales objetivos de los ataques iraníes, con cientos de misiles y más de 2.000 drones interceptados desde el inicio del conflicto. Se han registrado impactos en infraestructuras industriales, energéticas y tecnológicas en Abu Dabi, con interrupciones puntuales en la actividad empresarial y servicios estratégicos. Su peso como centro de negocios internacional amplifica el impacto de cada incidente sobre la confianza inversora.

Arabia Saudí mantiene su capacidad de producción, pero el riesgo sobre sus instalaciones aumenta. Complejos como Jubail, uno de los mayores polos petroquímicos del mundo, y varias refinerías han sido objetivo de ataques. La defensa antiaérea ha interceptado buena parte de los proyectiles, pero la frecuencia de los ataques incrementa el riesgo operativo sobre infraestructuras estratégicas para el suministro global.

El conflicto también altera el equilibrio interno del Golfo. Los países compiten por asegurar rutas alternativas, reforzar sus sistemas de defensa y garantizar el acceso a tecnología militar, en un contexto de escasez global. El resultado es un mercado energético más volátil y más expuesto a decisiones geopolíticas. Y todas tienen un impacto directo sobre el petróleo.

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