Publicado: octubre 14, 2026, 9:29 pm
Bajo los cascotes de un equipo en aparente estado de derribo, todavía late el alma salvaje de un club que se explica en el sinsentido insondable disparado por raptos desesperados al borde del precipicio. El Real Madrid se levantó en Roma cuando se deshacía, sonado, ante un rival con más hilo y vida. Cuando se desplomaba con 3-1, aparecieron los orillados, Güler, Espí y sobre todo Endrick, y, con el libreto del arrebato, enderezaron el rumbo errático del extraviado Vinicius, de la falta de pulso, del absurdo futbolístico. El valenciano, el brasileño y Rüdiger cazaron tres goles en siete minutos, nacidos todos de la precisión láser de los córners de Güler. Remendaron una noche hecha jirones, la segunda victoria en la Champions, y sugirieron a Mourinho que la salida del absurdo general tal vez se encuentre más lejos de la ortodoxia y más cerca de los márgenes del banquillo.
