Publicado: mayo 18, 2026, 11:28 pm
Es, sin lugar a duda, uno de los grandes nombres de la neurologÃa mundial, aunque su discurso, yermo de grandilocuencias, es humilde y cercano, propio de un cientÃfico hecho a sà mismo con décadas de esfuerzo y tesón, a caballo entre el laboratorio y la atención al paciente. El neurólogo Josep Dalmau, Premio Nacional de Investigación en Medicina 2025, nació hace 73 años en Sabadell (Barcelona) en una familia donde no habÃa ningún médico. Su ascenso hacia la élite de la investigación mundial culminó en 2007 con la descripción de las encefalitis autoinmunes, un grupo de enfermedades raras en las que el sistema inmunitario, en lugar de defender al organismo de proteÃnas invasoras, descarga su ira contra el cerebro, causando lo que se ha bautizado como ‘tormentas de fuego’ cerebrales. En todos sus años de estudiante e investigador Icrea, Dalmau no se ha despegado de una enciclopedia de AnatomÃa, ya ‘vintage’, que le regalaron sus padres cuando solo tenÃa 12 años y que conserva como una reliquia en su despacho del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (Idibaps). Su trabajo ha dado pie a guÃas clÃnicas que han mejorado la vida de muchas personas hasta ahora huérfanas de tratamiento. Ahora, la Fundación Conchita Rábago le rinde homenaje en la LVII edición de la Lección Conmemorativa Jiménez DÃaz, un encuentro que reúne cada año a destacados referentes nacionales e internacionales de la ciencia y la medicina. —En los primeros años de carrera tenÃa un poco el corazón dividido. Le apasionaba la oncologÃa, pero también la neurologÃa, ¿no es cierto? —SÃ, sÃ, la oncologÃa me gustaba y la neurologÃa también, pero la neurologÃa me atraÃa más. Vi que en España habÃa una gran carencia de conocimiento en este ámbito y por eso decidà marchar a EE. UU. En cierto modo, es una especialidad que siempre ha estado ahà y ahora vuelve a tomar un gran empujón con los nuevos tratamientos para pacientes con cáncer que hacen complicaciones neurológicas. —En 2007 usted tuvo su ‘eureka’ y describió las encefalitis de origen autoinmune. ¿Cómo llegó a ellas? —No se produjo en un solo año, hubo todo un proceso de transición. Antes de que identificáramos la primera de estas encefalitis ya habÃa una categorÃa de encefalitis muy ligadas a cáncer. Una de las primeras, de hecho, la encontró el doctor Graus. Llegué al Memorial Sloan Kettering Center de Nueva York en 1988 y estuve allà hasta el año 1999. Durante toda esa época yo seguà los estudios de esta categorÃa previa de encefalitis. Después, marché del Sloan y estuve tres años en el Centro de Cáncer de la Universidad de Arkansas. Sin embargo, al igual que el Sloan también era un centro especializado en cáncer. Por último, recalé en la Universidad de Pensilvania (EE. UU.), que era un modelo más parecido al del ClÃnic, un hospital general, un marco en el que no todo era cáncer. —¿Fue allà donde hizo el gran descubrimiento? —En este centro empezaron a llegarnos consultas de pacientes con un cuadro neurológico que sugerÃa que su enfermedad podÃa estar relacionada con las encefalitis neoplásicas, pero, sorprendentemente, no tenÃan cáncer ni factores de riesgo. Eran casos diferentes. En lugar de células T, en este nuevo tipo de encefalitis tenÃan un papel primordial los anticuerpos, otro componente del sistema inmunológico. Además eran pacientes mucho más jóvenes, con una edad media de 20 años y predominantemente mujeres. —¿Cuándo vieron a la primera paciente? —La vimos en la Universidad de Pensilvania en 2003. Era una chica que estaba en cuidados intensivos. Se presentó con un cuadro inicialmente muy psiquiátrico y después desarrolló muchos problemas neurológicos. Se habÃan buscado todas las causas, analizado los marcadores de los procesos paraneoplásicos antiguos, todo habÃa salido negativo. La peculiaridad de esta enferma era que era joven y que tenÃa un teratoma, un pequeño quiste de ovario benigno. Me recordó a tres pacientes previas que eran idénticas. Todas presentaban teratomas. TenÃan la misma enfermedad y probablemente era inmunomediada. Analizamos las muestras de suero y de lÃquido cefalorraquÃdeo de las mujeres y descubrimos que tenÃan el mismo tipo de anticuerpos, aunque no sabÃamos aún contra qué. Finalmente, en 2007 publicamos que en la diana de estos anticuerpos estaba el receptor NMDA, un receptor de glutamato. Esta fue la primera encefalitis autoinmune descrita; ahora hay como unas 18. —¿Por qué nuestro sistema inmunitario ataca de repente a nuestro cerebro? —Algunas de estas encefalitis como las NMDA están iniciadas por tumores benignos de ovario que expresan proteÃnas neuronales. Si tú coges un teratoma y sacas un poquito de tejido y y nadie te dice lo que estás mirando, puedes pensar que estás mirando un cerebro. Contiene tejido nervioso y proteÃnas neuronales. Podemos pensar que en un contexto determinado, el sistema inmunológico ve estos tumores, monta una respuesta contra estas proteÃnas que ve invasoras y también contra este tejido. Y ese ataque contra el tumor se mal dirige contra el cerebro, contra las mismas proteÃnas que están en el cerebro. Nuestro sistema inmune se confunde y se equivoca de enemigo. —¿Qué tratamiento se daba a estos pacientes tras describir la enfermedad y con qué se les trataba antes? —Se aplica una doble vÃa de tratamiento, la primera para eliminar los anticuerpos que se producen, y una segunda, para suprimir los linfocitos B. Cerca del 70% de los pacientes responden bien a estos tratamientos, y un 15% también responden pero de forma más lenta. Ahora, se están estudiando nuevas lÃneas de tratamiento, entre ellas una terapia CAR-T -modificar genéticamente las propias células del sistema inmunitario del paciente para que reconozcan y destruyan células cancerosas. La idea de las nuevas terapias es que ayuden a que la recuperación de los pacientes sea más rápida.
