Publicado: mayo 10, 2026, 4:00 pm
¿Cómo repercute en el plano emocional que un niño presente uno o varios trastornos del neurodesarrollo (TND)? De acuerdo con el informe «Bienestar emocional en niños con trastornos del neurodesarrollo y sus familias», promovido por el Observatorio Social de la Fundación «la Caixa», estos menores muestran una mayor vulnerabilidad al malestar psicológico. Este suele manifestarse en forma de ansiedad, síntomas depresivos o conductas agresivas. La situación se vuelve más compleja cuando coexisten varios trastornos, ya que se intensifican las dificultades atencionales y los problemas en la interacción social, un fenómeno especialmente visible en el caso de las niñas.
Tal como señala Mari Aguilera, investigadora implicada en el estudio, el aumento de los problemas de salud mental tras la pandemia despertó el interés por analizar cómo este contexto estaba afectando específicamente a los niños con TND y a sus entornos familiares. Este enfoque responde no solo a la preocupación por el bienestar infantil, sino también a la necesidad de explorar un aspecto menos abordado hasta ahora: el impacto emocional en las familias.
Una investigación amplia y representativa
La investigación, liderada por las doctoras Nadia Ahufinger, de la Universitat Oberta de Catalunya, y Mari Aguilera, de la Universitat de Barcelona, y realizada con la colaboración de entidades especializadas, contó con la participación de cerca de 300 familias con niños de entre 6 y 12 años. En el estudio se incluyeron tanto menores con diagnóstico de TND -como trastorno del desarrollo del lenguaje, dislexia, discalculia o TDAH– como sin él, lo que permitió establecer comparaciones relevantes.
Uno de los hallazgos más significativos fue la elevada presencia de comorbilidad: aproximadamente la mitad de los niños con TND presentan más de un trastorno simultáneamente. Este dato pone de relieve la complejidad de estas situaciones y la necesidad de que los sistemas educativos y sanitarios adopten una visión más global e integradora. Como explica Ahufinger, no se trata de dificultades aisladas, sino de factores que interactúan entre sí y pueden agravar el malestar emocional.
Diferencias de género en el impacto emocional
El análisis también revela diferencias de género importantes. Las niñas, especialmente cuando presentan más de un trastorno, tienden a experimentar niveles más altos de ansiedad, depresión y somatización. Además, en algunos casos desarrollan conductas que implican transgresión de normas. Según la investigadora, muchas niñas intentan ocultar sus dificultades para ajustarse a las expectativas sociales, lo que supone un esfuerzo constante que puede terminar aumentando su sufrimiento emocional.
Por otro lado, el estudio pone el foco en el impacto que esta realidad tiene sobre las familias, un ámbito que ha recibido menos atención hasta ahora. Los resultados muestran que los cuidadores de niños con múltiples TND presentan mayores niveles de estrés, síntomas depresivos y dificultades para gestionar sus propias emociones. Este enfoque reconoce a las familias no solo como observadoras, sino como protagonistas que también necesitan apoyo.
Sobrecarga emocional
En este sentido, se observa un claro desequilibrio de género: la gran mayoría de las personas participantes eran madres, lo que evidencia que siguen asumiendo la mayor parte de la carga emocional y de cuidados. Además, muchas familias expresan sentirse desbordadas y sin recursos suficientes para afrontar la situación, especialmente en las fases previas al diagnóstico, cuando predominan la incertidumbre y la falta de información.
Los testimonios recogidos reflejan con claridad esta realidad. Algunas familias explican que, antes de identificar el origen de las dificultades, los menores suelen experimentar una baja autoestima y un sentimiento de frustración constante al compararse con sus iguales. La obtención de un diagnóstico puede suponer un punto de inflexión, al facilitar la comprensión del problema y permitir iniciar intervenciones adecuadas. Sin embargo, no todas las familias tienen acceso a estos recursos, lo que genera desigualdades significativas.
Por todo ello, las investigadoras subrayan la necesidad de replantear los modelos de intervención. No basta con centrarse únicamente en el menor: es imprescindible incluir a las familias en el proceso terapéutico y dotarlas de herramientas emocionales y prácticas. Solo así será posible reducir la carga que soportan y mejorar de manera integral el bienestar tanto de los niños como de su entorno cercano.
