Publicado: octubre 29, 2026, 12:07 am
Mata dos millones de neuronas al minuto. En 2025 se llevó consigo la vida de 22.341 personas, según el INE. Cada año se producen en nuestro país alrededor de 120.000 casos, según el Ministerio de Sanidad, y es la primera causa de discapacidad en España, con más de 360.000 afectados. Hablamos del ictus , la enfermedad cerebrovascular tan famosa como desconocida: solo un 50% de la población de nuestro país sabría reconocer sus síntomas , tal y como indica la Sociedad Española de Neurología (SEN). Un grave problema y más teniendo en cuenta que hasta el 90% de los casos se podrían prevenir. El ictus isquémico o infarto cerebral (85% de los casos) se produce por una falta de aporte sanguíneo a una o varias regiones del cerebro tras la obstrucción brusca de una arteria. El ictus hemorrágico o hemorragia cerebral (15%) se origina por la rotura de un vaso sanguíneo. Los síntomas son indistinguibles y la supervivencia y ausencia de secuelas graves dependen de dos factores: el tratamiento urgente y el ingreso en una Unidad de Ictus (UI). Según datos del Grupo de Estudio Neurovascular de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica (SEDENE), de los 195 hospitales que integran la red de atención al ictus en España, todos realizan trombólisis , es decir, son capaces de administrar un medicamento por vía endovenosa con el objetivo de disolver el trombo en pequeñas arterias. En estos casos, el tiempo apremia y debe hacerse lo antes posible, de ahí la necesidad de saber detectar los síntomas: la pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en un brazo o una pierna, generalmente en un solo lado del cuerpo; la dificultad repentina para hablar o entender; la pérdida súbita de visión en uno o ambos ojos; o un dolor de cabeza muy intenso y repentino, distinto al habitual. De esta manera, se activa el Código Ictus (CI), vital para una atención urgente, rápida y eficiente. Sin embargo, sólo 58 de estos hospitales disponen de quirófanos para hacer trombectomías . Es decir, en los casos más graves, el fármaco endovenoso no basta: requieren de una intervención para que las arterias más grandes en el cerebro permitan que la sangre vuelva a circular. Los médicos introducen un catéter por la arteria de la ingle del paciente para que el stent llegue hasta la arteria obstruida, capture el trombo y se restablezca la circulación. Apenas tres provincias concentran casi la mitad de los hospitales (25) de los 58 centros de máximo nivel capaces de hacer esta intervención: Madrid tiene 14, Barcelona 6 y Valencia 3. En total, 35 provincias disponen de al menos un hospital capaz de extraer trombos de urgencia, garantizando una cobertura total como ocurre en las tres provincias del País Vasco o en las dos de Extremadura. En Galicia, sin embargo, sólo hay tres hospitales capaces de realizar una trombectomía: uno en Pontevedra y dos en A Coruña. En Castilla y León existen únicamente cuatro centros repartidos en Salamanca, Burgos, Valladolid y León, mientras que Castilla-La Mancha cuenta con dos, uno en Albacete y otro en Toledo. Por esta razón, desde SEDENE advierten de que « la variabilidad en la distribución de recursos es significativa , con algunas provincias sin acceso a esta intervención». En el segundo escalón asistencial se encuentran los hospitales con UI pero sin capacidad de intervenir. En toda España funcionan 86 UI (las 58 de los centros integrales más 28 unidades intermedias), lo que supone una media de 1,72 unidades por provincia (sin computar Ceuta y Melilla). Estos 28 hospitales intermedios se distribuyen a lo largo de 22 provincias. En 15 de ellas existe una red interna para que el paciente reciba el tratamiento necesario. En Zaragoza, por ejemplo, los hospitales Lozano Blesa y Royo Villanova estabilizan y monitorizan al paciente en su UI, y si éste precisa trombectomía, se le deriva en ambulancia al Hospital Miguel Servet sin salir de su propia provincia. Sin embargo, hay 7 provincias en las que no hay quirófano : Ciudad Real, Cuenca, Huelva, Jaén, La Rioja, Lugo y Segovia tienen UI para estabilizar al paciente pero no pueden hacer una trombectomía. Si un enfermo llega con una oclusión grave, debe ser trasladado por carretera a otra provincia limítrofe: una persona en Cuenca debe recorrer 140 kilómetros hasta Albacete, uno de Ciudad Real otros 120 hasta Toledo y uno de Huelva casi 100 hasta el Virgen del Rocío en Sevilla. La excepción es La Rioja que al ser uniprovincial, los enfermos son trasladados a Vitoria o Pamplona. En último lugar se sitúan los centros sin UI. Se trata de la mayoría: 111 hospitales repartidos por toda la geografía que atienden la urgencia en primera instancia y pueden iniciar la trombólisis intravenosa, pero carecen de camas específicas y de quirófano endovascular, por lo que siempre deben trasladar al paciente. Ávila, Guadalajara, Huesca, Palencia, Soria, Teruel, Zamora, Ourense, Ceuta y Melilla son los 10 enclaves que sufren esta situación. En Baleares y Canarias la vulnerabilidad es aún más grave pues dependen de transporte aéreo medicalizado para llegar hasta Mallorca, Tenerife o Gran Canaria, únicas islas capaces de dar asistencia compleja. Desde la SEN recuerdan que la mortalidad por esta enfermedad se ha ido reduciendo: mientras que en 1980 fallecían 47.475 personas por un accidente cerebrovascular (lo que suponía el 16% de todas las muertes), en 2024 esa cifra ha descendido a 22.894, lo que representa el 5% del total de fallecimientos, tal y como muestran los datos facilitados por el INE. Este cambio ha sido posible gracias a la mejora en el tratamiento y a la implantación de UI y del Código Ictus, pero la SEN estima que podría reducirse aún más en España si todas las provincias contaran con UI plenamente operativas y se mejorara la identificación de los síntomas. Según los últimos datos de la Encuesta de Morbilidad Hospitalaria (2024), la tasa media nacional se sitúa en 235 ingresos por cada 100.000 habitantes al año. El ránking de ingresos por ictus en España lo lideran Zamora (367 casos por 100.000 habitantes), Ávila (365), Palencia (350), Asturias (349), Lugo (330), Ourense (327), Soria (318), Álava (317), Teruel (308) y Cuenca (300). La mayoría de ellas (Zamora, Ávila, Palencia, Ourense, Soria y Teruel) son provincias que carecen por completo de UI, además de tener una población muy envejecida. Otros grandes núcleos, como Madrid (199), donde también hay más población joven, presentan unas tasas de morbilidad muy inferiores a la media, pero es precisamente donde se concentra el nivel asistencial más completo. Pero hay otro factor que no suele tenerse en cuenta y resulta de vital importancia. Se trata del cuidado de los pacientes tras padecer un ictus. Tal y como recuerda el Ministerio de Sanidad, esta etapa es fundamental para tratar de mitigar las secuelas y recuperar, en la medida de lo posible, la autonomía. «De no recibir tratamiento, el riesgo de sufrir un ictus recurrente es del 10% a la semana del suceso, del 15% al mes y del 18% a los tres meses. Esta probabilidad aumenta con el tiempo, alcanzando hasta el 25% a los 5 años y el 40% a los 10 años», subraya la ‘Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud’ (2024). Sin embargo, el Sistema Nacional de Salud no cuenta con un registro único y centralizado que contabilice a los pacientes derivados a rehabilitación ya sea por trastornos en el habla, debilidad, espasticidad, desequilibrio, disfagia… De hecho, el Ministerio de Sanidad señala « importantes desigualdades en el acceso a la rehabilitación ». Y añade: «En España, no existen criterios consensuados de gestión de las intervenciones de neurorrehabilitación y las definiciones, los protocolos, los indicadores y la formación en este campo son heterogéneos». Según la Encuesta sobre Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia del INE, cuyos últimos datos se corresponden al año 2020, el número de personas de seis y más años con alguna discapacidad fue de 4,32 millones, de las que 361.500 personas (8,37%) perdieron la autonomía a consecuencia de un ictus.
