Publicado: octubre 11, 2026, 6:29 am
Cuando pensamos en los 100 metros lisos, nuestra mente nos lleva a hipermusculados atletas estadounidenses o caribeños de origen africano, pero hubo un tiempo en el que los velocistas más rápidos del mundo estaban en Europa. Es el caso del protagonista del artículo de este domingo: Armin Hary.
Armin Hary nació el 22 de marzo de 1937 en Quierschied, cerca de Saarbrücken, Alemania. Hijo de un minero, de niño practicó fútbol y atletismo, pese a los deseos paternos de que se dedicara al violín. A los 15 años se decantó por el atletismo y se enroló en la sección de este deporte del 1. FC Saarbrücken. En 1957 se fue al Bayer Leverkusen (recordemos, secciones de atletismo) y allí el entrenador Bert Sumser lo convirtió en especialista en los 100 metros lisos.
Ese año ya fue subcampeón alemán de la distancia, con una impresionante marca de 10.5 segundos, solo superado en la photo finish por Manfred Germar. Al año siguiente, Hary se proclamó campeón de Europa en los 100 lisos y en el 4×100, haciendo equipo con el citado Germar y con Heinz Fütterer y Walter Mahlendorf.
Ese mismo año, Hary se enroló en el FSV Frankfurt y el 8 de septiembre marcó por primera vez un tiempo de 10 segundos, mejorando el 10.1 del vigente récord mundial, aunque no fue oficializado porque la pista tenía una inclinación de 11 centímetros, superior a los 10 permitidos.
No fue hasta el 21 de junio de 1960 cuando Armin Hary inscribió su nombre en la historia. Fue en la prestigiosa (aún hoy) Weltklasse de Zürich. Hary, que llegó a la prueba contra la voluntad de la Federación Alemana (que quería que se reservase para los Juegos de Roma de ese año), se impuso con un tiempo de 10 segundos sobre una pista de ceniza, batiendo el récord del mundo. Es, hasta la fecha, el último atleta de raza blanca en lograrlo. El emperador de Japón, Hirohito, le regaló una medalla única, que había prometido al primer ser humano que corriera los 100 metros en diez segundos.
Un par de meses después, Hary llegó a los Juegos de Roma. Era ya una gran estrella y protagonizó una curiosa anécdota. Los dos grandes del calzado deportivo de su país, Puma y Adidas (los hermanos Dassler, vaya) peleaban por su patrocinio. Tras darse cuenta de que ninguna de la dos marcas le pedía exclusividad, Hary firmó con ambas.
El atleta alemán de nuevo se hizo con la victoria en los Juegos de Roma 1960, esta vez con un tiempo de 10.2 segundos, récord olímpico del momento. Ningún alemán ha vuelto a lograrlo. Por cierto, la carrera las disputó con unas zapatillas Puma y subió al podio a recoger el oro con unas Adidas. Además, coronó su éxito con el oro en el 4×100 tras la descalificación de EEUU por un fallo en la entrega del testigo.
La clave del éxito de Hary, más allá de su velocidad, era su increíble salida. Tenía unos reflejos casi sobrenaturales. Se sometía a pruebas para ver su velocidad de reacción y se estipuló que Hary reaccionaba en 0.04 segundos, una cifra asombrosa. El tiempo de reacción medio del ser humano es de 0.132 segundos y de hecho, la IAAF establece un límite de 0,100 segundos, porque ningún ser humano, a excepción de Hary, ha sido capaz de reaccionar tan rápido al disparo de salida.
Pero su carrera no fue más allá. En 1961 sufrió un accidente de coche que le lastimó la rodilla, lo que le obligó a retirarse y a dedicarse al sector inmobiliario y también fue columnista del dominical Welt am Sonntag.
En 2004 fundó una ONG para promover el talento deportivo juvenil proveniente de entornos socialmente desfavorecidos u otras áreas problemáticas. En 2018 decidió vender sus trofeos ya que no tenía herederos. Armin Hary aún vive en Alemania y tiene 89 años de edad.
Espero que os haya gustado el artículo.
