Publicado: julio 5, 2026, 4:07 pm
«El último año, pero sobre todo estos seis meses largos de elecciones encadenadas, nos hemos peleado, hemos reflexionado juntos, nos hemos hablado mucho, hemos discrepado, estuvimos a punto de romper algunas veces, hemos pactado incluso las discrepancias. Gracias a todo eso, hemos construido un espacio de confianza que antes ni existía. No vamos a decir que nos llevamos de maravilla, siguen existiendo muchas diferencias entre los dos partidos, y la relación es mejor con los presidentes autonómicos y Vox que entre Génova y el equipo de Santiago Abascal. Pero por encima de todo, los dos partidos hemos llegado a la conclusión de que nuestro objetivo único, ahora mismo, es echar a Sánchez, a ese objetivo hay que subordinar todo lo demás».
Así es cómo fuentes del PP y Vox ponen palabras al estado de ánimo que se respira en ambos partidos después de firmar el último acuerdo para un Gobierno de coalición en Andalucía. Junto con Extremadura, Aragón y Castilla y León. Juanma Moreno era la última frontera que a Vox le quedaba por derribar y lo ha hecho. El PP ha pagado a precio de oro los dos escaños que le faltaban para la investidura de Moreno.
Una investidura de sabor amargo y rostro triste. Moreno -que hoy ha tomado posesión de su cargo por tercera vez- no disimuló su estado de ánimo, ya que la vía andaluza de su relato político no incluía gobernar con Vox. El líder andaluz se había convertido en el principal objetivo a batir por parte de Abascal y Vox no aflojó en su negociación. Le obligó a asumir la «prioridad nacional» y a cederle una vicepresidencia, con el Turismo como la joya de la Corona, y dos consejerías. Moreno llamó en campaña a elegir entre estabilidad o lío, y los andaluces votaron lío. «Juanma se pilló mucho las manos, y por eso le ha costado pactar, sabía que Vox le iba a exigir lo mismo que al resto de los presidentes, pero quería hacer valer un resultado cercano a la mayoría absoluta. Está un poco tocado, porque muchos veían en él una alternativa al liderazgo del PP nacional. Juanma tenía la expectativa de seguir gobernando con mayoría absoluta. Y después de las elecciones, aspiraba a ser tratado de forma distinta que el resto de los presidentes. Vox siempre dijo que era café para todos, y no ha tenido más remedio que asumirlo», señalan fuentes del PP.
Es indudable el éxito de la estrategia diseñada por la dirección de Vox. Muy distinta a la ejecutada en los primeros gobiernos de coalición en las comunidades tras las elecciones de Castilla y León y de las autonómicas de 2023. «La actitud de Vox ha cambiado. Ahora claramente están en son de paz. Antes de irse de los gobiernos hace un año, montaban jaleos todos los días, y no se adaptaban a su papel institucional. Ahora huyen de cualquier follón, apuestan por la gestión y están dispuestos a colaborar en todo» señalan fuentes de los gobiernos autonómicos de coalición.
«Nosotros nos hemos institucionalizado», señalan fuentes de Vox. Ello significa, añaden, que también pueden tener que asumir un coste político y electoral. «Algunos de los nuestros les gustaría más un cuestionamiento integral de las reglas del juego del sistema político, lo sabemos, pero en mitad de los graves escándalos de corrupción y teniendo en cuenta que Pedro Sánchez es capaz de todo, el único objetivo ahora mismo es echarle. El PP y Vox no podemos desaprovechar el esfuerzo peleándonos», añaden los colabores de Santiago Abascal. La dirección de Vox fue la primera en alertar hace meses de la posible ampliación del censo electoral con la incorporación de los nietos de los exiliados en países sobre todo latinoamericanos. Esta denuncia ha sido asumida por la dirección del PP, aunque con alguna controversia, ya que Feijóo apoyó en su día la nacionalización de los descendientes del exilio.
Hace pocos días, José María Aznar celebró junto a algunos de los que le acompañaron en aquella época, el treinta aniversario de su toma de posesión como presidente del Gobierno en mayo de 1996. Fue un cambio de Gobierno histórico, ya que puso fin a los 13 años de Felipe González. Al margen de las obvias semejanzas entre la legislatura 93-96 y ésta de ahora, con la corrupción y la agenda judicial sin dar tregua al Gobierno, el PP de Feijóo se parece bien poco al PP de Aznar, que firmó con los nacionalistas catalanes y vascos un acuerdo de legislatura.
El sueño de Feijóo, hace un año, era el mismo. Un resultado cercano a los 156 escaños del PP de Aznar y completar la mayoría con los nacionalistas. Las expectativas, la media de los sondeos -casi clavada en el resultado de julio del 23- y la realidad de que Vox no ha cedido posiciones en el tablero electoral de las autonómicas del primer trimestre ha acabado por convencer a Feijóo de que no tendrá más remedio que gobernar con Vox. El PP reconoce la habilidad de su socio para imponer el relato de la prioridad nacional. «La prioridad nacional es un eslogan que ya se aplica, ellos lo han sabido vender». Y el PPno ha tenido más remedio que comprarlo.
Pradales pide tender puentes
El lehendakari Imanol Pradales, que no suele prodigarse, participó esta semana en un desayuno organizado por RVTE y la Agencia Efe. El dirigente del PNV lamentó «la descomposición de la legislatura», criticó la actuación de Pedro Sánchez -«no es capaz de dotar de orden y sentido a la legislatura»-, pero también censuró que Feijóo «esté mareando la perdiz» con una posible moción de censura: «el PP tiene suficientes votos para presentarla». Pradales censuró asimismo el ambiente de tensión máxima de la política nacional. «El clima tendrá consecuencias nefastas para las nuevas generaciones, no se tienden puentes, es preocupante la virulencia, la actitud y los insultos. Tenemos la obligación de mantener las formas y el respeto a las personas, sin descalificaciones, dignificando el significado de la política. No podemos creer en la democracia sólo cuando ganan los nuestros», manifestó el lehendakari.

