Publicado: octubre 12, 2026, 2:07 am
De tanto apelar a «la calle» puede que Pedro Sánchez termine descubriendo que es la calle la que le apela a él. En concreto, para que se vaya. No hace falta regodearse en la perversión que supone el gusto por ostentar el poder y querer encabezar la manifestación contra el mismo. Lo ve todo el mundo y se refleja en las encuestas. En la que publicamos hoy en EL MUNDO, Sánchez baja. Ha ocurrido en otras que se han difundido los últimos días en otros medios de comunicación. El estímulo de la convocatoria electoral no está funcionado.
Las apariciones del presidente del Gobierno, continuas en esta primera semana de campaña y previsiblemente abrumadoras de aquí al 29 de noviembre, se han convertido en un simulacro de serie de Netflix: las pones, ves al personaje, te ríes o lloras, según los gustos y el día, y luego apagas y sigues como estabas. Sin mayores consecuencias.
Hay un punto en común en las biografías de todos los líderes, negado siempre por el afectado pero inevitable, y es que «la gente», según la terminología de campaña del PSOE, se cansa de ti. Ocurre sin excepción, antes o después, sea tu legado grandioso o ramplón, y hagas lo que hagas para intentar impedirlo. Simplemente, todo el repertorio está ya tan visto que la gente deja de escuchar.
Y no ha sido corto el repertorio esta vez. El despliegue de demagogia y populismo del Gobierno y sus socios ha sido impresionante en esta primera semana. El PSOE se muestra pletórico con ello y convencido de que sus votantes están activos y optimistas. «Sí se puede». Y sin embargo, ahí aparece Sánchez en la encuesta de hoy, perdiendo intención de voto tras adelantar los comicios, logrando su peor dato de la legislatura y a punto de bajar de los 100 escaños.
La lista de cosas asombrosas que ha dicho y hecho el presidente en los últimos días es ingente. Pongamos solo la vivienda, el monotema buscado. Quien lleva en La Moncloa desde 2018 presume en una entrevista de haber dado «una respuesta pronta» al problema, y quien acumula más de 250.000 desahucios en su mandato promete que «evitará los desahucios». Ha lanzado a su partido a denostar a los propietarios y a criminalizar a los caseros (¡rentistas!), él, que tiene su principal bolsa de votantes en los mayores de 65 años, abrumadoramente propietarios y en buena parte con pisos en alquiler. Y ha mandado al BOE sus dos decretos fantasma, empaquetados con embuste parlamentario, pero de efectividad política más que dudosa. ¿Cuántas personas creen realmente que arreglarán algo?
Hay otra pregunta pertinente en todo esto. ¿Qué es la calle? Sabemos que Sánchez es un presidente que se refiere a ella, pero que no la pisa ni a distancia. De Moncloa al Falcon, del Falcon al coche, del coche al mitin y de vuelta. ¿La calle son los acampados en Sol? Ejem. ¿La calle son UGT y CCOO, Pepe y Unai, Unai y Pepe? Lo veremos en su huelga electoral.
Si hay un cambio social en marcha, si las encuestas permiten apreciar algo en ese sentido, no va en dirección al PSOE, sino en la contraria. Desde las últimas elecciones, en España han bajado todos los partidos menos uno, Vox. En el sondeo de hoy figura con el mejor dato de su historia, camino del 20% y los 70 escaños. Es el más votado en el electorado de 18 a 44 años, el sector de población más activo y dinámico. Supera al PSOE en diputados en Murcia, le empata en Madrid y está a punto de alcanzarle en Andalucía, mientras ha pasado al PP en Cataluña, plaza clave donde las haya. Los populares se mantienen primeros con distancia considerable, pero es Abascal quien rentabiliza cada embestida del Gobierno.
Quedan siete semanas para el 29-N, un mundo en términos de campañas electorales, pero por ahora la tendencia no cambia. El plan de Moncloa era que subiera Vox y subiera el PSOE, el camino hacia el objetivo de superar a un PP a la baja y ser el más votado. Pero sube Vox y baja el PSOE. Con eso no contaban. Con el hartazgo, la incredulidad y la reacción negativa de tantos votantes. La serie de Netflix: encender, escuchar y apagar.

