Publicado: agosto 4, 2026, 10:17 am
El departamento de aféresis del Hospital Universitario Carl Gustav Carus de la Universidad Técnica de Dresde, en Alemania, lleva cuatro décadas filtrando la sangre de pacientes cuyo colesterol jamás baja, no importa cuántos fármacos ingieran. Es uno de los mayores centros del mundo para esta técnica, donde se realizan hasta 10.000 procedimientos anuales. La sangre sale por un brazo del paciente, el plasma se separa y pasa a través de un filtro para retirar los lÃpidos, y el flujo purificado regresa por el otro brazo. Sin embargo, un equipo de investigadores decidió mirar con otros ojos hacia la bolsa de desecho del tratamiento y formularse una pregunta inédita: si el filtro atrapa la grasa, y la mayorÃa de los contaminantes modernos viajan adheridos a ella, ¿ qué más estamos extrayendo de la circulación sin saberlo? La respuesta, publicada este martes en la revista cientÃfica ‘ Brain Health ‘, abre un capÃtulo insospechado en la lucha contra la contaminación del cuerpo humano. Los analistas descubrieron que este filtrado masivo de lipoproteÃnas no solo reduce el colesterol de baja densidad (LDL) y la inflamación, sino que arrastra consigo cifras significativas de PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, más conocidas como «quÃmicos eternos» por su dificultad para degradarse) y microplásticos que flotan en la corriente sanguÃnea. Para entender el alcance del hallazgo hay que comprender la magnitud de la exposición diaria a la que está expuesta la población global. Más de 4.700 sustancias clasificadas como PFAS se utilizan en la industria actual o circulan por el medio ambiente. Más del 99% de la población las lleva en la sangre, con vidas medias en el organismo que oscilan entre los cuatro y los ocho años . Curiosamente, estudios previos han demostrado que un mayor nivel de ingresos no protege de estos tóxicos, sino al contrario: el consumo de alimentos como el pescado en Europa o el contacto con tejidos impermeables tratados hace que las rentas altas acumulen, en promedio, concentraciones más elevadas. A este cóctel se le suman los plásticos . Se calcula que una persona ingiere e inhala decenas de miles de micropartÃculas cada año. Estos diminutos fragmentos ya se han detectado en la placenta, el tejido pulmonar, el hÃgado y el cerebro. La hipótesis que maneja el equipo de Dresde es que ambos contaminantes se alÃan en el torrente sanguÃneo. Las PFAS se acoplan con avidez a la superficie de los microplásticos y se fijan a las partÃculas de colesterol malo. AllÃ, la combinación de tóxicos adquiere un «escudo» de proteÃnas y lÃpidos del plasma, una especie de corona que las vuelve más grandes, estables y longevas en la circulación. Al actuar como un polizón acoplado a las lipoproteÃnas, cualquier máquina concebida para retirar grasa masiva de la sangre termina atrapándolas también. Los análisis bioquÃmicos confirmaron la sospecha. Tras analizar el plasma de los pacientes sometidos a sesiones de aféresis de doble filtración, dos laboratorios independientes constataron caÃdas drásticas de los «quÃmicos eternos» . El primero, Medizinisches Labor Bremen registró reducciones de hasta el 25% en varios tipos de PFAS, mientras que un segundo laboratorio independiente, Creative Biostructure, midió descensos medios todavÃa más pronunciados tras una sola sesión: caÃdas del 48,9% en el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) o de hasta el 75,8% en el ácido perfluorododecanoico. Todos ellos reaparecieron en los residuos desechados por la máquina. «No Ãbamos buscando esto», reconoce el doctor Stefan Bornstein, primer autor del trabajo y experto en Medicina Interna de la Universidad Técnica de Dresde. «Llevamos años utilizando estos sistemas para reducir las lipoproteÃnas en pacientes que no tenÃan otra opción. Cuando finalmente nos preguntamos qué más estaba abandonando la circulación, dos laboratorios independientes hallaron los mismos compuestos disminuyendo en el plasma y apareciendo en el lÃquido de desecho. Significa que la máquina los capturó. No significa aún que el cuerpo se haya librado de ellos por completo». Identificar los plásticos resultó una tarea técnicamente más compleja debido a la falta de métodos estandarizados y al riesgo continuo de contaminación ambiental de las muestras. Aun asÃ, los datos arrojaron patrones reveladores. Tras una sesión doble de filtración sanguÃnea, plásticos comunes como el polietileno, el polipropileno o el PET cayeron hasta niveles indetectables en la sangre analizada. La hipótesis de los investigadores es que parte del plástico circulante viaja unido a vesÃculas, lo que facilita su extracción combinada mediante absorción y filtración. Además, el equipo logró confirmar la presencia de partÃculas de poliestireno incrustadas en el propio tejido, demostrando que estos tóxicos no solo están de paso por las arterias, sino que se asientan en ellas. Los autores del estudio se muestran cautos sobre el alcance terapéutico directo a dÃa de hoy. Las muestras de pacientes analizadas son reducidas y el estudio mide cambios agudos e inmediatos tras el procedimiento. TodavÃa se desconoce si estas sesiones pueden modificar la carga tóxica a largo plazo o si los depósitos fijados en los tejidos terminan volviendo a la circulación con el tiempo para rellenar el vacÃo. Pese a los prometedores resultados, el doctor Bornstein insiste en mantener los pies en la tierra. «Quiero ser muy claro sobre lo que no hemos demostrado. No hay aquà un ensayo controlado aleatorizado ni hemos demostrado que la aféresis retire el plástico fijado ya en los tejidos. Nada de esto sustituye la prioridad absoluta, que sigue siendo evitar la exposición . Limpiar después es la vÃa más difÃcil y costosa. Y esto no es una enfermedad de la pobreza: algunas de las concentraciones más altas las llevan las personas que pueden permitirse comer el pescado más caro».
