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La crisis de Ormuz vuelve a unir los intereses de EEUU y Marruecos: ¿Por qué la Casa Blanca apoya a Rabat?

Publicado: agosto 16, 2026, 8:11 am

Detrás de la alianza estratégica entre Washington y Rabat se esconde un complejo tablero geopolítico que sitúa a España ante un escenario delicado. Los motivos que empujan a la primera potencia mundial a respaldar los intereses marroquíes responden a una red de acuerdos militares, comerciales y de inteligencia con impacto directo en la seguridad del norte de África y el área del Estrecho.

Esta relación de beneficio mutuo se ha acelerado en los últimos años, consolidando a Marruecos como un socio prioritario de la Casa Blanca en la región. Mientras este eje se refuerza mediante contratos multimillonarios de armamento de última generación y el reconocimiento diplomático estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, Madrid gestiona la situación condicionado por su posición de aliado de Washington y por la presión vecinal en su frontera sur. 

El peso diplomático de los actores refleja un desplazamiento en los equilibrios tradicionales en materia de control migratorio, aguas territoriales y la situación de Ceuta y Melilla. Con un Marruecos respaldado por la política exterior estadounidense, el marco geopolítico regional entra en una fase de revisión que afecta de manera directa a la posición estratégica de España en el norte de África. 

Ormuz y los fosfatos 

La velocidad con la que se ha estrechado este lazo responde en gran medida a factores de urgencia macroeconómica en Oriente Medio. La escalada bélica con Irán ha añadido un motivo de peso para que Estados Unidos asegure su relación con Rabat: el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz ha convertido a los fosfatos en un punto de encuentro crítico entre ambas naciones. 

Como medida de emergencia frente a esta crisis de suministro, Donald Trump suspendió temporalmente parte de los aranceles que Estados Unidos aplicaba a los fertilizantes fosfatados procedentes de Marruecos. La Casa Blanca reconoció que la producción agraria estadounidense no bastaba para cubrir las necesidades de su campo y que expandir la capacidad interna requeriría un margen de tiempo inexistente en mitad de las hostilidades internacionales. 

Antes del conflicto, un tercio de la urea comercializada en el mundo y casi la mitad del azufre transportado por vía marítima transitaban por las aguas de Ormuz. El cierre de esta vía alteró los flujos logísticos globales e impactó de lleno en la industria de los fertilizantes, que dependen del azufre para su fabricación. Aunque el acuerdo provisional firmado entre Washington y Teherán el pasado 15 de junio permitió reactivar algunos cargamentos, la acumulación de barcos atrapados evidencia que la normalización total sigue siendo compleja.

En este escenario de vulnerabilidad en los suministros, Marruecos destaca al poseer la mayor concentración de reservas mundiales de fosfato del planeta. A través de la corporación estatal OCP, el país ejerce un papel clave en los mercados internacionales, mostrando un músculo financiero que permitió a la compañía colocar 1.500 millones de dólares en su primer bono híbrido internacional, una emisión ejecutada a pesar de la parálisis temporal del mercado de deuda en Oriente Medio por la volatilidad iraní. 

Una alianza militar de primer orden 

Los fertilizantes explican el decreto arancelario, pero la profundidad de la relación bilateral abarca acuerdos estructurales más amplios. Marruecos ostenta la condición de Major Non-NATO Ally (Aliado importante no miembro de la OTAN) de Estados Unidos desde el año 2004. Este estatus facilita al país el acceso a programas avanzados de cooperación militar, manteniendo programas de entrenamiento conjunto estables entre ambos ejércitos.

El mayor exponente de esta sintonía militar es el ejercicio African Lion 2026, las maniobras anuales más importantes que el Pentágono despliega en el continente africano y que reunieron el pasado mes de marzo a más de 5.600 efectivos procedentes de 40 países. De ese contingente, unos 5.000 soldados operaron en territorio marroquí, participando en maniobras de fuego real que incluyeron operaciones terrestres, marítimas, aéreas y de fuerzas especiales.

A través de esta cooperación, Washington asegura un socio estable en la región en términos de inteligencia, acceso militar y lucha antiterrorista. Por su parte, la Casa Blanca respalda la posición de Rabat en el Sáhara Occidental no solo en el plano diplomático, sino también mediante financiación económica sobre el terreno.

Prueba de ello es que la U.S. Trade and Development Agency aprobó una partida de 5,7 millones de dólares para financiar los estudios de viabilidad de una futura planta de amoniaco en el Sáhara Occidental, valorada en 4.500 millones de dólares.

Esta medida constituye la primera financiación de la administración estadounidense para un proyecto privado en el territorio disputado, seis años después de que el Gobierno de Estados Unidos reconociera formalmente la soberanía marroquí sobre la antigua colonia.

Madrid ante el eje Washington – Rabat

Esta implicación económica directa de Estados Unidos difiere de la posición mantenida por España respecto al conflicto saharaui. Si bien Madrid considera desde 2022 que el plan de autonomía propuesto por Rabat es la base “más seria, realista y creíble” para una solución, no ha realizado un reconocimiento jurídico formal de soberanía, un umbral que Washington ya ha superado al acompañar su discurso político con capital sobre el terreno.

Esta diferencia de enfoque coincide con momentos de fricción en las relaciones hispano-marroquíes. La frontera de Ceuta registró tensiones debido a intentos de entrada masiva de personas desde Marruecos, una situación que se sumó a las declaraciones del Gobierno marroquí reivindicando la soberanía sobre Ceuta y Melilla, una postura que el Ejecutivo español rechazó de forma tajante.

No obstante, la fricción política coexiste con compromisos mutuos obligatorios, siendo el más destacado la organización conjunta del Mundial de Fútbol de 2030 junto a Portugal. Con la vista puesta en esta cita, Rabat ejecuta un plan de infraestructuras de 20.000 millones de dólares que incluye la construcción del estadio Hassan II, diseñado con capacidad para 115.000 espectadores con el objetivo de albergar la final del torneo. 

Los acontecimientos indican que la estrategia exterior de Estados Unidos no requiere elegir entre su relación histórica con Españay su socio estratégico en el norte de África. La crisis en el estrecho de Ormuz ha operado como un recordatorio de que, ante fallos en los suministros globales y tensiones geopolíticas, Marruecos cuenta con recursos y posiciones que Washington considera esenciales dentro de su esquema de seguridad. 

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