Lesbian Garros, el torneo de tenis creado por lesbianas que no excluye a nadie: "El objetivo no es machacar, es jugar y hacer comunidad" - España
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Lesbian Garros, el torneo de tenis creado por lesbianas que no excluye a nadie: «El objetivo no es machacar, es jugar y hacer comunidad»

Publicado: mayo 6, 2026, 3:00 am

A Ana Leal nunca se le habían dado muy bien los deportes. Se había apuntado a tenis y, recuerda, «estaba muy a tope». Empezó a subir stories como quien sube lo que hace en redes cada día, y, de pronto, comenzaron a aparecer amigas, amigas de amigas y conocidas que también jugaban o querían retomar. «Yo era cero consciente de que hubiese una comunidad de lesbianas que jugaba al tenis», recuerda.

Durante meses, aquellas conversaciones fueron creciendo alrededor de las stories y de alguna quedada, hasta que surgió una idea sencilla: «Fue como: oye, ¿por qué no nos juntamos todas?«, recuerda Leal. Era primavera, la pandemia aún era un recuerdo reciente y cualquier plan al aire libre apetecía el doble.

El primer torneo fue el 21 de mayo de 2023. Leal, diseñadora gráfica, preparó un cartel, hizo memes y abrió un Instagram pensado casi para aquel pequeño grupo inicial. Con las conocidas no llegaban a ser suficientes para montar un torneo, así que se apuntaron tres o cuatro personas que no conocían. En total fueron 16. «Fue muy mágico», resume. Cuando terminaron, se fueron de picnic a Casa de Campo y la sensación fue inmediata: había que repetirlo.

En aquel primer torneo también se conocieron Ana Leal y Ana Gordillo, que desde entonces organizan juntas Lesbian Garros. Lo que empezó como una quedada de primavera ha ido creciendo de forma orgánica hasta convertirse en una cita que ya va por su octava edición. «Sin tener la ambición de ‘vamos a montar un evento para las lesbianas’, le hemos ido encontrando el sentido», explica Leal. Hoy, ese sentido se resume en una idea que Gordillo repite al hablar Lesbian Garros: «Es un torneo creado por lesbianas donde todo el mundo es bienvenido a participar, animar, estar y disfrutar».

Identidad y comunidad

La próxima edición se celebrará este sábado 9 de mayo en el Centro Deportivo Municipal La Canaleja, en Alcorcón, Madrid, y contará con 150 participantes repartidos en tres categorías de pádel y cuatro de tenis. La jornada empezará por la mañana, con los clasificatorios, hará una pausa a la hora de comer y continuará por la tarde con las finales. Pero quien pregunte a las organizadoras qué es Lesbian Garros recibirá una respuesta que no cabe solo en un cuadro de competición. «El objetivo es construir comunidad, establecer redes y acercar todos nuestros círculos», resume Leal.

Para Laura Moreno, participante desde los inicios, en Lesbian Garros «el tenis es un poco la excusa». Ella empezó a jugar con seis años, viajó por torneos y estudió en Estados Unidos con una beca deportiva, compitiendo hasta los 22. Después lo dejó, tras una relación que ella misma define como «tóxica» con el tenis: «Dije: ya está, no quiero ver una raqueta más en mi vida», cuenta.

Volvió gracias a las Anas y a Lesbian Garros. No solo porque encontrara un torneo, sino porque encontró otra manera de estar en una pista. «Retomo el tenis desde una identidad completamente diferente, que ya no es solo como jugadora de tenis, sino también como lesbiana», explica. Así, para Laura, Lesbian Garros es «un sitio con identidad, un lugar en el que apetece estar, formar parte y no perderse nada», resume.

Soph Silberman añade, además, otra capa: la de poder ser queer y deportista al mismo tiempo. Nació en Estados Unidos, creció en las afueras de Nueva York y se mudó a Madrid hace dos años. Llegó a Lesbian Garros a través de Gordillo, que era su profesora de español, y la liga fue también una manera de conocer gente en una ciudad donde, hasta entonces, buena parte de su vida transcurría en inglés.

Soph había jugado al tenis en el instituto, aunque su deporte principal era el softball, que define como un deporte «muy estadounidense» y «supergay, superlesbiano». El tenis, en cambio, le había resultado siempre más ligado a unos códigos de feminidad con los que, como persona no binaria, «no terminaba de sentirme cómode», declara Soph, que se autorefiere en género neutro. «Teníamos que llevar faldas, como algo muy femenino, y eso no me gustaba», recuerda.

En Lesbian Garros encontró otra cosa. «No tengo que explicar mis pronombres, mi género, cosas que me dan mucha ansiedad en otros espacios», dice. Por eso, aunque no le gusta demasiado la expresión «espacio seguro», reconoce que «es lo que es». Allí, añade, puede «olvidar por un segundo» sus inseguridades y concentrarse en jugar. «Tengo espacios queer, pero no tengo espacios queer y deportivos a la vez«, resume Soph.

Encajar

Que el centro esté claro no significa que la puerta esté cerrada. Guillermo Borreguero (Borre para los amigos), es un hombre cisgénero heterosexual y participó por primera vez en la edición anterior. Llegó por amigas que ya jugaban y que llevaban tiempo animándole a apuntarse. De niño había jugado al tenis hasta los 12 o 13 años y estaba intentando retomarlo, pero no encontraba mucha gente con quien hacerlo.

El torneo le atraía por su ambiente festivo y por una competitividad que, al menos desde fuera, parecía menos agresiva que la de otros campeonatos. Aun así, llegó nervioso. Nunca había competido en un torneo y, además, sabía que entraba en un espacio mayoritariamente queer. «Como tío hetero, me daba un poco de cosa», reconoce. Pero los nervios se le pasaron rápido: «Me sentí ultraarropado desde el minuto cero».

Su experiencia ejemplifica esa idea de inclusión que las organizadoras repiten. Borre no ocupa el centro del espacio, pero sí encuentra un lugar dentro. Y esa posición le hizo pensar. Sin equiparar experiencias, dice que entrar en un entorno donde él era quien no pertenecía al grupo mayoritario le permitió intuir algo de lo que significa no encajar. «Obviamente no llego a entenderlo completamente, porque no es exactamente lo mismo, pero sí tuve un poquito de esa sensación de ser el rara avis en este sistema», explica. «Entender que no es fácil no encajar me parece superimportante», explica. Este año repite. Ya sin miedo.

Competir sin machacar

La competición existe. Hay partidos, marcadores, rondas, finales y personas que ganan. Nadie intenta disimularlo. Lo que cambia es el lugar que ocupa esa victoria. Soph lo dice con claridad: «Preferimos ganar que perder. Pero el objetivo no es ir a machacar».

Esa frase resume una de las obsesiones de las Anas desde que empezaron a organizar el torneo: mantener la emoción del juego sin reproducir ciertas dinámicas que muchas veces expulsan o incomodan. «Es darle un giro al concepto de competición«, explica Gordillo. Y bajo esa idea se planifica y diseña el torneo.

En la fase clasificatoria se juegan varios partidos cortos, para que nadie sienta que se lo juega todo en un único encuentro. El torneo está dividido por niveles, para que cada persona juegue donde pueda estar cómoda. Y esos niveles no se llaman principiante, intermedio o avanzado, sino que llevan nombres de lesbianas ilustres. «Así, tú en ningún momento te sientes por encima o por debajo de otra persona», resume Gordillo.

También los premios se plantean de otra manera. Los hay para quienes ganan, pero las organizadoras intentan que no se concentren solo en las vencedoras, sino también en welcome packs o actividades que pueda disfrutar todo el mundo. «Siempre intentamos pensar no solamente en las personas que ganan, sino también en las personas que juegan y en las personas que vienen a verlo», dice Leal.

Para Laura Moreno, la diferencia con otros espacios deportivos es clara. «Cuando compites, todo gira en torno a la competición y a los resultados. A nadie le importa tu identidad y en ningún momento eso va a ser un nexo de unión», explica. En Lesbian Garros, en cambio, «hay torneos y es genial ganarlos», pero lo principal es «compartir la experiencia, estar presente, disfrutar». Borre, que siempre había sentido cierto rechazo hacia los campeonatos tradicionales, lo resume de otra forma: «La competitividad se relegaba a un segundo nivel, no tiene un protagonismo esencial».

Más que un torneo

Este año, además de las 150 inscripciones que han recibido, se calcula que asistirán 500 personas. Ese crecimiento también ha cambiado la forma del evento. Gracias a la cesión del espacio por la Concejalía de Deportes de Alcorcón, además de las competiciones, habrá también una pista libre para quien quiera entrenar o jugar sin competir. Además, Muelle Pilates dará una clase para estirar; Beemine estará presente con cremas CBD para la recuperación muscular; Chessbian organizará partidas de ajedrez simultáneas al torneo y Us the Lesbians, colectivo vinculado a ciclos de cine lésbico, hará un bingo. También participarán proyectos como Aceite Desplante, primera cooperativa de aceite LGBTQ+ de Sevilla, y la editorial Cielo Santo, que apuesta por voces emergentes y narrativas desde los márgenes.

La jornada se completará con barra de comida y bebida a cargo de Pava, Bar Mercado San Enrique y Ca Angelita, además de música, DJ y un concierto de cierre de Oreiana, que compuso el himno oficial del torneo. «La parte social es superimportante para nosotras», dice Leal. «Es una mentalidad casi como de festival».

Borre lo expresa casi al revés de como se presentaría cualquier torneo: «Casi es más una fiesta en la que se ha incluido un torneo de tenis». Para él, la gente no mira otros partidos solo para saber contra quién le tocará jugar después, sino porque quiere ver un partido divertido. «Llegas a un sitio y conoces a gente de verdad, hablas con la gente, te tomas una caña, te vas a ver uno de los partidos», cuenta.

Y es que esa es la esencia que sus fundadoras, desde sus inicios, quisieron para el torneo: «No es ir a ganar ni a quedar primera, es ir a jugar, a estar, a compartir y a hacer comunidad», resume Ana Leal.

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