León XIV y Felipe VI marcan la visita a España del Papa con discursos contundentes: contra quienes "avivan el fuego de la polarización" y el foco en "el dolor causado por los casos de abusos" - España
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León XIV y Felipe VI marcan la visita a España del Papa con discursos contundentes: contra quienes «avivan el fuego de la polarización» y el foco en «el dolor causado por los casos de abusos»

Publicado: junio 6, 2026, 12:07 pm

Actualizado Sábado,
6
junio
2026

13:15

«No es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad». El Papa León XIV llevaba apenas un párrafo de su primer discurso en España cuando pronunciaba una de las frases más contundentes con intención de hacer reflexionar a los poderes del Estado, reunidos en el salón de Columnas del Palacio Real para -dar la bienvenida a Su Santidad en su visita al país.

El Santo Padre ha iniciado en el emblemático edificio su visita oficial a España, que se alargará durante ocho días. El Papa ha pronunciado una alocución contundente, con mucha carga política y sin obviar ningún tema de los que ocupan la actualidad nacional. En momentos de máxima crispación y ante 250 invitados entre los que estaban los Poderes del Estado y el cuerpo diplomático acreditado en el país, León XIV ha recordado que trae un «mensaje de paz que encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas» y posteriormente ha vuelto a esta idea al insistir en que «la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de la polarización parece crecer: la dignidad humana no deja de ser violada». Así, ha pedido «proteger la libertad religiosa y de conciencia». Y recordando a San Juan de la Cruz y su noche de oscuridad ha afirmado: «Se necesitan hombres y mujeres que intuyan en la oscuridad la luz», porque ha recordado: «Nuestra época clama en lo más profundo por la paz».

Pero el Papa también ha querido dejar una nota de esperanza y optimismo en medio de este momento de incertidumbre política y geoestratégica que atraviesa Europa afirmando que el viejo continente puede hacer un regalo al mundo para «mantenerse joven» : «Abandonar las narrativas polarizantes» . Además, ha expresado su agradecimiento al país: «Por vuestra fidelidad al orden internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo por la paz». Porque León XIV conoce España, país en el que ha pasado temporadas. Por eso ha querido hacer también guiños a la cultura popular – «Un pueblo lleno de pasión que ama la vida y lo manifiesta»- y rememorando a cuatro santos españoles: Santiago, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola y Santa Teresa de Ávila.

Con un «¡Que Dios bendiga a España!» el Papa cerró su discurso en el Palacio Real y así terminó la ceremonia. Por primera vez, el Rey habló antes que su invitado. El Monarca realizó una alocución en consonancia a la del Santo Padre. No es de extrañar, pues el Rey en multitud de ocasiones ha reivindicado la necesidad de velar por el «bien común» o de poner al ciudadano en el centro. «La fe católica está enraizada en nuestro país y sin ella nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían», recordó el Monarca, que tiene el título histórico de Rey católico.

Aunque el Rey quiso «destacar la enorme labor social de la Iglesia Católica» y confesó una «admiración especial hacia los miles de misioneros», tampoco obvió la sombra de los abusos sexuales dentro de la Curia, un tema que el Papa abordó durante el vuelo. «No puede haber mayor contraste con todo [lo que hace la Iglesia] que el dolor causado por los casos de abuso, que ni son ni pueden ser representativos de la inmensa comunidad eclesial», destacó don Felipe. En este sentido, el Jefe del Estado quiso reconocer la «claridad y firmeza» del Santo Padre con este tema, unos valores «esenciales en el proceso sanador y de reparación del daño infligido».

El Rey definió al Santo Padre como «un hombre de espíritu y de ciencia, con una gran conciencia social y una profunda atención a los cambios». Una forma de ser que, afirmó «cobra un valor especial en el tiempo que nos toca vivir, un tiempo que ya no se explica en los términos a los que estábamos habituados y que seguimos tratando de interpretar».

Por ello, Don Felipe, que alerta de la crisis del orden internacional en múltiples ocasiones, quiso advertir del riesgo que corremos de «olvidar de aquello que de verdad importa, de deslizarnos hacia la errada creencia de que todo vale, todo es admisible, negociable, justificable. Y no es as», reivindicó para recordar que «la dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional deben seguir siendo nuestros números primos». Haciendo un guiño a la vocación matemática del Santo Padre, afirmó que ahí está «la aritmética de la libertad, la igualdad y la justicia: la que suma y multiplica, no la que resta y divide».

El Rey ha hecho suyas la encíclica del Santo Padre, Magnífica Humanitas, y ha recordado que hay que «mantener a la persona en el centro de cualquier discurso, jamás reemplazada, subyugada o coaccionada por ningún algoritmo». Así, ha insistido en que «cuando la atención está en el otro, en quien tenemos enfrente, podemos identificarnos con su dolor».

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