Publicado: abril 7, 2026, 4:08 am

Si hay un sector que hizo gala de su resiliencia frente a las turbulencias geopolíticas y comerciales que sacudieron a la industria española en 2025, ese fue el de la inversión hotelera. Así lo constatan los 4.275 millones de euros que movilizó en transacciones, el segundo mayor registro de la serie histórica solo por detrás de los 4.810 millones de 2018 -según la consultora Colliers-. Con estos datos sobre la mesa, la clave reside ahora en cómo envejecerá este momento dulce. A la espera de que las principales consultoras del sector retomen el goteo de análisis correspondientes a la actividad del primer trimestre, distintos profesionales que supervisan y participan en estas operaciones coinciden en que el mercado español mantiene un fuerte apetito inversor pese al estallido del conflicto en Oriente Medio y al consiguiente encarecimiento de los costes.
Para Nicolas Cousin, director general de la consultora Christie & Co en España y Portugal, el análisis de sus perspectivas está condicionado por la «incertidumbre» de un conflicto que apenas cuenta con un mes de evolución y del que se desconoce su duración e implicaciones. «Dicho esto, no estamos observando una caída del apetito inversor en España. Este tipo de crisis refuerza algo que ya sabíamos: Europa, y España en particular, se percibe como un destino seguro. Y cuando la demanda se refugia en destinos seguros, el capital suele seguirla» analiza en La Información Económica.
En este contexto, más que un viraje en el interés de los inversores por España, lo que empieza a percibirse es un ajuste en el ritmo de la actividad, especialmente en aquellas operaciones en fases menos avanzadas. «Las operaciones que ya están en una fase avanzada siguen su curso con normalidad. Donde sí podemos ver ciertos ajustes es en las operaciones menos maduras, que pueden ralentizarse mientras los inversores recalibran los escenarios de riesgo. Sin embargo, en términos de interés, no vemos ningún retroceso», explica Cousin. Pese a esta mayor cautela, el especialista vislumbra que, ante el volumen de actividad previsto para los próximos meses gracias a las operaciones que atraviesan «fases avanzadas» y «otras transacciones de gran envergadura» que están a punto de llegar al mercado «es más que probable que España vuelva a registrar niveles de inversión similares a los de años anteriores, por encima de los 4.000 millones de euros«.
El foco se desplaza así desde el apetito inversor hacia las condiciones en las que se cierran las operaciones. «Por un lado, los costes de deuda van a volver a subir. Eso es prácticamente un hecho. Lo que no sabemos es cuánto y a qué ritmo. Esa falta de visibilidad es más preocupante que la subida en sí», advierte. A ello se suma el impacto energético que inevitablemente impacta sobre la cuenta de explotación. Un hito que, a juicio de Cousin, se afronta con mejor preparación que en la crisis energética de 2022 porque «la mayoría de los hoteleros han implantado medidas de eficiencia y control del consumo, y también han profesionalizado bastante sus procedimientos de contratación energética».
El riesgo se concentra en la inflación
En este contexto, la principal incógnita vuelve a situarse en la inflación. «Si vuelve a repuntar, puede tensionar los márgenes. Y la gran pregunta es si el sector podrá trasladar esa presión al cliente como vimos entre 2022 y 2025«, apunta. Este nuevo escenario empieza también a reflejarse en la forma en que los inversores analizan los activos. «Es lógico pensar que los inversores revisarán con más detalle las cuentas de los activos, especialmente la partida de costes. Eso, inevitablemente, tendrá impacto en la valoración final. También se va a mirar con lupa el capex, porque es un componente crítico y muy expuesto a las tensiones de la cadena de suministro y a la propia inflación». Pese a estas presiones, Cousin insiste en que «el mensaje, en esencia, es que sí hay presiones, pero no estamos frente a un deterioro estructural del mercado».
En paralelo, desde el lado de la demanda, el conflicto está teniendo un efecto incluso positivo para España a corto plazo, al reforzar su posicionamiento como destino seguro frente a otros mercados. «El actual conflicto en Oriente Medio está reconfigurando los flujos turísticos internacionales, desviando parte de la demanda hacia destinos percibidos como más seguros en Europa. En este escenario, España está viendo reforzada su posición como destino, tanto por la demanda nacional como por viajeros europeos y norteamericanos, lo que está sosteniendo el buen momento del sector hotelero», explica a este medio Aneu Castellarnau, especialista en consultoría y valoración hotelera en HVS. Este movimiento, que comparten las agencias de viaje, ya comienza a reflejarse en los primeros registros de la temporada, dado que «los datos preliminares de Semana Santa ya reflejan esta tendencia y apuntan a un dinamismo que previsiblemente se extenderá a la temporada estival”.
No obstante, este impulso convive con otros cisnes negros que podrían condicionar la evolución del mercado en los próximos meses. Por un lado, el encarecimiento del petróleo podría afectar a determinados flujos turísticos, ya que «tenderá a afectar a los viajes de larga distancia, especialmente desde Asia, dada su mayor dependencia de conexiones a través de Oriente Medio, introduciendo volatilidad en la demanda internacional», tal y como analizan en HVS. Por otro, el impacto macroeconómico vuelve a situarse en el centro del análisis inversor: «Las presiones inflacionistas derivadas del encarecimiento del petróleo podrían trasladarse a los tipos de interés, encareciendo la financiación, y el incremento de los costes energéticos podría impactar directamente en la operativa hotelera, reduciendo márgenes si no se gestiona adecuadamente».
Cautela con las inversiones procedentes de Oriente Medio
«El interés inversor se mantiene, aunque con un enfoque más selectivo, priorizando activos en ciudades y principales destinos de sol y playa con mayor liquidez y visibilidad, mientras que las operaciones con mayor componente de riesgo podrían posponerse en el corto plazo» comenta Castellarnau, tras advertir de que el capital procedente de Oriente Medio, que incrementó su actividad en el sector hotelero europeo en 2025 con adquisiciones por valor de 540 millones (+254% respecto a 2024), «podría mostrarse más cauto en nuevas inversiones, sin que se prevea una desinversión relevante en las posiciones existentes».
Con el respaldo del capital internacional, para los profesionales del sector, el reto va más allá del propio conflicto. «La demanda turística en España mantiene una base sólida y el interés inversor por el sur de Europa sigue siendo fuerte. Sin embargo, el principal reto para el sector no es tanto externo como interno: la capacidad de absorber este incremento de demanda sin generar tensiones sobre el producto«, advierten desde HVS, apuntando a destinos como Baleares o Canarias, que llevan años enfrentando una elevada presión turística, para plantear «interrogantes sobre la capacidad de seguir creciendo sin afectar a la calidad de la oferta».
