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La emboscada de Koldo y dos testigos para la incredulidad

Publicado: abril 22, 2026, 8:07 pm

La emboscada que la abogada de Koldo le tendió a Mariano Moreno Pavón fue memorable. El ex gerente del PSOE hacía tantos aspavientos que el escaso público presente en el Tribunal Supremo pudo verse inclinado a apiadarse de él. ¿Qué gerente de cualquier empresa puede controlar absolutamente todos los tickets de gastos que le presentan sus trabajadores? Hubo que recordar que el declarante, con su diplomatura de tres años en Gestión y Administración Pública, con su colección de «¿vale?» y su estética de gimnasio, cobra más de 200.000 euros como presidente de la Empresa Nacional del Uranio (Enusa). Ahí toda tentación de empatía se desvaneció.

El ex gerente del PSOE es uno de los mejores personajes del caso Ábalos, y no solo porque tenga nombre de torero. La UCO no le pilló hablando de «chistorras», «lechugas» ni «café», pero pasará a la historia del partido como el hombre que, con sus desconcertantes explicaciones sobre el trasiego de efectivo en Ferraz, empujó al Supremo a abrir una pieza separada sobre la posible financiación ilegal del PSOE que ahora instruye en secreto la Audiencia Nacional. Así que cuando este miércoles Arrieta le preguntó si estaba investigado en alguna otra causa, respondió: «Que yo sepa, no».

En la octava sesión del caso Mascarillas, don Mariano llevaba la lección aprendida. Subrayó que «la caja 570», la caja en metálico de Ferraz, sólo se nutría del dinero que él mandaba extraer de la cuenta oficial del PSOE en el BBVA («¿vale?»). Que él nunca pidió billetes de 500 (las «chistorras» de Koldo) y que todo seguía los procedimientos. «De hecho», según contó, indagó, extrañado, cuando vio una liquidación de «700 y pico euros» en Vigo, pero se tranquilizó cuando le indicaron que era una comida de varios miembros de la secretaría de Organización.

Entonces irrumpió Leticia de la Hoz. El retorno de Koldo contra el PSOE, por resumir. ¿Podía ser que, «por error, por omisión… no digo que por mala fe», al partido se le «escaparan» algunas hojas de gastos de su defendido -nueve, detalló- en la contabilidad enviada al Tribunal de Cuentas? La abogada pidió mostrar una de 4.543,55 euros en la que «no hay concepto, no hay fecha, y sin embargo está firmada». Ay, ay, ay.

Moreno lo negaba todo, en modo SOS. Tampoco pudo balbucear poco más que algo sobre unos minúsculos ingresos por «merchandising» cuando De la Hoz preguntó, misteriosa, si la caja no se nutría de otras fuentes aparte del BBVA. La bomba estaba lanzada. Parece que la letrada quería dejar sentada la idea de que los billetes que manejaba su cliente siempre procedieron del PSOE, siempre fueron limpios, y que si las cuentas no cuadran no es problema de Koldo sino del desastre del partido. Pero Arrieta no estaba por la labor de ahondar en esto, ni el fiscal… ¡ni siquiera la acusación popular!

Tampoco ayudó mucho a recobrar la confianza en el PSOE Celia Rodríguez, la ya célebre secretaria de Ferraz. Cuando defendió a Ábalos en el juicio por la querella que este interpuso contra la periodista Ketty Garat, Celia dijo que el PSOE nunca devolvía los gastos en cash, siempre por transferencia. Luego llegó la famosa foto del sobre del PSOE con la anotación de 826,73 euros y su nombre en un post-it. Y el mensaje: «Hola Koldo…. al final el jefe se ha ido sin que le diera el money… si vienes mañana mejor, porque no me gusta tener tanto dinero en el cajón». Así que la historia de la parca Celia también es confusa. Esta vez explicó que el dinero para Ábalos y para Koldo iba en efectivo y que ella era una mandada, claro está.

El premio a la declaración más inverosímil fue, eso sí, para Carlos Moreno, director de gabinete de María Jesús Montero hasta su reciente salida del Gobierno. Moreno comparó las peticiones de Aldama para que le ayudara a aplazar sus deudas tributarias con los «cientos de contribuyentes» que escriben al Ministerio en busca de auxilio. Y sostuvo que si le envió al tal Aldama, al que apenas conocía, un enlace con un piso que quería comprarse, fue porque es andaluz y apenas conocía a nadie en Madrid. Quién no ha recurrido a este argumento para explicar sus malas compañías en la capital.

Pedro Saura tampoco tuvo su mejor día. Ex secretario de Estado con Ábalos, Saura no cayó con él: Sánchez lo situó al frente de Correos, donde tampoco se cobra mal. Ante el Supremo causó exasperación. Se extendió tanto en su propia autodescripción como adalid de la integridad que casi parecía querer quitarle al fiscal su puesto en Anticorrupción. Saura siempre veló por el «interés general» -él se empeñó en que «la familia Hidalgo» saliera de Air Europa a cambio del rescate-, siempre fue el pepito grillo de Ábalos en el Ministerio de la Corrupción. Hay que comprender que sólo como fruto de la «cortesía» y la «educación» telefoneara a Aldama y recibiera a Javier Hidalgo en aquellos momentos angustiosos.

«No se me vaya por las ramas, por favor», saltó Alberto Durán, el abogado de la acusación popular, en nombre del tribunal, de las defensas, del público y hasta de los acusados. «Nuevamente, por educación, los recibo…», continuaba el hilo musical. Saura no pareció convencer a nadie. No, al menos, a Luzón, que de vez en cuando ponía una terrible cara de incredulidad.

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