Publicado: octubre 17, 2026, 4:08 am

Los bonos públicos vuelven a ofrecer rentabilidades cercanas o superiores al 5% en algunos de los principales mercados desarrollados, pero quienes buscaron refugio en la renta fija están sufriendo pérdidas que superan el 4% en determinados fondos de inversión. El encarecimiento de la deuda estadounidense, francesa, británica, italiana y española ha convertido estos activos en una oportunidad cada vez más atractiva para los compradores, mientras los inversores que ya los tenían en cartera siguen expuestos a nuevas caídas. Y la presión llega cuando los gobiernos necesitan encontrar compradores para cantidades crecientes de deuda.
La agencia Fitch acaba de advertir de que las rentabilidades de los bonos a diez años de las diez mayores economías desarrolladas han aumentado una media de 81 puntos básicos durante 2026. Al mismo tiempo, prevé que el endeudamiento público de los mercados desarrollados aumente en casi cuatro billones de dólares, hasta superar los 75 billones.
El problema para los gobiernos es que la deuda nueva resulta mucho más cara que la antigua. Según Fitch, la rentabilidad mediana de los bonos a diez años de esas economías supera en 161 puntos básicos el interés medio que pagan por su deuda en circulación. Eso significa que, conforme vayan venciendo los títulos antiguos, tendrán que sustituirlos por otros con intereses más elevados.
Pero lo que representa un problema creciente para las cuentas públicas empieza a ofrecer oportunidades a quienes disponen de dinero para invertir. Nacho Zarza, de Auriga Bonos, considera que las rentabilidades alcanzadas constituyen “niveles muy interesantes de entrada” y destaca que los bonos han comenzado a recibir capital procedente de inversores que buscan seguridad ante las dudas sobre los enormes desembolsos destinados a la inteligencia artificial.
¿Comprar o esperar?
Sin embargo, las rentabilidades actuales no eliminan la posibilidad de sufrir nuevas pérdidas si los intereses continúan subiendo. Zarza reconoce que todavía pueden producirse sobresaltos y recomienda construir una estrategia diversificada por vencimientos, especialmente porque el comportamiento de la inflación, la energía y los mercados bursátiles puede volver a cambiar las condiciones de financiación.
El analista sitúa el mejor equilibrio entre rentabilidad y riesgo en los vencimientos inferiores a cinco años, con preferencia por emisiones de elevada calidad crediticia y dejando de momento al margen los bonos de alto rendimiento o high yield. Su propuesta consiste en combinar posiciones a corto plazo, que puedan renovarse si aparecen mejores oportunidades, con otras a tres o cinco años para asegurar las rentabilidades actuales.
La posibilidad de que los intereses sigan subiendo depende, en buena medida, de lo que ocurra con la economía. Una corrección importante de Wall Street, el temor a una desaceleración económica provocada por los elevados costes energéticos y financieros o una caída decidida del petróleo podrían frenar la escalada de las rentabilidades. Para que los intereses superasen los niveles ya alcanzados, tendrían que aparecer efectos inflacionistas de segunda ronda que complicasen el trabajo de los bancos centrales.
Y mientras los inversores intentan anticipar ese momento, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de lanzar una advertencia sobre la capacidad de los gobiernos para continuar financiando sus déficits. El organismo calcula que la deuda pública mundial alcanzará el 100% del PIB en 2029 y reclama ajustes fiscales creíbles antes de que el aumento de los intereses termine obligando a adoptar medidas más dolorosas.
¿Quién pagará los recortes?
Francia ilustra la dificultad de reducir el endeudamiento cuando los costes de financiación siguen aumentando. Fitch calcula que necesitaría rebajar su déficit primario desde el 2,9% del PIB previsto para este año hasta el 0,4% para estabilizar su deuda. Si el coste efectivo de financiación acabara alcanzando las rentabilidades actuales del mercado, el país tendría que realizar un esfuerzo fiscal adicional equivalente a unos 3,1 puntos del PIB.
Estados Unidos tampoco escapa a esa presión. La agencia prevé que registre este año un déficit público del 7,5% del PIB, equivalente a unos 2,4 billones de dólares, mientras Reino Unido afronta igualmente dificultades para contener sus necesidades de financiación. El FMI ha advertido de que el crecimiento económico estadounidense, por sí solo, no será suficiente para reducir la deuda y ha reclamado reformas fiscales.
Un ajuste presupuestario demasiado intenso podría debilitar la economía, mientras aplazarlo prolongaría la presión sobre la deuda pública. Si los inversores siguen exigiendo intereses más altos, los bonos perderán valor y quienes ya los tienen sufrirán nuevas pérdidas. En cambio, quienes estén pensando en comprarlos encontrarán mejores rentabilidades, aunque una posible recesión podría hacer bajar los intereses y provocar una recuperación del precio de los bonos.
¿Y el ahorro conservador?
Los efectos de esta subida de rentabilidades ya se están trasladando a las carteras de quienes eligieron la renta fija para evitar los sobresaltos de la bolsa. Mar Barrero, directora de análisis de Arquia Profim Banca Privada, advierte de que el encarecimiento de los bonos “ya está provocando una pérdida patrimonial a los inversores más conservadores”, como consecuencia del descenso del valor de los títulos presentes en fondos de inversión y planes de pensiones.
Según los datos de Morningstar, los fondos de renta fija diversificada de corto plazo apenas acumulan una rentabilidad media del 0,3% en 2026, después de que las subidas de septiembre prácticamente agotaran el colchón proporcionado por los cupones. En los productos con mayor duración, las pérdidas oscilan entre el 1,5% y más del 4%, dependiendo del riesgo asumido por sus gestores.
Barrero considera que los próximos meses seguirán siendo complicados para las carteras conservadoras y no descarta que algunos fondos y planes de renta fija terminen el ejercicio con pérdidas si persisten las tensiones. Aunque no espera repetir los resultados negativos de 2022, advierte de la dificultad para obtener rendimientos que superen la inflación.
