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Iván Sanz Cid, el bodeguero al frente de un emblemático clan de Ribera del Duero que falleció junto a su mujer y dos de sus hijos en el trágico accidente de la A-67

Publicado: julio 6, 2026, 4:07 pm

Actualizado Lunes,
6
julio
2026

18:02

La Milla de Oro del vino se viste de luto. Un negro que cubre de duelo a la Denominación de Origen de la Ribera de Duero tras la trágica muerte de uno de los suyos en el brutal accidente de la A-67 en Herrera de Pisuerga (Palencia). Y es que Iván Sanz Cid (Valladolid, 1978), el CEO de Dehesa de los Canónigos que este domingo 5 de julio perdía la vida junto a su mujer Irene Garijo y dos de sus hijos de 17 y 14 años, era uno de esos jóvenes bodegueros, apenas tenía 48 años, que venían no sólo a mantener, sino a impulsar aún más a la DO Ribera de Duero.

Iván Sanz Cid, tal y como señalan algunos de los bodegueros que le conocían y compartían con él su pasión por el vino y las bodegas, era el perfecto ‘alter ego’ de su padre Luis Sanz, que fallecía hace poco más de un año, y había sabido impulsar la bodega familiar de Pesquera de Duero y lanzarla al exterior, al mercado internacional, según recoge Diario de Valladolid.

«Supo recoger a la perfección el testigo de su padre», asegura a este periódico uno de esos bodegueros, que hoy dice sentirse roto y destrozado por el dolor. Iván Sanz Cid, ingeniero técnico agrícola por la UVA y máster MBA en la Escuela de Negocios de Salamanca, quería ir más allá. Quería hacer brillar en el exterior y sacar el valor oculto de su bodega Dehesa de los Canónigos y de sus vinos.

Luis Sanz e Iván Sanz Cid, padre e hijo, en una imagen de archivo en Dehesa de los Canónigos.

Luis Sanz e Iván Sanz Cid, padre e hijo, en una imagen de archivo en Dehesa de los Canónigos.DEHESA DE LOS CANÓNIGOS

Para ello, desde que asumiera la dirección de la bodega familiar hace unos cinco años, Iván Sanz Cid formaba un «tándem perfecto» junto a su hermana Belén Sanz Cid, la enóloga, en Dehesa de los Canónigos. Una tándem con el que juntos habían conseguir reforzar y ampliar la bodega, ponen en valor y potenciar el enoturismo y, sobre todo, hacer que sus vinos, que se exportan ya a más de veinte países, se conviertan, por derecho propio, en imprescindibles en el mercado internacional.

Ambos, Iván y Belén, Belén e Iván, habían sabido recoger el legado que les había dejado su padre, el fallecido Luis Sanz, y su madre María Luz Cid en la bodega y la habían proyectado y desarrollado como marca en el mercado internacional.

Pero Iván Sanz Cid era mucho más que un bodeguero. Iván Sanz Cid «se hacía querer», según señalan a este periódico varios bodegueros. «Tenía ganas de agradar siempre. Era una persona muy dinámica», aseguran, a la vez que ponen en valor su «compromiso y responsabilidad». Esa que le hacía trabajar más y más para «no fallar» el compromiso que había heredado de su padre, el de «sacar la bodega adelante». Y a fe que lo estaba consiguiendo, junto a su hermana Belén.

Dehesa de los Canónigos, y con ella toda la Ribera de Duero y el mundo del vino de Castilla y León, del conjunto del país y a nivel internacional, lloran hoy la muerte de uno de los suyos y la de su mujer y sus dos hijos. Las bodegas y el mundo del vino dicen adiós con el corazón encogido a un hombre «auténtico, de verdad, sin artificios, ni dobleces».

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