Publicado: septiembre 22, 2026, 10:07 pm
En la sala donde ayer se celebró la sesión de apertura de la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, las delegaciones de España y Venezuela estaban ubicadas en la misma fila, la séptima, pero separadas por otros siete países -EEUU entre ellos- repartidos en cuatro columnas de asientos, unos 23 metros en línea recta. El diseño de la sala hacía que para ir de una a otra delegación hubiera que cruzar prácticamente todo el plenario. Algo que, sin embargo, no disuadió a Delcy Rodríguez de su objetivo: conversar con el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez.
A primera hora de la mañana neoyorquina, la presidenta venezolana se levantó de su asiento y, en 45 segundos, alcanzó la mesa en la que se encontraban Sánchez y los ministros Sara Aagesen y José Manuel Albares. Cruzó de forma premeditada toda la sala y se acercó a saludar al presidente, aprovechando el momento para pedirle «poder seguir hablando sobre la situación en Venezuela», según trasladaron desde la delegación española.
Para comunicar ese mensaje a Sánchez, Rodríguez dio unos 75 pasos y recorrió aproximadamente 50 metros. Su saludo al presidente español fue totalmente pensado y buscado. Llegó con un movimiento a la luz de todos los asistentes, pues la mandataria venezolana pasó por delante de las mesas de 31 países: Argentina, Bélgica, Egipto, Alemania, Francia, Finlandia, Corea del Norte… Si en cada delegación se sientan seis personas, 186 dirigentes fueron testigos directos del recorrido. Todos los invitados sentados, ella de pie caminando. Imposible pasar desapercibido o querer discreción.
Sánchez se encontraba hablando por teléfono. Al percatarse de la presencia de Rodríguez se despidió de su interlocutor y se levantó para saludarla, pero a continuación permaneció sentado en su asiento. Apenas 33 segundos de conversación. Fuentes gubernamentales hacen una valoración «positiva» de este breve encuentro que, explican, fue fruto de que Rodríguez «se presentó sin avisar».
Aunque no está previsto que haya una reunión bilateral en estos días, Sánchez, según explican desde su equipo, mostró su disposición a mantener esa conversación sobre Venezuela, porque «España está comprometida con el futuro de la región».
Es el primer encuentro, aunque fuera breve, que mantienen ambos líderes. Hasta ahora habían protagonizado dos conversaciones telefónicas, el 9 de enero y el 25 de junio, con motivo de la operación militar de EEUU que concluyó con la detención de Nicolás Maduro y el ascenso a presidenta de Rodríguez, con el beneplácito de Donald Trump; y por los terremotos que asolaron en junio el país latinoamericano.
Sánchez, en un primer momento, tras la caída de Maduro, definió a la mandataria como «presidenta temporal». Un calificativo que ya se ha esfumado. El Gobierno le ha cursado invitación para que asista a la Cumbre Iberoamericana que se celebra en Madrid a principios de noviembre y confía en que así pueda ser. Sobre Rodríguez pesan unas sanciones que le impiden pisar suelo europeo, por lo que es preciso un permiso especial.
Rodríguez ya protagonizó una polémica visita a España la noche del 20 de enero de 2020. Aterrizó de madrugada un vuelo privado en la denominada terminal ejecutiva de Barajas. Iba acompañada de cinco miembros del régimen venezolano. Hasta el aeropuerto se desplazó el entonces ministro de Transportes y mano derecha de Sánchez, José Luis Ábalos, para gestionar la situación, pues la líder venezolana tenía prohibido pisar suelo español.
Como publicó este diario, Ábalos envió a Sánchez un mensaje donde le anunciaba su llegada a España. Delcy «viene en privado y quiere verme discretamente como continuación del encuentro que tuve con el ministro de Comunicación (que es su hermano). La gestión que acordamos en favor de las empresas españolas ha permitido que Duro Felguera haya cobrado una importante deuda». El presidente del Gobierno contestó a su entonces mano derecha (ahora en prisión por pertenencia a organización criminal) con un directo «bien».
En octubre de 2024 Sánchez admitió que Ábalos le «informó» de la visita , pero argumentó que era «privada» y que se enteró de las «sanciones» contra la entonces vicepresidenta venezolana más tarde. Su versión es que cuando tuvo constancia de que no podía pisar suelo español «se canceló esa visita» de tres días que incluía un encuentro con ministros. Pero Rodríguez sí viajó y aterrizó en Barajas. Este diario publicó en exclusiva las imágenes que lo probaban.

