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Borja Giménez, eurodiputado e hijo de Manuel Giménez: «El día que ETA asesinó a mi padre, Otegi dijo que menos lágrimas de cocodrilo. Ese es el 'hombre de paz'»

Publicado: mayo 3, 2026, 2:07 pm

Actualizado Sábado,
2
mayo
2026

22:53

¿Cómo ve y siente todas las libertades condicionales a presos de ETA que se están normalizando por parte del Gobierno?
Es preocupante y lamentable, y es algo que forma parte de una estrategia calculada. Primero fue el retorno de los presos de ETA a las cárceles del País Vasco, luego la transferencia de las competencias de prisiones al Gobierno vasco y ahora toda esta historia. A mí, sinceramente, la sensación que me da es que este repentino arrepentimiento de tantos miembros de ETA responde a una estrategia calculada por parte del entorno y de los abogados. Yo siempre he dicho que esto era una organización terrorista, una organización terrorista organizada, que hay 300 asesinatos sin resolver y que si verdaderamente alguien se arrepiente de lo que ha hecho, lo mínimo es ofrecer y dar toda la información sobre la que tengan conocimiento. Esa sí que es una buena forma de mostrar un claro arrepentimiento y compromiso con la verdad y con el objetivo de resarcir a las víctimas. Y creo que no se están dando precisamente esas condiciones.

La lucidez en el discurso y las explicaciones de Borja Giménez Larraz (Zaragoza, 1983) se mantienen incluso cuando rememora el asesinato de su padre, Manuel Giménez Abad, a manos de Mikel Kabikoitz Karrera Sarobe, ‘Ata’. Fue el 6 de mayo de 2001, por lo que en apenas unos días se cumplirán 25 años. Y antes de todos los homenajes y actos que se van a producir tanto en la capital aragonesa como en Bruselas, el eurodiputado popular recibe EL MUNDO en su despacho del Parlamento Europeo de la capital comunitaria.

Su padre, claro, también formó parte del Partido Popular y llegó a ser máximo responsable de la formación en Aragón. Apenas ostentó el cargo unos meses, desde febrero hasta ese día de mayo en el que el Zaragoza jugaba contra el Numancia en La Romareda. «El partido era a las siete, saldríamos de casa a las 18.25, más o menos. Mi padre estaba algo reticente de ir al partido y le animé porque el Zaragoza estaba en una situación bastante crítica, nada que ver con la de ahora, pero complicada. Después de caminar unos cinco minutos, vino un tío por la espalda y le metió tres tiros a mi padre: dos en la espalda y cuando cayó al suelo, le descerrajó un tercero en la cabeza. Se me quedó mirando y luego ya salió corriendo», rememora.

«Esos momentos de horror absoluto se me hicieron una eternidad. Me dijeron que fue poco tiempo y me acuerdo de que daba vueltas alrededor de mi padre. Veía que mi padre se estaba desangrando y yo ya era consciente de que de ahí no iba a salir vivo. Fue terrible. Daba vueltas alrededor de él. Yo gritaba. Ya sabía que había sido ETA. En algún momento debió salir alguien de un bar de al lado y me metió dentro. Me dijo ‘estate aquí’, pero el señor tampoco sabía cómo enfrentarse a aquella situación. Me decía ‘no te preocupes, tu padre se va a poner bien’. Yo ya sabía que mi padre no se iba a poner bien, porque yo sabía que a mi padre lo habían matado porque lo había visto». Borja Giménez tenía entonces 17 años; su padre 52.

Manuel Giménez Abad y sus dos hijos en el ibón de Respomuso, ubicado en Sallent de Gállego.

Manuel Giménez Abad y sus dos hijos en el ibón de Respomuso, ubicado en Sallent de Gállego.E.M

Ha dicho en alguna ocasión que posteriormente reconoció a ‘Ata por la mandíbula y la mirada. Entiendo que se le quedaron grabadas.
Sí, se me quedó su mirada y se me quedó su rostro. Si lo ves en persona, tiene una mirada muy característica, una mirada llena de odio y de ira.
¿Se sentaría con ‘Ata’, como han hecho otras víctimas de ETA con los asesinos de sus familiares?
No, la verdad. No tengo ningún interés. Respeto al que quiera tener un encuentro con el asesino de su familiar, y más si eso le puede reconfortar. Pero en mi caso no tengo el más mínimo interés. Al margen de eso, se tendrían que dar tantas condiciones que parece complicado. No se avista que vaya a haber el más mínimo arrepentimiento por parte del asesino de mi padre.

En este punto, Giménez analiza esas libertades condicionales que el Gobierno está normalizando, así como los arrepentimientos de los etarras que mantiene que no son más que una estrategia. El último que se ha conocido es el de Txeroki, uno de los líderes más sanguinarios de la banda.

«Yo, Garikoitz Aspiazu Rubina, nacido el 6 de julio de 1973 en Bilbao y actualmente interno en el Centro Penitenciario de Gipuzkoa, quiero expresar a través de este escrito mis sentimientos y reflexiones sobre los hechos por los que fui condenado, así como sus consecuencias», afirma en la misiva que redactó el pasado mes de marzo. «Formé parte de ETA de manera voluntaria y en la medida en la que asumo las consecuencias de mis actos, reconozco y siento el daño que les causamos», añade.

«Ya lo dijo Otegi en su momento: presos por presupuestos», retoma Giménez.

Borja Giménez, en la sede del Parlamento Europeo

Borja Giménez, en la sede del Parlamento EuropeoREYES ARA

Todo lo que rodea a Otegi es especialmente grave. Parece que una parte no pequeña de la sociedad no es consciente o no quiere serlo de que, por lo menos, secuestró a una persona siendo parte de ETA y cree que es una persona totalmente legitimada para formar parte del juego democrático.
Lo de Otegi es increíble. Otegi, el día que asesinaron a mi padre hizo unas declaraciones en las que venía a criticar al Partido Popular y al PSOE diciendo que menos lágrimas de cocodrilo y más propuestas para resolver el conflicto. Ese es el hombre de paz que lidera Bildu y la izquierda abertzale.
También es llamativo el cambio de Patxi López, que en algún momento fue la esperanza de un cambio den el País Vasco y que sufrió muy cerca los asesinatos de ETA.
El Partido Popular y el PSOE tuvieron altura de miras, abogaron por buscar puntos de encuentro. El PP apoyó a Patxi López como lehendakari con el objetivo de sacar al nacionalismo de los gobiernos del País Vasco y de ofrecer un poco de oxígeno a esa sociedad. Y todo aquello parece enterrado. Yo creo que hubo un momento en el que se decidió pasar página de aquella etapa y entrar en este proceso de normalización de Bildu, de la izquierda abertzale. De blanqueamiento absoluto de Bildu, sí.
¿Es lo más grave que ha hecho Pedro Sánchez?
Yo siempre digo que no quiero construir ni mi trabajo político únicamente en torno a esta cuestión, pero creo que es una parte fundamental. Es algo que tenemos que contar de forma permanente porque parece que la gente se olvida. Se olvida de lo que ha sido ETA, de lo que ha sido la izquierda abertzale, de lo que ha sido Batasuna, Bildu, sus herederos, de que tenemos políticos de Bildu que no condenan la actividad de ETA y que, por contra, estos tíos están absolutamente blanqueadas y con acuerdos permanentes con el Partido Socialista. Me parece una verdadera aberración.
¿Cree que los que defienden esta postura y los que recuerdan lo que hizo ETA y sus consecuencias acabarán siendo los señalados?
Es uno de los problemas, sí. Que parezca que te has convertido en un trasnochado por explicar esto.
Dirán que es una cuestión superada.
Pero es que no está superado. Tienes a una parte de la sociedad que todavía está homenajeando a los terroristas en las calles del País Vasco y Navarra y está avalando además ese discurso ultranacionalista, excluyente, identitario, que es el que ha guiado la actividad de ETA durante tantos años.
Hay una parte de la izquierda que abraza el discurso de que todo eso está superado. Gente vinculada a Sumar y Podemos, por ejemplo.
Pero el problema es que el PSOE también está implicado en esa línea. Es una desgracia, porque ha sido la amenaza más importante que ha tenido la Democracia española a lo largo de su corta historia. Ha habido gente que ha sido perseguida, extorsionada, gente que ha sido asesinada, gente que ha vivido con miedo durante décadas. Y creo, desde luego, que debemos mantener viva la memoria de lo sucedido.

En su caso, muy directamente la memoria de su padre, claro. Pero también la del resto de su familia y la suya propia, porque ‘Ata’ se cobró más de una víctima hace 25 años. «Recuerdo a mis abuelos, que ya no levantaron cabeza, la verdad. Mi abuelo murió tres años y medio después y todavía lo recuerdo llorando el día que subimos a Jaca», explica Giménez, que se detiene unos segundos para coger un poco de aire en el único momento de la entrevista en el que su voz está a punto de quebrarse.

«Llorando desconsoladamente, y era una persona muy vital. Y mi abuela es algo que también llevó dentro hasta el día que se murió. Ese día nos mataron a todos los que queríamos a mi padre que, fundamentalmente, era una grandísima persona, un muy buen tipo. El dolor que nos queda a nosotros, a la familia, es que no haya podido vivir todo lo que le hubiese gustado vivir, que no haya conocido a sus nietas, que no haya podido envejecer con mi madre, que no le haya podido ayudar en los momentos complicados, que no haya podido subir más montañas, que no haya podido vivir, pues esto, todo lo que le quedaba por vivir. Ese es un dolor que siempre nos va a acompañar. Nosotros al final, de una forma u otra, nos hemos reconstruido. Pero el que más perdió aquel día fue mi padre».

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