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La endiablada matemática que dejan las urnas en Israel: por qué Netanyahu lo tendrá 'crudo' para formar una mayoría de Gobierno

Publicado: octubre 29, 2026, 3:00 am

Israel ha votado, pero el resultado de los comicios de este martes no aporta una solución de Gobierno, al menos no una fácil. Con el escrutinio aún por finalizar, el Likud, el partido de Benjamin Netanyahu, habría sido el más votado. Sin embargo, ni él su principal rival, Gadi Eisenkot, habrían conseguido la mayoría para formar Gobierno.

En Israel se trata de alcanzar 61 escaños para obtener una mayoría de gobierno en la Knéset, el parlamento de 120 miembros. Los datos, aún provisionales, indican que ningún bloque va a obtener los 61 asientos. Hay un camino largo y complicado por delante antes de que se pueda decir con certeza quién será el próximo primer ministro de Israel.

El recuento final de los votos llevará varios días. Las proyecciones actuales indican que el bloque del Likud obtendrá 53 escaños, una cifra inferior a los 68 escaños de la coalición saliente. Los partidos que se oponen a Netanyahu suman menos, ahora mismo 48 asientos. Y los dos partidos árabes, la izquierdista Lista Conjunta y Raam, rondan los 19 escaños, frente a los 10 que sacaron en 2022.

El Likud ha exigido a la Policía israelí y al Shin Bet que investiguen posibles irregularidades en los colegios electorales de las comunidades árabes, a las que acusó de «robar las elecciones» después de que la participación se disparase en esas localidades. «Han sido robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la destrucción del Estado judío. Esto se llevó a cabo mediante graves delitos, que incluyen sobornos, amenazas, violencia, falsificación y el uso de software prohibido para movilizar a los votantes», afirmó el partido en un comunicado publicado en sus canales.

Los opositores tienen dos problemas: se encuentran fragmentados y divididos entre la derecha, la izquierda y el centro y tendrían que necesitar el apoyo de los partidos árabes. Para gobernar, Eisenkot debería conseguir el apoyo de los partidos árabes, un escenario que no todos los líderes de la oposición están dispuestos a aceptar, según el análisis de Tal Shalev en CNN News. Pero el líder de la Lista Conjunta, Yusef Jabarin, ha señalado que su formación se abre a pactos para una alternativa a Netanyahu. «Cualquiera que quiera ofrecer una alternativa sustancial y genuina al Gobierno de Netanyahu, marcado por el derramamiento de sangre, tendrá que hablar con nosotros para allanar el camino hacia el cambio que el pueblo israelí anhela», ha afirmado Jabarin.

Largas negociaciones, coaliciones frágiles

El país tiene un sistema de representación proporcional puro, de modo que hay una sola circunscripción, distribuyendo escaños legislativos basados estrictamente en el porcentaje de votos que recibe cada lista. La necesidad de esos 61 escaños convierte cada elección en una lucha posterior a la votación, donde los intereses de las facciones más pequeñas a menudo tienen una gran influencia sobre los principales partidos que intentan formar una administración de trabajo.

La dinámica política que han confirmado las urnas sigue dividiendo Israel entre el bando a favor de Netanyahu —encabezado por el Likud, junto con aliados ultraortodoxos y de derecha— y una oposición contraria a Netanyahu, compuesta por partidos de centro, de izquierda y formaciones lideradas por árabes.

Lo habitual, y es el caso, es que ningún bloque tenga los 61 escaños. La endiablada matemática que dan las urnas de este 27 de octubre va a conducir a una negociación política prolongada, acuerdos de coalición frágiles a corto plazo o, incluso, nuevas elecciones.

Incluso cuando una coalición asegura 61 escaños, la estabilidad sigue siendo difícil de alcanzar. Las alianzas multipartidistas requieren compromisos constantes, pero si una sola facción o algunos legisladores retiran el apoyo, el gobierno pierde su mayoría al instante. La vulnerabilidad estructural es permanente.

El problema del umbral del 3,25%

  • Un factor crítico que impulsa el estancamiento recurrente de Israel es el umbral electoral del 3,25%. El umbral requiere que un partido asegure aproximadamente cuatro escaños de la Knesset en votos para entrar en el parlamento. Sin embargo, este corte frecuentemente crea distorsiones matemáticas. Cuando los partidos más pequeños están justo por debajo de la marca del 3,25%, cientos de miles de votos se descartan por completo. Estos votos desperdiciados inclinan dramáticamente la asignación final de asientos entre las listas sobrevivientes, a menudo quemando bloques políticos completos y alterando el equilibrio de poder entre las facciones.

¿Quién podrá formar gobierno?

Isaac Herzog es el presidente de Israel, cargo fundamentalmente simbólico. Sin embargo, tendrá ahora la responsabilidad de encargar la formación del próximo gobierno a un líder político.

El presidente invitará a su residencia en Jerusalén a los representantes de todos los partidos que hayan superado el umbral mínimo (el 3,25 % de los votos válidos) para pedirles que recomienden a un candidato para ocupar el cargo de primer ministro. Netanyahu, Eisenkot… pero también podría ser cualquier otra persona, o incluso nadie.

Ha habido casos en los que el líder de un partido relativamente pequeño recibió el mandato del presidente y logró formar gobierno. Fue el caso de Naftali Bennett en 2021. Se convirtió en primer ministro a pesar de haber obtenido solo siete escaños, aun cuando el Likud de Netanyahu era el partido más grande, con 30.

El candidato elegido por el presidente dispone de 28 días —con la posibilidad de solicitar una prórroga de 14 días adicionales— para formar gobierno. Si no lo logra, el presidente repite el proceso y pide a los partidos que recomienden nuevamente a un candidato (ya sea el mismo u otro distinto). Si, tras dos rondas de este tipo y una tercera ronda de 21 días gestionada por la Knéset, no se logra formar gobierno, el país debe acudir nuevamente a las urnas.

Sea Netanyahu o sea Eisenkot, en las negociaciones con otros partidos, esta vez uno de los puntos prioritarios será el proyecto de ley relativo a la exención del servicio militar para decenas de miles de hombres ultraortodoxos (haredim), apunta Ran Porat, investigador de la Universidad Reichman de Israel, en The Conversation.

El bloque de Eisenkot ha acordado, por unanimidad, garantizar el alistamiento de estos hombres en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Por su parte, los partidos haredim (Shas y Judaísmo Unido de la Torá) exigirán que dicha exención quede consagrada legalmente. El partido Sionismo Religioso —de derechas y alineado con Netanyahu— apoya el reclutamiento de los ultraortodoxos, pero aboga por alcanzar un acuerdo con los partidos haredim en lugar de imponerles la medida por la fuerza.

El papel de los árabes

Tradicionalmente, los partidos árabes se han mantenido al margen del gobierno, utilizando las negociaciones de coalición para obtener partidas presupuestarias. Sin embargo, el partido Ra’am, liderado por Mansour Abbas, aspira a integrarse en una coalición que excluya a Netanyahu, tal como hizo en 2021. Es por ello que, en el segundo puesto de su lista, figura el sionista Yoav Segalovitch.

No obstante, Ra’am se enfrenta a la oposición desde dentro del propio bloque de Eisenkot, ya que las formaciones sionistas han declarado que no compartirán coalición con partidos árabes.

Mientras se negocia, Netanyahu permanecerá al frente del gobierno interino —con ciertas limitaciones— hasta que se constituya un nuevo ejecutivo. El proceso podría prolongarse durante meses.

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