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Audio: el jefe policial que intentó detener la «invasión» a Ceuta cerrando «la puerta», y abandonó obligado por un guardia civil

Publicado: octubre 28, 2026, 9:07 am

«Me dijo: ‘Qué está haciendo usted’. Y yo le dije: ‘Pues cerrar la puerta, porque nos están invadiendo’«.

Un guion escrito por Gila pudo escucharse en la frontera de EL Tarajal en pleno asalto por parte de 90.000 personas el pasado 30 de julio, tal y como se escuchó hace varios días en la Audiencia Nacional, en Madrid.

«Era una avalancha sin pies ni cabeza, de gente que muchos de ellos no sabían ni adónde iban… Y cuando me puse en la puerta para cerrarla y que no pasaran, el guardia civil me empezó a gritar fuera de sí que no hiciera eso, que si la multitud se taponaba y caían al mar y se ahogaban iba a ser responsabilidad suya. Aquel hombre estaba fuera de sí, incluso me puso un dedo en el pecho, así que para evitar una posible detención me eché unos metros para atrás. Cerramos un tiempo la puerta, pero luego la abrieron. Por ahí pudieron pasar, en las horas que yo estuve ahí, diez o quince mil personas. Luego ya me tuve que ir a la ciudad, porque esa multitud estaba entrando en las tiendas y se estaban produciendo incidentes…».

Es el insólito testimonio ante la Justicia de un inspector jefe de Policía Nacional que se plantó en la frontera de El Tarajal el 30 de julio, hacia las 10.30 horas de la mañana, y asistió a un fenómeno histórico que, ágil, supo calificar en el momento: la «invasión» del límite por miles de magrebíes -el agente asegura que los 2.000 subsaharianos no entraron a Ceuta por ese lugar-, en una especie de ‘Marcha Verde’ como la del Sáhara en 1975, que a punto estuvo de arrasar la ciudad autónoma.

EL MUNDO ha tenido acceso al audio del testimonio del agente, jefe de Seguridad Ciudadana del lugar hasta su jubilación justo el 5 de octubre pasado, dos meses después de los hechos, en su declaración ante la juez María Tardón, que investiga los hechos en la Audiencia Nacional.

En él aparte del pasmo por lo que estaba sucediendo -«había un río humano», describe el hombre, anonadado-, y de la ausencia de órdenes -«nadie nos avisó de nada»-, llama la atención el descontrol entre Policía y Guardia Civil a la hora de enfrentar la situación: él quería «cerrar la puerta, porque así me lo dictaban mis conocimientos de Seguridad Ciudadana», dice, pero el mando de la Guardia Civil que allí se encontró quería hacer lo contrario.

En los prolegómenos de su declaración, el agente le explica a la juez Tardón que «el año ya había triplicado o cuadruplicado las entradas de años anteriores», refiriéndose a lo que iba de 2026 hasta ese 30 de julio, «pero en las últimas semanas el incremento era exponencial, mis agentes estaban hipotecados en eso, había 200 ó 300 entradas al día».

«¿Ustedes habían recibido avisos de que podían repetirse hechos como los de 2021 con aquel asalto masivo?», le pregunta la magistrada al declarante: «Yo, como jefe de brigada, no recibo ninguna comunicación de mi cadena de mando». «¿A usted no le avisan ni alertan de lo que pueda pasar?», insiste Tardón. «No», es la respuesta.

El inspector jefe estaba en una operación cuando recibe la noticia de que una multitud está penetrando por El Tarajal. «Desde Marruecos había un río humano, el mar estaba lleno de cabezas y se perdía hasta donde permitía la vista», narra.

¿Qué hizo entonces?, se le pregunta. «Como veo que el flujo es brutal me dirijo a cerrar la puerta, la avalancha había que cerrarla o atenuarla, y mis conocimientos de Seguridad Ciudadana me decían que había que cerrar, pero el guardia civil que estaba allí, fuera de sí, me dice que qué estaba haciendo. Digo: ‘Pues cerrar la entrada a España, porque nos están invadiendo’. Me dice: ‘Deja de hacer esto, porque yo soy el responsable y si se produce un tapón pueden caer al mar, y si se ahogan es mi responsabilidad'».

El insólito choque se convirtió, así, según este testimonio, en «una disputa». «La cerramos unos minutos pero la volvieron a abrir. Apareció el jefe de gabinete de Delegación del Gobierno, que habló con el teniente coronel. No sé se qué hablaron, pero la puerta se abrió, y me gritaron y me dijeron que me fuera. Estábamos discutiendo y me tuve que echar cinco metros para atrás, para evitar una posible detención, porque el guardia civil llegó a ponerme el dedo en el pecho. Pensé: ‘Este hombre no está en sus cabales’. Los guardias hacían señas a la gente de ‘a la ciudad, a la ciudad’«.

Tardón pregunta entonces al policía qué hizo: «Llamé a la superioridad, al jefe superior, que me dice: ‘Haga usted lo que crea conveniente’. Nos estaban invadiendo, era una avalancha sin pies ni cabeza, y lo único que pude hacer fue una barrera para desviarlos hacia El Tarajal o Loma Colmenar, para que no se fueran directos a la ciudad, porque toda aquella gente en la ciudad…».

El increíble testimonio termina, en lo tocante a esa disputa, de la siguiente forma: «Aguanté cinco horas, hasta que me dicen que hay problemas en la ciudad, que la avalancha estaba entrando en colegios, que los niños estaban asustados».

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