Publicado: octubre 28, 2026, 1:07 am
Lérida es, desde hace 16 años, la ciudad pionera en España en el intento de vetar legalmente el uso del burka y el niqab en determinados espacios. Tras una ordenanza de 2010 que prohibía el velo integral en los equipamientos municipales, anulada en 2013 por el Tribunal Supremo, el Ayuntamiento de esta capital de provincia catalana retomó la iniciativa, hace justo un mes, con varias modificaciones en su Ordenanza de Civismo y Convivencia, vigente desde 2007, aprobadas con los votos a favor del equipo de gobierno del PSC (nueve concejales), Junts (5) y Vox (2) y el no de PP (5), ERC (5) y Comú de Lleida (1).
En esa sesión plenaria del 25 de septiembre, uno de los puntos más controvertidos fue el artículo 12, que especifica que «estará prohibido llevar cualquier prenda de ropa, vestimenta u otra indumentaria que oculte el rostro en los espacios públicos». La norma impone una sanción leve a su incumplimiento, con multas de entre 400 y 750 euros y una advertencia previa.
La fragmentación del bloque de la derecha, con los ediles populares compartiendo el voto en contra [por motivos opuestos] con republicanos y comunes, tiene su razón de ser en la excepción de la norma, que el PP considera que desvirtúa el veto. «La prohibición no rige en sitios de culto, en espacios donde sea normal o habitual ir con el rostro cubierto en atención a las costumbres sociales aceptadas o cuando se haga en ejercicio de un derecho fundamental de acuerdo con la normativa vigente», indica el texto aprobado en fase inicial y que deberá ser ratificado tras el periodo de exposición pública para la presentación de alegaciones.
Anulación del Supremo
Con esta salvedad y sin citar expresamente el burka y el niqab, la Paeria [nombre tradicional del Ayuntamiento de Lérida con raíces medievales] pretende evitar que la Justicia vuelva a tumbar la regulación municipal sobre este asunto. Y también con su enfoque hacia el civismo sin contraponerlo a la libertad de culto. Hace 13 años, tras el recurso de la asociación musulmana Watani, el Tribunal Supremo dictaminó que los ayuntamientos no tienen competencias para limitar un derecho fundamental como la libertad religiosa y apuntó que, para ello, es menester una ley estatal.
En su sentencia, además, el TS consideró injustificado que el uso del velo integral perturbase «la tranquilidad ciudadana, la seguridad y el orden público» y que la medida del Consistorio que gobernaba el socialista Àngel Ros, apoyada por CiU y el PP, fuese «necesaria para proteger la igualdad de la mujer».
El popular Xavier Palau, jefe de la oposición, asegura que «Lérida no ha prohibido nada, ha regulado cómo ir con el rostro cubierto por sus calles y ha facilitado su uso en los barrios más islamizados de la ciudad». El PP exige que el veto a las dos prendas que ocultan el rostro sea total, «sin excepciones». Su líder en la Paeria acusa al Gobierno local de Fèlix Larrosa de actuar «de cara a la galería» a menos de un año para las elecciones municipales: «Presentaremos alegaciones porque es un montaje político, han querido apropiarse de un tema de derechas y les ha salido el tiro por la culata». El Ejecutivo socialista subraya la importancia del plan socioeducativo, diseñado en paralelo a la ordenanza, dirigido a garantizar la «libertad de decisión» de las mujeres musulmanas.
Lérida, sexta ciudad más poblada de Cataluña por delante de Tarragona y Gerona, roza ya los 150.000 habitantes, un 23% de los cuales son inmigrantes, con Marruecos como primer país de origen (uno de cada cinco). Por continentes, África aporta el 45% de la población extranjera de la capital de la comarca del Segrià, donde la recolección de la fruta dulce de hueso y pepita dispara la cifra de trabajadores temporeros en verano.
Desde junio de 2020, ante la necesidad de garantizar el distanciamiento social y la higiene por la pandemia del covid, la Paeria centraliza la acogida de estas personas en pabellones de la Fira de Lleida, con un servicio completo de pernoctación, duchas, consigna y comedor. Una solución ante la insuficiencia de albergues que provocaba que muchos de ellos tuvieran que dormir al raso, situación que, no obstante, se sigue repitiendo en la capital y algunos municipios de la comarca.

