Cayetana Álvarez de Toledo, el valor de la palabra y la ambición política - España
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Cayetana Álvarez de Toledo, el valor de la palabra y la ambición política

Publicado: octubre 23, 2026, 6:07 am

Conocí a Cayetana mucho antes de que entrara en política. Me la presentó Lucía Méndez y, tras una comida, le encargué, con Víctor de la Serna, el resumen diario de prensa internacional para La Mañana de la COPE. Eso era nivel. Y no he dejado de seguirla desde entonces o de seguir con ella las aventuras y desventuras de la necesaria alternativa a un PSOE, entregado al comunismo desde Zapatero hasta la fecha, siempre en contra de España y de la libertad. El aprecio por la libertad lo trae de fábrica: por su padre, de la Resistencia francesa, por sus lecturas en Oxford, a la sombra de Elliott, y, sobre todo, por un impulso moral que la lleva a un activismo incansable en favor de las causas justas maltratadas por la historia. El amor a España, a su historia, su defensa frente a la Leyenda negra, le ha crecido dentro del PP, con tanta buena gente que se pierde en la política, pero no quiere perder la ilusión. Y eso es lo que supone verla de número dos por Madrid, una apuesta ilusionante de Feijóo por un partido de talento y de valores, por la negación de Sánchez y la jubilación de Maricomplejines.

La vi entrar en política como jefe de gabinete de Acebes, en el PP, y afrontar la legislatura proetarra de Zapatero tras el 11M. Pero, por encima de los avatares de partido, y de su conversión en la figura parlamentaria más importante de las últimas legislaturas, la he visto en otros menesteres menos brillantes, más sacrificados, donde sólo se comparten penas y se reparten amarguras. Durante veinte años, Cayetana ha sido y es el gran apoyo de las víctimas del comunismo de Cuba, de Colombia o de Venezuela, con algo que siempre se ha considerado femenino: el cuidado. Cayetana, nadie lo diría, cuida al preso, al familiar, se preocupa del detalle personal, tiene siempre el teléfono clandestino, sabe de la oculta debilidad de un partido, del protagonismo que puede debilitar una buena causa. Mima la discreción.

La recuerdo con Lilian Tintori en la cárcel de Ramo Verde, centro torturador de Delcy la de Trump y Sánchez, dando voces para saber si su marido estaba vivo o muerto. Hace unos meses, me presentó a la familia de Edmundo González, maltrecho tras el infame episodio de tortura zapateril de la embajada española. Cayetana está siempre en esa trinchera donde no se reparten medallas, y eso no lo sabe o no lo aprecia casi nadie. Pero no es fúnebre o melancólica, al revés, tiene un optimismo casi patológico, reaganiano, como el de Ayuso. Le pueden caer chuzos de punta, en la Universidad de Barcelona o en RAC1, que ella siempre dirá que se puede salir, y que España saldrá, de cualquier crisis. Es incansable, aunque se agote, es inagotable, aunque no pare. Un fenómeno.

El PP y el Gobierno que, salvo pucherazo, saldrá del 29N, va a tener un problema internacional de imagen verdaderamente terrible. Y no hay muchas figuras políticas en la derecha como Cayetana, que puede hablar en perfecto francés en la Asamblea, en perfecto inglés en los Comunes, y en Hispanoamérica, donde es popularísima, en su español de Sarmiento. Tiene ideas, tiene valores, tiene talento, es dialécticamente implacable, y tiene la edad justa para una tarea sacrificada, heroica, de servicio a España, donde tanto talento, cultura y moral nos faltan. Es ambiciosa, como era obligado en la España que fue importante. En su primera entrevista, citó como las dos referencias para la reconstrucción del papel internacional de España, a Zelenski y a María Corina Machado. La veo en Kiev, la veo en Caracas, la veo en la urna. El 29 hay que votar por obligación. Y en algunos casos, como este, por placer.

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