Publicado: octubre 18, 2026, 6:50 am

Francia vivió este sábado una jornada de protestas sociales en todo el país secundadas por distintos colectivos —estudiantes, sindicatos, ‘chalecos amarillos’ o agricultores— que derivaron en uno de los peores disturbios y escenas violentas que se recuerdan en ese país desde las manifestaciones de los ‘chalecos amarillos’ de 2018. El caos, los enfrentamientos con la policía y los saqueos han provocado un muerto y 1.200 detenidos, mientras que 150 policías y gendarmes han resultado heridos.
En París, epicentro de las protestas, una persona ha muerto durante la jornada de disturbios tras sufrir una parada cardiorrespiratoria, ha informado la Prefectura (delegación del Gobierno), mientras que el balance de detenidos solo en la capital ha ascendido a 855 hasta este domingo por la mañana. Por su parte, los enfrentamientos y actos vandálicos han dejado también 13 policías y gendarmes y dos bomberos heridos mientras desempeñaban sus funciones, según las autoridades.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha afirmado que tras esta violencia hay una maniobra política y ha responsabilizado la izquierda radical. En una comparecencia ante la prensa poco antes de la medianoche del sábado, Lecornu ha indicado que su ministro de Justicia, Gerald Darmanin, ha dado instrucciones a los fiscales para que pidan prisión provisional para los detenidos, ya que presentan «perfiles particularmente violentos y peligrosos».
«No se puede permitir que una minoría destroce y que sean siempre los mismos los que pagan», añadió después de haber hecho hincapié en que en París se habían intentado atacar «los centros de poder» como el palacio del Elíseo, Matignon, que es la residencia oficial del primer ministro, o la Asamblea Nacional.
«Por lo tanto es claramente una maniobra política que acepta la violencia», añadió antes de subrayar que «no nos dejaremos intimidar».
Los alcaldes de París, Marsella y Lyon, tres de las ciudades más afectadas por los destrozos y los pillajes, han solicitado una reunión con Lecornu a principios de la próxima semana, «dada la magnitud de los daños y la gravedad de la situación» relacionada con la violencia, el vandalismo y los saqueos ocurridos en sus ciudades el sábado.
«Exigimos un diagnóstico preciso que explique la cadena de acontecimientos que condujeron a esta situación. Esto no puede ni debe volver a ocurrir», escribieron el socialista Emmanuel Grégoire (París), el independiente de izquierdas Benoît Payan (Marsella) y el ecologista Grégory Doucet (Lyon) en un comunicado conjunto.
Los tres cargos electos afirmaron que incluyen a todos los alcaldes de los municipios afectados en su iniciativa.
Las manifestaciones que se desarrollaron por todo el país con una larga lista de reivindicaciones y convocadas por un variado conglomerado de colectivos, empezando por los estudiantes, pero también miembros de los ‘chalecos amarillos’ o empleados de servicios públicos reunieron a 550.000 personas, según el Gobierno y hasta más de 800.000, según los organizadores.
Una asistencia masiva (fueron 110.000 sólo en París, de acuerdo con el Ministerio del Interior), que superó muy ampliamente las expectativas del Ejecutivo, que en vísperas de esta jornada había indicado que serían como mucho 150.000 en todo el país.
Otra sorpresa relativa fue el nivel y la amplitud de la violencia en muchas ciudades, con ataques a edificios públicos (el que más marcó la destrucción por un incendio del histórico edificio del Ayuntamiento de Limoges) y saqueos de cientos de comercios.
