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El Rey fue informado a posteriori de la invasión marroquí de aguas españolas y se implicó con la cúpula militar

Publicado: octubre 14, 2026, 2:07 am

Actualizado Martes,
13
octubre
2026
–
23:00

Cada gesto de Casa Real tiene detrás un motivo y un porqué. La invasión de Ceuta por miles de inmigrantes cruzando la frontera del Tarajal el 30 de julio fue concebida desde el principio por el Rey como una violación de la frontera, un ataque a la integridad territorial de España, y no como una crisis migratoria. Dos meses y medio después de aquello, la «gran preocupación» e «indignación» con la que Felipe VI siguió los acontecimientos y sus pasos posteriores cobra más sentido que nunca.

Porque el salto masivo fue acompañado de una incursión de la fragata insignia de la armada marroquí en aguas españolas. Una información que hasta ahora había sido ocultada por el Gobierno y el Ministerio de Defensa, y que fue confirmada sólo tras la publicación de la misma en El País. Ahora, este diario ha podido confirmar que Felipe VI fue informado a posteriori del episodio. Esto fue lo que, con toda lógica, aumentó su preocupación e hizo situar el acontecimiento dentro del contexto de guerra híbrida y como una violación a la frontera sur de España y de la Unión Europea. Y todo cobra sentido.

Fue patente la especial preocupación del Rey en Palma de Mallorca, donde cruzó llamadas con el presidente autonómico, Juan Jesús Vivas, y realizó un gesto insólito de invitarle a Marivent para mantener una audiencia. De ese encuentro privado, lo primero que dijo el presidente de Ceuta fue que el Rey se había comprometido a visitar la ciudad autónoma lo más pronto posible. No era casual, sino un mensaje transmitido por Vivas para ‘acelerar’ los tiempos y que la presencia de la Jefatura del Estado en la ciudad autónoma sucediera lo antes posible. Porque el mandato constitucional, que define al Rey como «símbolo de unidad y permanencia», le obliga a estar en aquel lugar donde se quiere romper la unidad de España. Y es lo que sucedió en Ceuta. Donde el vecino Marruecos quiso medir la vulnerabilidad de un territorio que considera ocupado.

A la preocupación constante que el jefe del Estado ha sentido por Ceuta se suma su papel como capitán general de las Fuerzas Armadas. Un rol que también es un mandato constitucional, expresado en el artículo 62, que atribuye al Rey «el mando supremo de las Fuerzas Armadas». Por ello, y por lo acontecido con la armada marroquí, se entiende ahora mejor que nunca que el 7 de septiembre, cuando se había normalizado el ritmo laboral tras las vacaciones, Don Felipe citara en Zarzuela a la cúpula militar.

En una reunión fuera de agenda y que fue distribuida a posteriori, el Monarca recibió a la ministra de Defensa, Margarita Robles, al Jefe de Estado Mayor de la Defensa, Teodoro Esteban López-Calderón; y a los principales mandos de Ceuta. Juntos analizaron la situación en la ciudad autónoma y le contaron las misiones y los despliegues en la localidad que es, junto a Melilla, la que cuenta con mayor densidad de militares por habitante. En Ceuta hay ahora mismo más de tres mil soldados desplegados por la crisis tras la violación de la soberanía territorial. Aunque la cita con la sociedad ceutí en el Parador acogió a 300 personas, hubo bastantes invitados del ámbito castrense en la misma. De hecho, Don Felipe pidió tener un aparte con los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado allí congregados, unos 30; a los que quiso transmitir un mensaje de cariño y ánimo, consciente de los dos meses de duro trabajo que llevan.

A estos elementos y para completar todas las piezas del puzle que hacen entender la actitud del Rey se suma otra: el Monarca no llamó en ningún momento a Mohamed VI. Así como su padre tenía una relación fluida con el rey alauita, el Rey no comparte valores con su homólogo marroquí. La falta de comunicación, que tampoco se produjo previa a la histórica visita a Ceuta, se comprende mucho más tras saber la amenaza a la integridad territorial española que cometió Marruecos. A esa actitud de silencio se suma el mensaje que Don Felipe ha enviado en su discurso en Ceuta. Un mensaje a Marruecos diciendo que España quiere una buena vecindad, pero pasa por tener un socio leal.

Don Felipe, que encarna en sí mismo la Constitución, encadena crisis desde que es rey: un desafío soberanista, inestabilidad institucional, crisis dentro de la propia Monarquía. Pero se enfrenta ahora a un nuevo capítulo con la violación de la soberanía nacional por parte de Marruecos. Con la Constitución como guía, sin salirse de su mandato, Felipe VI ha dado un paso al frente por España.

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