Publicado: octubre 6, 2026, 4:08 pm

Sobre el papel, la legislatura que termina ha sido la de los contrastes. La de unas cifras económicas sólidas, con un fuerte crecimiento del PIB y del empleo y en la que las familias han recuperado renta disponible; pero también ha sido un periodo en la que la transferencia de esa mejora al bienestar de los hogares ha sido desigual y se ha visto limitada por el efecto de la inflación acumulada, por el encarecimiento de la vivienda y por una distribución de la riqueza muy favorable a aquellos que ya eran propietarios de inmuebles.
España ha resistido un entorno de incertidumbre a nivel internacional como la economía más dinámica entre las grandes de la Eurozona. Su crecimiento se ha mantenido robusto y ha despuntado también con respecto a otros países desarrollados. Sólo el año pasado el PIB avanzó al 2,6%, pese a agravarse la tensión en Oriente Próximo y Ucrania o la guerra de aranceles.
El crecimiento de la actividad ha estado respaldado en buena medida por el tirón del mercado de trabajo, que alcanzó el récord de 22,4 millones de cotizantes a cierre de septiembre, y ha venido generando a su vez una recaudación histórica para las arcas públicas a través de las principales figuras tributarias. La tasa de paro ha caído hasta el 9,87%, en mínimos desde 2008, antes de que estallase la crisis financiera.
El contrapunto a estas cifras lo ha puesto el precio de la vivienda, que se ha disparado de media más de un 36% entre el segundo trimestre de 2023 y el mismo de este ejercicio, según el índice de Precios de la Vivienda que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE). En el caso del alquiler -y a falta de cifras oficiales- se ha encarecido de media un 23% a lo largo de la legislatura, de acuerdo con los datos que recaba el portal inmobiliario Idealista.
Estas subidas han provocado que alquilar una vivienda sea de media unos 379 euros más caro al mes que pagar una hipoteca, lo que ha consumido una parte notable del presupuesto de las familias y, en muchos casos, les ha impedido ahorrar. Para los jóvenes esa ha sido una barrera infranqueable a la hora de poder acceder a una vivienda en propiedad. Es lo que EAE Business School denomina «la trampa del ahorro imposible».
La última Encuesta Financiera de las Familias publicada por el Banco de España viene a corroborar esta idea. La tasa de hogares con una vivienda en propiedad se sitúa en mínimos históricos, en el 70,6%, muy por debajo del máximo del 82,5% registrado en 2011. En el caso de los menores de 35 años, el porcentaje de quienes poseen un inmueble en propiedad se reduce hasta el 36,7%.
Llenar la cesta de la compra no ha sido más fácil. Incluso en los momentos en los que la inflación apenas ha subido, los precios se encontraban ya en un nivel elevado por los incrementos que han venido registrando desde la pandemia de Covid, algo que ha sido más evidente en el caso de la alimentación y de los servicios.
“El consumo de los hogares ha presentado en España una debilidad considerable tras la pandemia y su recuperación ha sido menos intensa de lo que habría cabido esperar según la evolución de sus rentas”, apunta el organismo capitaneado por José Luis Escrivá en su Boletín Económico. Desde CaixaBank Research añaden que si la inflación en bienes básicos (vivienda, energía, alimentos o servicios) se mantiene o sube, el poder adquisitivo real de los hogares puede no mejorar, incluso aunque suba la renta nominal.
Por ello, parte del crecimiento puede concentrarse en sectores productivos específicos, inversión o servicios, pero no necesariamente en los que emplean a la mayoría de hogares, por lo que «la distribución del crecimiento no es homogénea». En la entidad ponen como ejemplo la vivienda, cuyas tensiones hacen que, incluso con una economía que avance a buen ritmo, comprar o alquilar un piso siga siendo difícil para muchos hogares, lo que incrementa la presión sobre los ingresos disponibles.
