Publicado: julio 21, 2026, 1:07 am
El difÃcil equilibrio entre Marruecos y Argelia. Si hay algo que los diplomáticos aprenden al ingresar en la Carrera Diplomática es que las relaciones exteriores de España tienen un amplio capÃtulo centrado en esos dos paÃses, vecinos entre sà y de la PenÃnsula, socios económicos clave, pero también fuente de problemas. Cuando Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2018, su primera legislatura al frente del Gobierno estuvo marcada por el insólito hito de lograr enemistarse con el reino alauita y su vecino del Este. Hasta el sanchismo, cuando el Ejecutivo beneficiaba a uno de los dos paÃses, recibÃa la frialdad del otro. Eso cambió en 2021.
Marruecos y Argelia mantienen, desde su descolonización, una enemistad histórica. PaÃses vecinos, están enfrentados por las fronteras heredadas del periodo colonial y también por el Sáhara Occidental. Mientras Mohamed VI defiende un plan de autonomÃa para el territorio y consolida su control sobre él, Argelia se ha convertido en el principal apoyo polÃtico y diplomático de los saharauis, además de acoger a decenas de miles de refugiados, que viven asentados en campamentos en la hamada argelina, cerca de Tinduf. En 2021, el Ejecutivo español decidió acoger al lÃder del Frente Polisario, Brahim Ghali, por motivos sanitarios y alegando que era un ciudadano con pasaporte español que viajaba a la PenÃnsula. La respuesta de Marruecos fue agravar la crisis que ya habÃa empezado en 2018 y provocar una crisis migratoria, con la llegada a Ceuta de miles de migrantes cruzando a nado por el espigón del Tarajal.
Para resolver esta situación, que llevó a que el intercambio comercial entre ambos paÃses quedara prácticamente a cero, el Gobierno pactó una hoja de ruta con el paÃs alauita cuyo principal punto consistÃa en respaldar el plan de autonomÃa sobre el Sáhara como la solución más realista para un conflicto que lleva cinco décadas enquistado. Sánchez tomó esta decisión de abandonar la neutralidad española sin llevarla a las Cortes y de forma sorpresiva. La respuesta de Argelia fue suspender el Tratado de Amistad.
Fuentes diplomáticas explicaban entonces que para España era prioritario reanudar las relaciones con Marruecos, pese al coste de la ruptura con Argelia. Además, insistÃan en que el suministro de gas, principal negocio entre España y Argelia, al ser este paÃs su principal proveedor de gas natural, no se suspenderÃa. Asà fue, pero muchos empresarios vieron lastrados sus negocios porque sus proveedores locales reconocÃan que no les permitÃan importar productos españoles.
Fueron más de dos años de congelación de las exportaciones que una intensa labor diplomática trataba de resolver, pero Argelia dio varias muestras de que tenÃa el control de la solución al conflicto. Una de las más evidentes se produjo el 11 de febrero de 2024. Ese dÃa, el Gobierno canceló la visita del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, al paÃs. Un viaje que se anuló apenas 12 horas antes de su inicio, con una parte del equipo del Ministerio ya desplazada a Argel trabajando en los preparativos, y que se suspendió alegando «problemas de agenda» sobrevenidos, aunque fuentes diplomáticas aseguraban que fueron las supuestas «exigencias» del ministro español las que llevaron a Argel a cancelar el encuentro.
Poco más de un año después, el pasado 26 de marzo, el jefe de la diplomacia española logró que le recibieran en el paÃs, una vez los intercambios comerciales habÃan repuntado y regresado a cifras previas a la crisis. AsÃ, en 2025, España exportó a Argelia por valor de 2.133 millones de euros, lo que supuso un incremento del 270% respecto a 2024. Aquel encuentro fue el precedente del celebrado ayer, con Pedro Sánchez y la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, además del propio Albares.
Una minicumbre con la que ambos paÃses buscan abrir una nueva etapa en las relaciones, motivada también por el aislamiento internacional que sufre Argelia, lo que le ha llevado a adoptar una posición más pragmática respecto al Sáhara. De hecho, el tema no se abordó en el encuentro porque incluso en Argel existe disposición a sentarse a negociar el plan de Rabat, algo impensable hace unos años. Al mismo tiempo, el fortalecimiento de Marruecos en el panorama internacional ha servido para que Argelia quiera recuperar la relación con antiguos socios.

