Publicado: julio 14, 2026, 10:08 am

La apuesta de Marruecos por la desalación para hacer frente a la crisis hídrica ha abierto una importante oportunidad de negocio para las empresas del sector. Con el objetivo de alcanzar una producción anual de 1.700 millones de metros cúbicos de agua desalinizada en 2030, el plan ha despertado el interés de las referencias españolas, que ya controlan algunas de las mayores desaladoras del reino alauí. Uno de los grandes proyectos en ciernes es el proyectado en la ciudad de Tánger, al norte del país, para levantar una desaladora con una capacidad estimada de 150 millones de metros cúbicos anuales.
Detrás de este proyecto está la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable (ONEE) de Marruecos, que ha apostado por un esquema de asociación público-privada (APP) para financiar, construir y operar la infraestructura. Este proceso, indican fuentes conocedoras a este periódico, ha atraído el interés de Cox, que ha activado la maniobra para posicionarse en la licitación. Si bien medios locales sitúan a Acciona en el radar de este contrato, otras fuentes al tanto descartan su participación. Cabe precisar que el grupo que dirige José Manuel Entrecanales participa en el consorcio que firmó el año pasado la financiación de la desaladora de Casablanca, la más grande de África, por 6.500 millones de dirhams (611 millones de euros al cambio actual).
En el caso de Cox, la energética que preside Enrique Riquelme ya conoce el terreno. La compañía viene intensificando su actividad en este mercado después de acordar hace un año la ampliación de su planta desaladora en Agadir. La operación, rubricada junto al Ministerio de Agricultura local, implica 125.000 metros cúbicos diarios a una capacidad ya instalada de 275.000 y abarca además la construcción de un parque eólico de más de 150 MW, con una inversión conjunta de 250 millones de euros entre 2025 y 2027. En total, la firma mantiene en cartera cinco activos de agua que superan los 945.000 m³/día, siete proyectos de generación de energía en operación y tres concesiones de líneas de transmisión.
Infraestructura clave en su estrategia hídrica
De vuelta a la desaladora de Tánger, las autoridades marroquíes han metido una marcha más al proyecto que lleva un año anunciado desde el seno de la administración. El pasado abril, de hecho, la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable (ONEE) puso en marcha la fase de selección de un consultor para dirigir la asistencia técnica, financiera y jurídica de las obras, con el objetivo de acelerar el inicio de unos trabajos cuyo calendario inicial prevé su finalización entre finales de 2028 y 2029.
Si bien no ha trascendido la inversión prevista para esta infraestructura, su relevancia cobra una dimensión estratégica ante la grave escasez de agua que sufre la región. Históricamente, Tánger ha dependido de las presas de Ibn Battouta y Kharroub, así como de unos limitados recursos de agua subterránea. Sin embargo, la prolongada sequía ha reducido drásticamente estas reservas, comprometiendo el suministro de agua potable.
Detrás de estas inversiones se encuentra una hoja de ruta en la que Marruecos quiere reducir progresivamente su dependencia del carbón, incrementar el peso del gas natural y elevar el de las energías renovables hasta el 52% de la capacidad instalada en 2030, frente al 45% actual. Al mismo tiempo, el Ejecutivo pretende que el 60% del agua potable proceda de la desalación, un objetivo que pasa por alcanzar los 1.700 millones de metros cúbicos anuales de producción previstos para 2030.
