Publicado: julio 4, 2026, 6:29 am

No resulta fácil caminar por Bruselas con un termómetro que marca más de 35 grados y encontrar una amplia sombra. No faltan parques, de hecho es una de las cualidades más importantes de la ciudad; hay zonas verdes, pero lo que ha demostrado la última ola de calor es que quizás no son estratégicas. La realidad es que Europa no está preparada para esas temperaturas extremas en muchos casos y navega entre la duda por la canícula y la presión para que las soluciones que se planteen no disparen la factura energética.
De hecho, Bruselas recopilará medidas para hacer frente a las olas de calor, pero asume que falta planificación urbanística y mejor refrigeración en muchas zonas, tal como han confirmado estos días fuentes comunitarias.
El centro de Europa no está acostumbrado a disponer por ejemplo de aire acondicionado en casa, y además la compra de ventiladores se ha disparado sobre todo para unas noches que, en la capital belga y otras ciudades como Londres o Berlín, encontraron termómetros por encima de los treinta grados bien entrada la madrugada. Además, hubo situaciones casi sin precedentes, como los raíles derretidos en Alemania o Austria, el uso de papel térmico en las ventanas en Francia para mantener las casas frescas o las clases suspendidas en algunas zonas del centro de Europa.
«El aire acondicionado es definitivamente una de las herramientas y, en algunos casos, una herramienta muy necesaria», reconocieron por ejemplo las mismas fuentes; eso sí, avisan del riesgo de fiarlo todo a la instalación de esos aparatos: se pueden terminar creando «islas» y que sea muy fácil pasar de 18 o 20 grados en interior a más de 35 fuera, generando así choques térmicos que pueden ser preocupantes.
La realidad es que el clima extremo es parte ya del día a día de los europeos, y así lo han confirmado datos manejados por la propia Comisión: los daños por fenómenos meteorológicos extremos alcanzaron 822.000 millones de euros entre 1980 y 2024, una cuarta parte de ellos concentrados únicamente en los cuatro últimos años.
En Bruselas asumen que falta preparación y que en muchos casos se llega tarde, sobre todo en las zonas menos acostumbradas a las olas de calor que, avisan, van a ser cada vez más frecuentes. En países como Bélgica, Alemania, Reino Unido o incluso Francia faltan muchos pasos por dar: por ejemplo, el cemento es el material principal en las edificaciones, y concentra el calor, lo cual es positivo en el invierno pero negativo a la hora de enfrentar la canícula. Eso sí, en el caso galo se han dado pasos que facilitan los momentos de más calor. De hecho, una de las imágenes más relevantes estos días fue la de miles de personas bañándose en el río Sena para hacer frente a las altas temperaturas.
La perspectiva, en todo caso, ha de ser urbanística, reconocen desde la Comisión Europea, pues advierten de que gran parte del parque inmobiliario del continente presenta un elevado grado de antigüedad, baja eficiencia energética y una escasa capacidad para hacer frente a episodios de calor extremo. Según subrayan las fuentes comunitarias, los edificios concentran cerca del 40% del consumo energético de la Unión Europea y generan alrededor del 36% de las emisiones, en un escenario en el que, aunque la calefacción continúa siendo el principal foco de demanda energética, las necesidades de refrigeración aumentan de forma constante.
Ante esta situación, Bruselas defiende la rehabilitación del parque edificatorio como una herramienta clave para mejorar la eficiencia energética de los inmuebles y reforzar su capacidad de adaptación a las altas temperaturas, al tiempo que contribuye a crear espacios más saludables. Además, recuerda que aproximadamente tres de cada cuatro edificios que existen en la actualidad seguirán en uso en 2050, lo que convierte la modernización de estas construcciones en uno de los grandes desafíos de las próximas décadas.
También se insiste en las instituciones europeas en la necesidad de poner el foco en los grupos vulnerables. El cambio climático está agravando los riesgos para las personas con discapacidad en Europa al aumentar la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como incendios e inundaciones. Sin embargo, las fuentes consultadas subrayan que el impacto desproporcionado que sufre este colectivo no responde a la discapacidad en sí, sino a las barreras estructurales de unos sistemas de gestión de emergencias que siguen sin ser inclusivos. Entre 2015 y 2022, al menos 48 personas con discapacidad murieron en instituciones de seis países europeos a causa de incendios e inundaciones, una cifra vinculada a la falta de planes de evacuación adaptados, la excesiva dependencia del personal y la ausencia de protocolos específicos. A ello se suman sistemas de alerta temprana que continúan basándose principalmente en señales sonoras o mensajes de texto convencionales, dejando fuera a personas sordas, con discapacidad intelectual o con necesidades de comunicación específicas.
No obstante, el Ejecutivo comunitario precisa que las competencias sobre cuestiones como la implantación de sistemas de climatización, la planificación urbanística o el diseño de las ciudades recaen principalmente en los Estados miembros, las administraciones regionales y los ayuntamientos. En este reparto de responsabilidades, la Unión Europea limita su actuación al establecimiento de normas para edificios y productos, así como al impulso de instrumentos de financiación destinados a fomentar la rehabilitación energética.
