Publicado: mayo 12, 2026, 6:08 am

El bloqueo del estrecho de Ormuz va camino de cumplir diez semanas con las negociaciones enquistadas. A la espera de si finalmente Estados Unidos e Irán acercan posturas, la amenaza de una crisis energética sin precedentes sigue encima de la mesa. El director ejecutivo de Saudi Aramco, Amin Nasser, ha advertido de la posibilidad de una «perturbación prolongada» del mercado petrolero debido a esta situación. Declaraciones que realiza en el marco de la presentación de los resultados trimestrales del gigante petrolero, que ha disparado sus ganancias más de un 25% en 2025 por la guerra, hasta los 32.035 millones de dólares (27.187 millones de euros).
«Si los flujos comerciales se reanudan inmediatamente a través de Ormuz, el mercado petrolero tardará unos meses en reequilibrarse (…). Pero si el comercio y el transporte marítimo siguen limitados durante más de unas pocas semanas a partir de hoy, prevemos que la interrupción del suministro persistirá y que el mercado no se normalizará hasta 2027″, ha expresado. Este comentario pone de relieve el creciente riesgo para la industria del ‘oro negro’ después de que el conficto haya entrado en su tercer mes con Estados Unidos e Irán mostrando pocos avances en las negociaciones destinadas a reabrir los flujos comerciales.
Las hostilidades han alterado los mercados ante la parálisis total del tráfico a través de esta vía marítima por la que transitan una quinta parte del suministro mundial y alrededor de un tercio de las exportaciones mundiales de nafta. Como resultado, la cotización ronda los 100 dólares el barril desde principios de marzo, frente a la franja de los 70 dólares en la que se movía antes de los ataques de la Casa Blanca.
Los mayores precios del crudo y de los productos refinados ayudaron a Aramco a registrar un incremento del 26 % en el beneficio neto ajustado del primer trimestre, que alcanzó los 126.000 millones de riales (33.600 millones de dólares), superando además las expectativas de los analistas. La compañía mantuvo el reparto de dividendos, crucial para la economía saudí. También señaló que vendió mayores volúmenes de crudo, combustibles refinados y productos químicos en comparación con el año anterior.
Si bien el ‘shock’ petrolero provocado por el cierre de Ormuz aún no ha hundido la demanda, ya que los países ricos están recurriendo a las reservas estratégicas y pagando más para asegurar el suministro, los operadores del mercado han comenzado a anticipar que se aproxima un ajuste severo. Cuanto más tiempo permanezca cerrada esta vía más tendrá que reducirse el consumo para alinearse con una oferta que se ha desplomado al menos un 10%. Pero para que eso ocurra, la población tendrá que comprar menos, ya sea porque los precios sean inasumibles o por la intervención de los gobiernos para forzar una reducción del consumo.
Un punto de inflexión crítico para el mercado del petróleo
La pérdida de suministro de 1.000 millones de barriles ya está garantizada, más del doble de las reservas de emergencia liberadas por los gobiernos poco después de que comenzara el conflicto a finales de febrero. «La destrucción de demanda ocurre en lugares que no son centros visibles de fijación de precios», declaró Saad Rahim, economista jefe de Trafigura Group, para añadir que ese ajuste ya está sucediendo, pero si continúa, tendrá que ser cada vez mayor». «Estamos en un punto de inflexión crítico», sostiene.
Aquellas industrias y mercados más dependientes -incluidas las plantas petroquímicas en Asia y Oriente Medio, así como los envíos de gas licuado de petróleo, un combustible esencial para cocinar en India- sufrieron las consecuencias de inmediato cuando Estados Unidos e Israel atacaron por primera vez a Irán el 28 de febrero. Ahora, con el estancamiento entre el presidente estadounidense Donald Trump y sus adversarios iraníes prolongándose, los efectos se están desplazando cada vez más hacia Occidente y hacia productos fundamentales para la vida cotidiana de los consumidores.
Escenarios extremos
«Como todavía no hay un desastre visible en Occidente, la gente cree que todo está bien y que el único efecto son unos precios algo más altos en las gasolineras», afirmó Cuneyt Kazokoglu, director de transición energética de FGE. Pero la destrucción de peticiones de combustible «llegará y ya está llegando en oleadas. Asia fue la primera, África es la siguiente. Europa ya está empezando a hablar de escasez de algunos combustibles y a sentir el impacto de los precios». En última instancia, en un mercado donde la solicitudes deben ajustarse a la baja para igualar una menor oferta, los precios del petróleo podrían ser el mecanismo que fuerce esa recalibración.
En escenarios extremos, donde únicamente el precio obligue al mercado a equilibrarse, FGE estima que el crudo tendría que dispararse hasta los 250 dólares por barril. Varios analistas han afirmado en privado que la enorme incertidumbre sobre la evolución del conflicto hace casi imposible modelizar el impacto sobre la demanda. Pero sin una resolución rápida, las consecuencias económicas podrían ser profundas. «Si dentro de tres meses no se logra ninguna reapertura, entonces el problema pasará a ser macroeconómico y el mundo estará al borde de una recesión», declaró Frederic Lasserre durante la cumbre FT Commodities Global Summit en Lausana, celebrada la semana pasada. La firma incluso ha realizado pruebas de estrés contemplando que el petróleo pueda alcanzar los 200 o incluso 300 dólares por barril.
Un área especialmente sensible son los llamados destilados medios, que incluyen el diésel. Los precios en Europa superaron los 200 dólares por barril el pasado marzo, el nivel más alto desde 2022. En India, los operadores de flotas de camiones se preparan para posibles racionamientos de combustible y para las primeras subidas significativas del precio del diésel en años. «Unas pocas semanas más y empezaremos a ver anuncios de problemas para asegurar el suministro de diésel; ese es el pilar de la economía mundial para mover mercancías», afirmó Vikas Dwivedi, estratega de Macquarie Group, en una entrevista para Bloomberg Televisión. «Cuando golpee al diésel, entonces todos lo sabremos y lo sentiremos», agrega.
