Publicado: mayo 10, 2026, 8:08 am

Las Letras del Tesoro vuelven a estar en el escaparate del ahorro conservador. La última subasta a 12 meses se colocó al 2,635% y el mercado ya mira de reojo a la barrera del 3%, ese nivel que en 2023 provocó colas en el Banco de España y convirtió la deuda pública en el producto estrella de miles de pequeños ahorradores.
La tentación ahora es evidente. Esperar a la próxima subasta para arañar unas décimas más de rentabilidad. Pero el riesgo está en que el mercado cambie antes de que llegue ese momento. Una caída del crudo, una distensión en Oriente Próximo o un Banco Central Europeo (BCE) más paciente pueden frenar las rentabilidades antes de alcanzar esa cota psicológica.
Por eso, la decisión no pasa solo por comprar ahora o esperar. La estrategia más prudente consiste en repartir el dinero entre varios vencimientos, asegurar una parte de la rentabilidad actual y mantener liquidez para reinvertir si las próximas emisiones pagan más.
Ahí entra en juego la llamada escalera de Letras. En lugar de invertir todo el dinero en una única emisión y a un solo plazo, se reparte entre varios vencimientos. Una parte a 3 meses, otra a 6 meses, otra a 9 meses y otra a 12 meses. Así, el inversor no se lo juega todo a una sola fecha, mantiene liquidez periódica y puede reinvertir según evolucionen las rentabilidades.
Una cartera con vencimientos repartidos
Un ahorrador con 20.000 euros podría destinar 5.000 euros a Letras a 3 meses, otros 5.000 a 6 meses, otros 5.000 a 9 meses y los 5.000 restantes a 12 meses. Si necesita liquidez, puede reforzar los plazos cortos; si quiere asegurar rentabilidad durante más tiempo, puede dar más peso a los vencimientos de 9 y 12 meses; y si cree que el BCE terminará subiendo tipos, puede reservar más dinero en tramos cortos para reinvertirlo después. La clave es que no toda la cartera venza el mismo día ni dependa de una única subasta.
Esa forma de repartir vencimientos encaja con la lectura de Nacho Zarza, analista de Auriga Bonos, que defiende que, en un entorno marcado por noticias contrapuestas y un diagnóstico todavía incierto, “la postura de esperar parece acertada” mientras los datos de inflación no se muestren “completamente desbocados” y no se observen efectos de segunda ronda. Trasladado al pequeño ahorrador, esa paciencia no implica quedarse completamente fuera del mercado, sino evitar concentrar toda la inversión en una sola subasta.
El motivo está en que el mercado sigue pendiente de demasiadas variables a la vez. Zarza señala que el factor clave para saber si las Letras pueden volver a rentabilidades del 3% será la expectativa de inflación a medio plazo que maneje el BCE de cara a su reunión de junio, cuando actualizará sus proyecciones económicas. En su opinión, habrá que observar si el crudo cede de forma contundente por debajo de los 100 dólares y si aparecen o no, efectos de segunda ronda en la inflación.
David Kohl, economista jefe de Julius Baer, también sitúa la próxima reunión del BCE como una cita decisiva. La firma ha ajustado sus previsiones de política monetaria y espera ahora una subida de tipos de 25 puntos básicos en junio, seguida de un periodo de estabilidad.
La posible tregua entre Estados Unidos e Irán ya ha mostrado hasta qué punto el mercado puede cambiar en cuestión de horas. Las noticias sobre un posible acuerdo para levantar restricciones en el estrecho de Ormuz provocaron descensos en el crudo y subidas en el precio de los bonos, con la consiguiente caída de las rentabilidades. Para el ahorrador, esperar siempre a un poco más puede salir bien, pero también puede dejarle fuera de una ventana atractiva.
La clave es no confundir seguridad con ausencia total de riesgo. Las Letras son un producto de bajo riesgo porque están respaldadas por el Estado y, si se mantienen hasta vencimiento, el inversor conoce de antemano cuánto cobrará. Pero eso no significa que todas las decisiones sean iguales. Existe riesgo de oportunidad si se compra todo demasiado pronto y las siguientes subastas pagan más. Existe riesgo de reinversión si se apuesta solo por plazos cortos y luego las rentabilidades bajan. También existe riesgo de liquidez si se inmoviliza demasiado dinero a 12 meses y se necesita antes.
