Publicado: septiembre 24, 2026, 1:32 pm
¿Se acuerdan de los botines blancos de dudosa clase y mucha modernidad que estaban de moda en los años 80? o ¿de los stilettos que parecían teñidos con Tipp-ex en los 2000 y que sólo calzaban las ‘drag queens’? Pues tanto unos como otros vuelven a ser lo más. Cosas de la moda , que es cíclica y se nutre de la nostalgia para convencernos de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Las tendencias de este otoño-invierno rescatan este tipo de calzado para iluminar y refinar el vestuario, evitando esa elegancia rancia que, como bien describía Chapu Apaolaza, evoca a «esas señoras del barrio de Salamanca con perlas en las orejas del tamaño de un rodamiento de camión». Hemos pasado de las zapatillas deportivas blancas a los zapatos del mismo color, porque además de dar un subidón tonal, consiguen que el look no se muestre en exceso informal o demasiado básico tirando a plano. El efecto descrito lo vemos a simple golpe de vista en Dakota Johnson . Ataviada de negro total y con prendas oversize, resulta muy estilosa y chic gracias a este par de diseños en punta con tacón razonable, sensato, midi o cómodo. Sin embargo, Rania de Jordania no consigue ese aire de contraste y modernidad. Tampoco logra iluminar ni refinar su estilismo con unos stilettos tan blancos y deslumbrantes que recuerdan a las dentaduras postizas de algunos tertulianos de la televisión. El diseño lleva la firma de Christian Louboutin , pero el lujo no siempre garantiza el éxito: el resultado es un conjunto poco favorecedor y nada relajado. A veces es preferible recurrir a un tacón más sensato o a tonos más oscuros para proyectar una imagen estilosa y cómoda. Los zapatos blancos sirven para destacar, pero también para unificar un estilismo en el mismo tono, lo que aporta una sensación tan refinada como descansada para la vista. Dos buenos ejemplos son Naomi Watts , que pasea su clase por San Sebastián, y Selena Gomez , que hace lo propio en Nueva York. La actriz británica, galardonada con el Premio Donostia en esta edición del Festival de Cine de San Sebastián , lució por las calles donostiarras un estilo impecable y minimalista que demuestra que el blanco no tiene por qué ser aburrido. Algo similar ocurre con la estadounidense y su traje de Victoria Beckham —combinado con un bolso de Longchamp—, prueba de que el monocolor despejado es un acierto rotundo.
