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Paloma Rey, psicóloga: «Si sientes culpa al descansar es que estás sosteniendo mucho en tu vida»

Publicado: abril 10, 2026, 4:23 am

Tras una jornada de trabajo, por la noche se descansa para afrontar con ganas el día siguiente. Cuando se termina una tarea, lo lógico sería tomarse unos minutos de descanso antes de comenzar otra, ¿no? Pues lo cierto es que aunque parar debería ser algo natural, para muchas personas supone cargarse de culpa.

Una pausa es necesaria para recuperar energía, ordenar ideas y sostener el ritmo del día a día. Sin embargo, para muchas personas ocurre justo lo contrario: el descanso no trae calma, sino inquietud. Aparece la culpa, la sensación de estar haciendo algo mal, incluso cuando no hay ninguna obligación urgente. Tal es esta presión que la psicóloga Paloma Rey ha grabado un vídeo en Instagram para todas aquellas personas que sufren si descansan.

La culpa aparece por sostener demasiado

«Si sientes culpa al descansar, es que algo no está bien colocado», empieza contando. Lejos de ser un problema puntual, esta sensación suele tener un origen más profundo. Uno de los errores más comunes es interpretar esa incomodidad como falta de disciplina o responsabilidad. Sin embargo, el enfoque es justo el contrario. «La culpa al descansar no aparece porque seas irresponsable, aparece porque ya has sostenido mucho«, recalca.

Es decir, no surge por hacer poco, sino por haber hecho demasiado durante demasiado tiempo. La mente se ha acostumbrado a funcionar en un estado constante de exigencia, donde parar deja de ser una opción válida.

Paloma Rey insiste en que muchas personas no saben descansar sin sentirse incómodas: «No porque no quieran, sino porque han aprendido a asociar su valor con hacer, rendir y sostener constantemente. Cuando el descanso genera culpa, no estamos ante un problema de actitud, estamos ante un sistema interno que ha aprendido que parar es peligroso, que parar es fallar o que parar es perder el control».

Parar no siempre significa desconectar

El problema no está solo en la acción de detenerse, sino en lo que ocurre a nivel mental. El cuerpo puede parar, pero la mente sigue activa. A muchas personas les pasa que se sientan en el sofá para descansar un poco pero es solo el cuerpo el que entra en modo descanso: la mente está activa con decenas de asuntos dando vueltas.

«Cuando paras, la cabeza sigue funcionando y piensas en todas aquellas cosas que no has hecho, que deberías estar haciendo o que todavía tienes pendientes», dice Paloma Rey. Este mecanismo impide que el descanso sea real. Aunque externamente haya una pausa, internamente continúa la actividad, marcada por la autoexigencia y la lista interminable de tareas.

Como resume la experta, «el cuerpo está parado, pero la exigencia no«. Detrás de esta dinámica hay una creencia más profunda: la idea de que el valor personal depende de lo que se hace. Por tanto, el descanso sería una pérdida de tiempo y habría que estar produciendo más y más. «La culpa no viene de la vagancia. Viene de un sistema interno mal ajustado». La persona no se permite parar sin sentirse en deuda.

Para concluir, Paloma Rey sostiene que «descansar no debería doler y si duele es que no estamos hablando de descanso, estamos hablando de exigencia». La clave no está solo en parar, sino en cómo se interpreta ese momento. Si el descanso se vive como una obligación incumplida, deja de ser reparador.

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