Publicado: abril 11, 2026, 10:23 am
La miopía se ha consolidado como una de las afecciones visuales con mayor crecimiento en los últimos años y como una preocupación creciente para los sistemas públicos de salud. Las previsiones apuntan a que en 2050 aproximadamente la mitad de la población mundial sufrirá esta alteración visual que dificulta ver con claridad los objetos lejanos, y que un 10 % desarrollará un grado alto de miopía.
Más allá de la corrección visual, la miopía puede tener consecuencias relevantes a nivel sanitario, económico y psicológico. En sus formas más avanzadas, las complicaciones oculares asociadas pueden ser graves e incluso comprometer la visión. Además, el aumento progresivo de pacientes con miopía alta supone una importante carga asistencial, lo que refuerza su consideración como un problema de salud pública de dimensión global.
Siete claves para entender la miopía y frenar su avance
Desde el Hospital Universitario Los Madroños, junto a Silvia González, optometrista del centro, insisten en la necesidad de actuar de forma precoz.
1. La infancia es el momento clave para prevenir
El ojo crece desde el nacimiento hasta aproximadamente los 7-8 años. En algunos casos, este crecimiento es excesivo, lo que provoca que los tejidos oculares se estiren y se vuelvan más frágiles, favoreciendo la aparición de complicaciones. «Si no intervenimos en la infancia, cuando se produce el desarrollo ocular, es mucho más difícil frenar la progresión de la miopía en etapas posteriores«, explica la optometrista Silvia González.
2. Detectarla no siempre es fácil: el entorno escolar es clave
El principal síntoma es la dificultad para enfocar objetos lejanos. En niños, esto suele traducirse en problemas para ver la pizarra, una señal que en muchas ocasiones detectan antes los profesores que las propias familias. El niño muchas veces se adapta a ver mal y no es consciente del problema, lo que retrasa su detección. Por eso el entorno escolar juega un papel fundamental en la detección precoz.
3. Genética, entorno y hábitos: una combinación determinante
El riesgo de desarrollar miopía aumenta cuando uno o ambos progenitores son miopes, especialmente en casos de miopía alta, lo que hace que el niño parta de una mayor predisposición. A este factor se suman el entorno y el estilo de vida, que tienen un papel cada vez más relevante.
4. Más tiempo al aire libre, menos riesgo
Está demostrado que las actividades al aire libre pueden reducir el riesgo de desarrollar miopía hasta en un 50 %. Por ello, se recomienda que los niños pasen entre 40 minutos y dos horas al día en espacios exteriores. «La exposición a la luz natural y mirar a larga distancia actúan como factores protectores frente al desarrollo de la miopía«, comenta González.
5. La regla 30/30/30 y los hábitos visuales marcan la diferencia
El estilo de vida actual favorece los entornos visuales cercanos, con un uso creciente de dispositivos electrónicos y actividades de cerca. Para reducir su impacto, se recomienda adoptar hábitos visuales adecuados. La optometrista González explica que «seguir la regla 30/30/30: leer a más de 30 cm, descansar cada 30 minutos y mirar a lo lejos durante al menos 30 segundos, junto con una buena iluminación y evitar distancias excesivamente cortas, puede ayudar a reducir la sobrecarga visual. Son medidas sencillas que pueden influir en la evolución de la miopía».
6. Existen tratamientos para frenar su progresión
Los tratamientos actuales están orientados a frenar el crecimiento excesivo del ojo. El objetivo no es solo corregir la visión, sino evitar que la miopía evolucione hacia formas más graves que puedan comprometer la salud ocular. Los protocolos se adaptan en función de la edad, la presencia de factores de riesgo y el grado de miopía en el momento del diagnóstico.
Entre las opciones disponibles se encuentran el uso de gotas oftálmicas, lentes de contacto de uso diario o nocturno y cristales específicos para gafas diseñados para ralentizar la progresión de la miopía.
La prevención y la información son clave
El abordaje de la miopía debe ir más allá del tratamiento. La prevención, el diagnóstico precoz y la educación en hábitos visuales son fundamentales para reducir su impacto. «La miopía no es solo un problema de ver mal de lejos, sino una condición ocular que puede evolucionar si no se controla adecuadamente», concluye González.
