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Los neurólogos advierten del riesgo de imponer rutinas como levantarse temprano sin base científica

Publicado: mayo 16, 2026, 2:23 pm

La Sociedad Española de Neurología (SEN) advierte del riesgo de imponer rutinas sin base científica como levantarse a las cinco de la mañana, algo que se popularizó como un supuesto estándar de éxito, impulsado sobre todo por supuestos consejos de las redes sociales, influencers y gurús de la productividad.

Según informa la SEN, todos ellos presentan esta rutina como la clave para mejorar la salud, optimizar el rendimiento y «ganarle horas al día». Sin embargo, los neurólogos advierten de que esta tendencia no solo carece de base científica, sino que puede tener consecuencias negativas para la salud de la mayoría de la población, por el grave impacto negativo que puede suponer para el sueño.

Según datos de la SEN, más del 48% de la población adulta en España no tiene un sueño de calidad, y cerca de un 20% padece insomnio crónico. Por tanto, incitar o imponer rutinas de sueño restrictivas o inadecuadas puede agravar aún más este problema de salud pública.

Desde el punto de vista médico, imponer un horario de vigilia sin respetar las necesidades individuales de sueño puede provocar un déficit crónico de sueño. La privación de sueño no solo impacta en la energía diaria, sino que afecta de forma directa a la regulación metabólica, el sistema inmunológico, la estabilidad emocional y los procesos neurocognitivos.

«Levantarse a las 5 AM no es, por sí mismo, un hábito saludable en absoluto. Depende de a qué hora te acuestas, cuánto duermes y, sobre todo, de tu biología (cronobiología y cronotipos)», ha indicado la coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la SEN, la doctora Celia García Malo.

¿Qué son los cronotipos?

De esta forma, cabe destacar que uno de los aspectos fundamentales en la salud del sueño es el cronotipo, es decir, la predisposición biológica de cada individuo a estar más activo en determinadas horas del día. Aproximadamente, un 50% de la población presenta un cronotipo estándar, mientras que el resto se distribuye entre perfiles más matutinos o más vespertinos.

Este patrón está determinado en gran medida por factores genéticos, por lo que forzar cambios bruscos –como obligarse a madrugar en contra del propio ritmo biológico– puede generar insomnio, menor calidad del sueño y consecuencias sobre la salud mental y cognitiva.

«El cronotipo define la predisposición natural de cada persona a estar más activa por la mañana o por la noche, o le es indiferente. Existen personas más «matutinas» (los conocidos como alondras o «adelanto de fase») y personas más «nocturnas» (búhos o «retraso de fase»), con múltiples variantes intermedias», señala la doctora Malo.

Pero, añade, «el más común entre la población es el estándar, que en nuestro país podría definirse como un sueño en una franja media intermedia, por ejemplo, 23.00-07.00 horas o 00.00-8.00 horas».

Hábitos y disciplinas

«Este patrón no es una cuestión de hábitos o disciplina, como a veces se hace creer, e intentar modificarlo de forma agresiva es equivalente a ir constantemente en contra del propio reloj biológico. Y esto puede actuar como desencadenante para sufrir insomnio, o tener una peor eficiencia de sueño, y por lo tanto generar consecuencias sobre la salud, empeorando la función cognitiva, el estado de ánimo y reduciendo los niveles de energía», continua la experta.

De hecho, el sueño desempeña funciones esenciales para la salud física, mental y cerebral y, por lo tanto, para todo nuestro organismo. Durante el descanso nocturno se consolidan procesos clave como la memoria, la regulación emocional y la eliminación de sustancias neurotóxicas en el cerebro.

Por el contrario, la falta de sueño mantenida en el tiempo se asocia a un aumento del riesgo de patologías neurológicas y psiquiátricas. Diversos estudios demuestran que dormir menos de seis horas diarias de forma habitual aumenta hasta en un 30% el riesgo de deterioro cognitivo y se asocia con un mayor riesgo de enfermedades neurológicas y neurodegenerativas como el alzhéimer, además de la depresión o trastornos de ansiedad. Además, el déficit de sueño altera la plasticidad cerebral y compromete funciones ejecutivas clave como la toma de decisiones o la atención sostenida.

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