Publicado: abril 28, 2026, 3:00 am
Hoy 28 de abril CCOO y todas las organizaciones sindicales internacionales recordamos y homenajeamos a las personas trabajadoras que se han dejado la vida o la salud en el trabajo, por accidente o enfermedad. Es una fecha fundamental para recordar que el derecho a la salud es inaplazable y que son las empresas las que tienen la responsabilidad permanente de garantizar las condiciones necesarias para que quien acude a trabajar bajo su organización y dirección vuelva a su casa y a su vida social sin ver perjudicada ni su integridad ni su estado de salud.
Aunque los accidentes de trabajo mortales y los índices de incidencia se están reduciendo, fundamentalmente porque nuestro modelo de desarrollo se está transformando, no por ello hay que descuidar las exigencias para lograr un entorno de trabajo saludable. Pese al decrecimiento de los daños adjetivados como “profesionales”, el constante aumento de patologías “no traumáticas” y relacionadas con la salud mental sirve como indicador claro de que algo o no se está haciendo o no se está haciendo bien. Es indudable que el lugar en el que pasamos más de 10 horas al día, si sumamos jornada, ida y vuelta al lugar de trabajo, tiene un impacto directo en nuestra salud, también en la mental.
Desde CCOO seguimos insistiendo y afirmando que las enfermedades causadas por el trabajo son el principal desafío para la salud y la seguridad de las personas trabajadoras. La OIT estima que la exposición a sustancias peligrosas se cobra la vida de más de 1 millón de personas trabajadoras al año. En España, un 15% de las personas trabajadoras ha reconocido estar expuesto a sustancias químicas siempre o casi siempre.
No es admisible que no exista un registro claro y transparente del cómo y el porqué enferman las personas expuestas a químicos, cancerígenos, radiaciones, sensibilizantes, o sustancias inhaladas. Lo que no se conoce, no se evita, ni se previene, pero tampoco se indemniza ni compensa.
A 30 años de la entrada en vigor de la ley de prevención de riesgos laborales hemos acordado su actualización para situar el foco en la perspectiva de género, el envejecimiento activo, la digitalización y sus repercusiones, la realidad del cambio climático y su impacto en salud, y los riesgos psicosociales laborales. Aspectos fundamentales que requieren del apoyo de los partidos políticos para sacar adelante este anteproyecto de ley, ampliamente debatido también con las organizaciones empresariales que se han desmarcado del mismo en el último momento.
Es necesario actualizar las leyes a los tiempos. Se requiere una nueva visión sobre el entorno psicosocial saludable relacionado con el trabajo. Hay que incidir en la manera en la que el trabajo está diseñado, organizado y gestionado, por quién y cómo. En una época con cada vez más inteligencia artificial, han de ser personas quienes decidan los tiempos de trabajo, los roles y su autonomía, no un algoritmo.
Los factores psicosociales laborales no identificados ni controlados tienen un impacto negativo. Son riesgos potenciales que deben evitarse a través de una gestión preventiva que garantice entornos de trabajo seguros y saludables. Y si llegan a producir enfermedades, que se reconozcan como profesionales para actuar preventivamente y compensar adecuadamente.
La ley establece, dentro de los principios básicos de la prevención de riesgos laborales, la obligación de adaptar el trabajo a la persona, para evitar prácticas monótonas y repetitivas, pero también para reducir sus efectos en la salud. Para ello se debe planificar la prevención y buscar coherencia en la organización del trabajo y en las relaciones sociales y los factores ambientales.
Se deben implantar medios, sobre todo dentro de la actividad preventiva, para hacer seguimiento de la salud y seguridad en toda la organización y en la coordinación con terceros: es decir, un delegado o delegada en prevención. Esta mejora, que se acordó en la modificación de la ley 31/1995 no solo ha facilitado la participación de las personas, sino que ha permitido tener centros de trabajo más seguros. Donde hay sindicalismo hay protección.
La 735 muertes de 2025 ó las más de 100 ocurridas en lo que llevamos de 2026 son inaceptables y la mayoría evitables. Hay que apostar decididamente por más recursos públicos para la visita, control e inspección, tanto en las empresas como en los servicios de prevención ajenos. Hay que poner en evidencia que las personas enferman cuando sus entornos son peligrosos, insalubres o tóxicos. El trabajo no puede ser el enemigo invisible que mina nuestra salud. Que ninguna empresa lo olvide.
