Publicado: mayo 8, 2026, 7:24 pm
Marte no perdona. Ni siquiera a un vehículo diseñado para moverse por su superficie durante años. La última prueba la ha publicado la NASA en forma de animación: un vídeo construido a partir de imágenes tomadas por una de las cámaras de navegación del rover Curiosity en el que se ve cómo sus ruedas avanzan sobre el terreno marciano entre polvo, rocas y pequeños impactos acumulados. El resultado es casi hipnótico, pero también deja una imagen muy clara de lo que significa sobrevivir en otro planeta: grietas, agujeros y metal retorcido.
La secuencia resume seis años de conducción sobre Marte. Las imágenes fueron captadas entre el 2 de enero de 2020 y el 8 de marzo de 2026, correspondientes a los soles —días marcianos— 2.633 y 4.830 de la misión. La cámara utilizada es la de navegación derecha, situada en el mástil del rover, que en estos desplazamientos miraba hacia atrás para ayudar al equipo científico a identificar rocas y terrenos interesantes una vez que Curiosity ya había pasado por ellos.
El vídeo no es solo una curiosidad visual. Según explica la NASA, el equipo de Curiosity está utilizando este timelapse para observar cómo se mueven los granos de arena sobre la cubierta del rover. La diferencia es importante: no es lo mismo que la arena se desplace por las vibraciones de cada trayecto a que lo haga empujada por ráfagas de viento. Distinguir ambos fenómenos “puede proporcionar nueva información sobre los cambios estacionales en la atmósfera”.
Pero, más allá del polvo, lo que más llama la atención son las ruedas. Curiosity tiene seis ruedas de aluminio, preparadas para avanzar sobre arena suelta, rocas y lechos de roca relativamente planos. Aun así, el terreno del cráter Gale (donde ha recorrido más 32 kilómetros) ha resultado especialmente agresivo. Las imágenes tomadas durante estos años muestran abolladuras, perforaciones y desgarros en una estructura que, pese a todo, sigue cumpliendo su función.
Más de una década rodando por Marte
El Curiosity aterrizó en Marte el 6 de agosto de 2012 como parte de la misión Mars Science Laboratory. Su objetivo era responder a una pregunta clave: si Marte pudo reunir alguna vez las condiciones ambientales necesarias para albergar formas de vida microbiana. La NASA recuerda que, al principio de la misión, los instrumentos del rover ya encontraron pruebas químicas y minerales de antiguos entornos habitables. Actualmente Curiosity continúa explorando rocas formadas en una época en la que el planeta pudo ser muy distinto al desierto frío y seco que conocemos hoy.
El problema de las ruedas tampoco es nuevo. Los ingenieros empezaron a detectar signos de desgaste ya en 2013, poco después de la llegada del rover a Marte. Desde entonces, el equipo revisa periódicamente el estado de las ruedas con imágenes tomadas por MAHLI, una cámara instalada en el brazo robótico de Curiosity, para registrar la evolución de cada grieta y ajustar la forma de conducir el vehículo.
Una de las imágenes más llamativas llegó en septiembre de 2024, cuando una fotografía tomada por MAHLI mostró una gran abertura en una de las ruedas. La imagen (que abre este artículo) dejaba ver hasta qué punto el metal se había deformado por el contacto continuado con rocas afiladas. Aun así, el mensaje de los responsables de la misión fue tranquilizador: el rover seguía funcionando y la rueda continuaba resistiendo pese al castigo.
La solución no ha sido simplemente esperar a que aguanten. Con el paso de los años, el equipo de Curiosity ha ido cambiando la forma de conducir el rover. La planificación de rutas evita, siempre que es posible, las zonas más peligrosas, y los ingenieros pueden modificar la velocidad del vehículo para reducir el daño cuando el terreno lo exige.
“En Marte no hay mecánicos, así que la mejor alternativa para el rover Curiosity de la NASA es una conducción cuidadosa”, afirman desde la agencia.
En 2017 el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA incorporó un sistema de control de tracción para proteger mejor las ruedas. Este software ajusta en tiempo real la velocidad de cada rueda en función de las rocas que está superando el rover, con el objetivo de reducir los deslizamientos y la presión sobre las zonas más vulnerables. Durante las pruebas, el algoritmo redujo la carga en un 20 % en las ruedas delanteras y en un 11 % en las centrales.
La cara buena de la historia es que los daños acumulados en sus ruedas también han servido para mejorar el diseño de misiones posteriores, según explica el JPL. Perseverance, el rover que llegó a Marte en 2021, incorpora en sus ruedas una banda de rodadura distinta, con el doble de relieves que las de Curiosity y una estructura exterior también el doble de gruesa, cambios que en las pruebas mejoraron tanto la resistencia al daño como el comportamiento sobre rocas y arena.
Las cicatrices de las ruedas del Curiosity son un registro físico de su viaje: cada grieta y cada agujero hablan de años de exploración sobre un terreno nunca antes explorado. Puede que no tengan ya el aspecto impecable de las pruebas en la Tierra, pero siguen girando.
