Publicado: septiembre 25, 2026, 9:23 am
Google llevará por primera vez sus procesadores de inteligencia artificial al espacio. La compañía tiene previsto poner en órbita el próximo 1 de octubre un satélite experimental con sus chips TPU para comprobar si el hardware que utiliza en sus centros de datos puede funcionar en las condiciones reales del espacio.
Será la primera prueba orbital de Project Suncatcher, el proyecto de investigación con el que Google estudia si algún día sería posible construir grandes infraestructuras de computación para inteligencia artificial mediante grupos de satélites conectados entre sí. La compañía insiste, sin embargo, en que todavía está lejos de ese escenario. La misión de octubre está diseñada para responder primero a una pregunta mucho más elemental: si sus chips de IA pueden sobrevivir al viaje y trabajar de forma fiable en órbita.
La nave, desarrollada junto a Planet, viajará como carga compartida en la misión Transporter-18 de SpaceX. Su función será recopilar datos y comprobar cómo funcionan los procesadores en las condiciones reales del espacio.
Un lanzamiento que puede someter los componentes a fuerzas de hasta 100 g
Para que Project Suncatcher tenga alguna posibilidad de funcionar, sus procesadores deben superar primero un entorno para el que los chips utilizados habitualmente en centros de datos no fueron diseñados: el lanzamiento de un cohete.
El trayecto hasta una órbita terrestre baja dura alrededor de diez minutos y somete a la nave a fuertes vibraciones y a aceleraciones sostenidas de hasta diez veces la fuerza de la gravedad. Algunos componentes individuales pueden experimentar momentáneamente fuerzas de entre 50 y 100 g, según Google.
Antes del lanzamiento, sus ingenieros han colocado el satélite en equipos capaces de sacudirlo en los tres ejes para reproducir las frecuencias y vibraciones que encontrará dentro del cohete. Las pruebas, admite la propia compañía, no siempre salen como se espera. En este caso, Google señala que los componentes superaron los ensayos y que el equipo quedó sorprendido por cómo respondió el hardware. Pero una simulación en tierra solo permite llegar hasta cierto punto. La verdadera prueba comenzará cuando los procesadores entren en órbita.
La radiación puede cambiar un cero por un uno
Fuera de la protección de la atmósfera terrestre, los componentes electrónicos están expuestos a partículas de alta energía procedentes del Sol y de los rayos cósmicos. Una de sus consecuencias son los llamados bit flips: errores en los que la radiación puede modificar el estado de un bit y convertir, por ejemplo, un cero en un uno. En un sistema encargado de ejecutar grandes cantidades de cálculos de inteligencia artificial, esos cambios pueden provocar errores en los datos o en el procesamiento.
Google ha sometido sus procesadores TPU Trillium a haces de protones en el Laboratorio Nuclear Crocker de la Universidad de California en Davis mientras ejecutaban cargas de trabajo de inteligencia artificial. Según los resultados comunicados por la empresa, los chips continuaron funcionando después de recibir una dosis total de radiación superior a la que la compañía estima que acumularían durante una misión espacial de cinco años.
Pero la empresa de Mountain View reconoce los límites de esas pruebas de laboratorio: “Hay cosas que solo pueden probarse en el espacio”. La misión del 1 de octubre servirá precisamente para comprobar si esos resultados se mantienen cuando todas las condiciones se producen al mismo tiempo.
El vacío del espacio también complica la refrigeración
La temperatura es otro de los grandes obstáculos. Puede parecer que el frío del espacio facilita enfriar un procesador, pero ocurre lo contrario en un aspecto fundamental: en el vacío no hay aire que pueda circular alrededor del chip y transportar el calor.
Las TPU generan una gran cantidad de energía térmica concentrada en una superficie pequeña. Si ese calor no se aleja suficientemente rápido, los procesadores pueden sobrecalentarse. Google está desarrollando para ello un sistema que combina tuberías térmicas y radiadores. Las primeras trasladan el calor generado por los chips y los segundos lo expulsan mediante radiación hacia el espacio.
La compañía ya ha probado esta solución dentro de cámaras térmicas de vacío capaces de reproducir parte de las condiciones orbitales. Ahora comprobará cómo responde el sistema durante una misión real y utilizará esos datos para modificar los siguientes diseños.
Por qué Google quiere sacar los centros de datos de la Tierra
El interés de Google por llevar capacidad de computación al espacio está relacionado con el enorme consumo energético de la inteligencia artificial. En determinadas órbitas, los paneles solares pueden recibir luz durante gran parte del recorrido y la compañía calcula que podrían generar hasta ocho veces más electricidad que unos paneles equivalentes instalados en la superficie terrestre.
Pero disponer de más energía no resuelve el resto del problema. Para construir un verdadero centro de datos orbital habría que poner en órbita numerosos satélites con decenas de procesadores, mantenerlos próximos entre sí y conectarlos mediante enlaces láser capaces de intercambiar enormes cantidades de información. Google prevé lanzar dos satélites en 2027 para empezar a probar esas comunicaciones.
