Publicado: mayo 15, 2026, 6:08 am
Mohamed Brahim se pasa los dedos entre el pelo salpicado de cabellos blancos. “Tengo solo 40 años y muchísimas canas”, se lamenta, sentado en una sala del Hospital Nacional Bachir Saleh de Rabuni, situado en el centro administrativo de los campamentos saharauis en Tinduf, en Argelia. Cobra el equivalente a 150 euros cada tres meses como incentivo por su trabajo de enfermero y subdirector del hospital. El dinero “no me da”, cuenta con voz cansada. Para mantener a su familia, regenta además una pequeña tienda y acepta trabajos extra cuando aparecen. “¿Cómo voy a alimentarla? ¿Con los dos kilos de arroz de la ayuda humanitaria que me dan al mes?”, se pregunta. “Siempre verás a los trabajadores en los campamentos estresados, debilitados y resolviendo. Tenemos que buscar la manera de que entre dinero en casa”, continúa. “Hoy hay familias que no tienen ni para comprar un pedazo de pollo a la semana”, añade.


