Publicado: mayo 4, 2026, 11:18 pm
El Atlético llama a las puertas del cielo desde el norte de Londres , infinito el rojizo ladrillo de sus construcciones, esperanzadora una plácida multiculturalidad que permite que compartan trastienda negocios tan dispares como un local de cachimbas balcánicas y una boutique que, además de ropa, tiene como producto estrella una sopa de pollo. La capital inglesa carece de sentido, es una digna hija del siglo XXI, al menos hasta que la noche aparece en el horizonte y el fútbol, tradición legendaria en la isla, se apodera de sus calles. Los niños salen desbocados de los colegios y se lanzan a las ‘boxes’, canchas públicas recubiertas de barrotes, las mismas en las que estrellas como Lookman, Saka o Eze se forjaron de niños. La vuelta de las semifinales de Champions debería ser el plato fuerte de todo corrillo, pero los aficionados del Arsenal abarrotan los pubs y se dejan las cuerdas vocales entre pintas de cerveza por otro motivo. Juega el Manchester City, su inmediato perseguidor en la Premier League, el único que les puede privar, además de su legendario mal fario, de reconquistar un título esquivo desde 2004. Durante una hora y media el Atlético no existe. El Everton es su salvador y Guardiola el blanco de sus dardos. Aunque el Arsenal esté a dos bandas, en busca los londinenses de un doblete inédito en su historia, los chicos de Simeone intentarán esta noche ( 21.00 horas, Movistar Plus ) el pase a su cuarta final de la Champions, toda una ilusión con piel de cordero, pues los rojiblancos, tras el hundimiento en la final de Copa y su dejadez en la Liga, se juegan en la competición más cruel del planeta salvar su temporada. Para colmo, lo harán lejos de su querido Metropolitano, la fuente de su poder, y será el impresionante Emirates Stadium la plaza donde deberán hacer bueno el 1-1 de la ida . El recinto inglés fascina a la vista, moderno en carcasa y entrañas pero intimidante en sus alrededores, un compendio de húmedos callejones más propios de la película ‘Green Street Hooligans’ o de alguna de las obras de Guy Ritchie que de los aledaños de los recintos modernos, plagados de capitalismo y ocio de fácil digestión. Laberinto coronado por un oscuro paso subterráneo decorado con los rostros de los héroes locales, como Gabriel, Gyokeres e incluso David Raya , ídolo absoluto el guardameta barcelonés. Ante tal panorama, se presentó Simeone en rueda de prensa con una soltura poco habitual, sonriente, más que visible el cosquilleo del estómago del argentino antes de uno de los grandes encuentros de su carrera. «Por más que le demos vueltas los entrenadores, el fútbol pasa por los jugadores. Podemos gestionar sus emociones, la experiencia y el tiempo te dan más calma, que no pasividad, y la paz para afrontar estos partidos (…). Tenemos mucha fe en lo que hacemos y estamos convencidos», aseguró el técnico que, por sorpresa, desató una carcajada generalizada cuando fue preguntado por un periodista británico si había decidido usar otro hotel diferente al de octubre, cuando sus pupilos fueron derrotados cuatro a cero por el Arsenal, por pura superstición. «El equipo está mejor y el hotel (Courthouse Shoreditch) estaba más barato», respondió. Sin embargo, es el estado de sus delanteros lo que más preocupa a Simeone. Julián acabó la ida con dolor en el tobillo izquierdo después de un choque con Eze; Sorloth no pudo ni salir al campo por unas dolencias; y Giuliano tuvo que ser sustituido al descanso por Le Normand por más de lo mismo. «Los tres han entrenado bien, están mejor, esperamos que puedan participar en plenas condiciones. Mañana veremos quiénes empiezan», tranquilizó Simeone a la parroquia atlética, que con seguridad no podrá ver sobre el césped londinense a Nico González ni a Barrios, ambos descartados casi hasta el final de campaña. Un tono más melancólico mostró Griezmann, que vive sus últimos partidos de rojiblanco antes de cruzar el Atlántico en busca del sueño americano. El fútbol ha sido un poco cruel con el francés cuando ha defendido los colores colchoneros, ausente en la Liga de 2021, y por mucho que quiera endulzar su ‘last dance’ como rojiblanco, la sensación cada vez que toma la palabra es que ganar esta Champions es un todo o nada, su gran oportunidad de dejar un legado inigualable más allá de ser un superdotado en lo futbolístico. «Siempre fui claro, mi idea era seguir aquí hasta final de temporada porque pensaba que se podía hacer algo increíble y ahora estamos a un paso. Confianza absoluta», remarcó el delantero galo. «Antes llegaba a los partidos con mucho estrés, no sabía cuándo parar. Ahora tengo más pausa, soy más completo. Son momentos que crees que van a volver y no vuelven, entonces tengo muchas ganas de jugar. Una semifinal de Champions no la juega cualquiera», explicó. «Pero sí un campeón del mundo», le completó Simeone con sorna. Arteta , visiblemente más cansado que su homólogo, exprimido al máximo el técnico vasco por hacer campeón de la Premier a los ‘gunners’, al menos pudo celebrar que tanto Havertz como Odegaard estarán disponibles para la segunda manga de la eliminatoria. «Es difícil de explicar el deseo que tenemos de vivir este momento, vamos a salir desde el primer minuto a conseguir el objetivo (…). Estamos muy hambrientos por lo que viene mañana».
