Publicado: mayo 2, 2026, 10:15 am
Es hijo de del cantaor Antonio Molina y hermano de la actriz Ángela Molina, pero Miki Molina no solo triunfó por su apellido, sino por una prolífica carrera como actor, director y músico que le posicionó como uno de los nombres más seguidos de las décadas de los 80, 90 y 2000 en España.
Sin embargo, después de sonados romances que acapararon portadas en las revistas del corazón -entre los que destacan el de Lydia Bosch, con la que se casó y tuvo una hija, y el de Ana Obregón– y un grave accidente que cambió su vida, el actor puso tierra de por medio y se alejó del foco mediático. Ahora vive, tal y como califica él mismo, «fuera del sistema», en un pueblo de seis habitantes rodeado de gallinas y vacas, dentro de un paraje natural en el que los zorros y los jabalíes campan a sus anchas. «En este sentido he triunfado. Mi vida no es acelerada, tiene otro tempo«, define su vida actual.
Una vida que comparte junto a Alma, su perra, de la que se confiesa enamorado. Y sin pareja desde hace cuatro años, tal y como ha detallado el actor en una entrevista a El Mundo. En ella habla también de sus cuatro hijos, fruto de tres relaciones distintas: «Son como cuatro soles con un gran corazón, son muy buena gente en el amplio sentido de la palabra y unos seres magníficos. Me engordo cada vez que hablo con ellos. Me cuidan y me quieren mucho, tanto como yo a ellos o más», revela el intérprete de 63 años.
«La verdad es que con las madres, con todas, me llevo bien a pesar de la distancia. No hay asperezas y sabemos los unos de los otros a través de nuestros hijos. Ellos ya saben de qué pie cojeamos cada uno», explica.
En la entrevista también analiza la noticia que saltó a los medios en la que se decía que, en 2019, había atropellado a una niña mientras conducía bajo los efectos del alcohol. «Los medios no se dan cuenta del daño que hacen. A aquella niña ni la rocé y aún sigo manteniendo el contacto con la familia. Salieron en mi defensa. Pero qué ocurre, que un titular escandaloso vende más», se defiende. «He llorado y sufrido mucho en silencio, no solo porque no era verdad, sino porque mis padres y mis hermanos han sufrido por las mentiras», zanja.
