Publicado: noviembre 2, 2026, 6:24 pm
Estar estupenda cada día no es muy realista para la mayoría de nosotras. Y no pasa nada. Vivimos en una sociedad que nos impone muchas exigencias, especialmente a las mujeres: estar en forma, verse joven, con la piel cuidada, con maquillaje y uñas perfectas y con el pelo ideal. Es un ritmo agotador que muchas no estamos dispuestas a seguir diariamente. Pero, como casi todo en la vida, esto no es blanco o negro: puedes rebelarte contra los cánones y las obligaciones de belleza socialmente establecidas, pero querer verte bien a ti misma. Yo, que soy muy de moverme en grises y buscar la concordia, me encuentro a gusto en ese terreno.
Este discurso sobre darle cierta importancia a mi aspecto porque quiero y no porque me lo diga la influencer de turno viene porque llevo varias semanas probando un nuevo cacharrillo que le va perfecto a lo que yo necesito: que invirtiendo el mínimo esfuerzo se vea un resultado bastante pro. El culpable detrás de semejante logro es Dyson.
A principios de septiembre, la compañía tecnológica de origen británico lanzó al mercado su nuevo cepillo moldeador y secador Dyson Airsmooth. El aspecto es todo Dyson: bicolor, con acabados pulidos, suave al tacto, tono rosita chic y pensado hasta el más mínimo detalle, desde la posibilidad de regular el calor y el flujo de aire, hasta el material de las púas, sin olvidar un clásico de la marca en sus dispositivos para el cabello como es el hecho de que la zona de conexión con el cable es flexible y se mueve conforme mueves el aparato.
Lo que más mola de su diseño es precisamente lo bien diseñado que está, algo que, como digo, es muy característico de la empresa. También me encanta que es ligero (580 gramos) y súper manejable: con una mano te peinas con leves movimientos de muñeca para conseguir distintos resultados y, además, si quieres marcar un poco más, el cepillo incorpora una pequeña punta saliente en la parte superior para ayudarte con la otra mano a hacer el giro.
Las púas son uno de sus puntos fuertes. Tienen un tacto flexible, parecido al de la silicona, que me resulta muy agradable y no pinchan ni molestan en el cuero cabelludo.
Sin embargo, hay un detalle que me gusta menos. Puede que solo me ocurra a mí –la torpeza me acompaña de forma natural, aunque siempre con mucha gracia y salero–, pero en varias ocasiones mientras usaba el cepillo lo he apagado bajando inintencionadamente el botón de encendido. En los modelos de otras marcas que he probado estos controles se encontraban en la parte inferior del mango, pero es cierto que esto depende de por dónde coges el aparato. Todo es acostumbrarse, supongo. Porque los botones, de hecho, no los tienes que ir moviendo conforme te peinas, sino que estableces el calor y el flujo de aire al inicio.
No solo manejarlo es sencillo: limpiarlo también lo es. Basta con hacer lo habitual con cualquier otro cepillo: pasar un peine para retirar los cabellos que se hayan quedado entre las púas y terminar con un pañito húmedo. Para las zonas de peor acceso Dyson sugiere usar un bastoncillo de algodón ligeramente mojado. Siempre con el aparato desenchufado y una vez se haya enfriado tras el uso. Conviene también limpiar el filtro que está abajo: la marca recomienda hacerlo al menos una vez al mes, pero además el Airsmooth te avisa si hace falta hacerlo con un parpadeo de los tres LED situados encima del botón de ajuste de aire. Quitarlo y limpiarlo cuesta unos 30 segundos.
Sobre todo: no lo metas debajo del grifo. Con un mantenimiento mínimo como el que acabo de comentar es más que suficiente, porque al final lo que queda son algunos cabellos (en mi experiencia no arranca casi) y algo de residuo de la propia cabeza. Como cualquier otro cepillo.
Y no me olvido de la funda: el Dyson Airsmooth viene con una cajita protectora en el cabezal para guardarlo. En algunas ocasiones, porque he ido con más prisa, lo he metido todavía caliente. He observado que dentro se queda una fina capa de polvillo, aunque no sé si tiene relación con haberlo guardado caliente. No pasa nada: no es una suciedad extrema ni va a afectar al cabello cuando te peinas, se limpia y ya está.
Todos estos cuidados los puedes ver en la app, porque puedes registrar el cepillo en la aplicación MyDyson. En este caso no hay funciones que puedas manejar a través de ella, como sí pasa, por ejemplo, con el moldeador Airwrap, que con sus varios cabezales te ayuda con los tiempos para rizarte el pelo. Aquí no hay ese tipo de función, pero sí te da consejos de cómo usarlo y cómo limpiarlo.
¿Y qué tal funciona? El spoiler ya lo he hecho al principio: para mí te deja resultados de peluquería invirtiendo poco tiempo y sin salir de casa. Lo mejor es que puedes utilizarlo en todo el proceso, es decir, secar el pelo mojado y después darle forma. La promesa de Dyson es real: seca, estira, alisa, da volumen y crea ondas o puntas hacia fuera. En diez minutos, cronometrados, puedes pasar de cabello mojado a peinado de peluquería.
El cepillo funciona con cable a la corriente (no tiene batería) y tiene voltaje universal (100–240 V), lo que es muy útil para que puedas llevarlo en la maleta a cualquier parte. Tiene potencia suficiente (950–1.080 W), pero me ocurre que he probado algunos modelos de los que sale el aire con más fuerza y eso al final me ha dado resultados con más volumen que me han gustado más.
Luego también está la parte ‘efecto glossy’, que a mí me gusta bastante: con algunos de esos otros modelos consigo un brillo que me aguanta durante la jornada, aunque no dure tres días ni mucho menos. El Airsmooth se queda un punto por debajo en eso, aunque siempre se le puede dar un pequeño ‘push’ si utilizamos producto de acabado después de peinar.
Tampoco esperaría de él el mismo resultado que de una plancha cuando busco un liso muy pulido, pero para el día a día me gusta más ese movimiento que deja.
¿Recomendaría el Dyson Airsmooth?
Sí, especialmente si buscas un cepillo cómodo y ligero para peinarte a diario con poco esfuerzo. Me gusta el volumen que consigue, el movimiento que deja y lo fácil que resulta cambiar entre unas puntas marcadas y un acabado más liso. También agradezco que limpiarlo sea tan sencillo.
Desde que utilizo este tipo de cepillos apenas recurro a la plancha o a otros moldeadores más fuertes. Durante este tiempo me noto el pelo con más volumen, menos caída y menos rotura, aunque también he dejado de teñirme y de planchármelo a diario. En general lo veo más sano, pero han cambiado varias cosas a la vez y no puedo atribuir esa mejora solo al cepillo.
Eso no significa que sea el mejor en todo. He probado otros cepillos secadores, algunos más económicos, con un aire que percibo más potente y un acabado que me resulta más brillante. El Airsmooth (249 euros) me convence, pero sus mejores argumentos están en el conjunto de la experiencia.
