Publicado: septiembre 25, 2026, 10:04 am
Entras en un supermercado con una lista de la compra clara. Aun así, acabas saliendo con varios productos que no tenían pensado comprar. Y no tiene nada que ver con tener más o menos fuerza de voluntad. Muchas veces son trucos que utilizan las propias tiendas. Todo está pensado para alargar el recorrido por los pasillos y llamar la atención sobre artículos que no tenías previsto comprar.
Clara Talents, doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, ha explicado en un reel publicado en su cuenta de Instagram algunos de los mecanismos que emplean los supermercados para incentivar el consumo. Y el recorrido comienza nada más cruzar la puerta. «¿Qué es lo primero que vemos?», pregunta la experta. La fruta y la verdura. No es casualidad: «El color y la frescura pone de buen humor». Y alegres compramos más.
Después llega el momento de buscar aquello que realmente nos ha llevado hasta la tienda. El pan, la leche o los yogures suelen encontrarse en zonas alejadas de la entrada, de modo que para llegar hasta los productos básicos hay que atravesar buena parte del establecimiento. Su ubicación tampoco es casual. Se hace para que los clientes recorran «la tienda dos veces: al ir y al volver», apunta. Y durante el trayecto vemos cosas que no estaban en nuestra lista inicial.
La colocación de los artículos también está pensada y medida. Los que están situados justo delante de nuestra mirada cuentan con una ventaja y tienen impacto en las ventas: «Se ha demostrado que los productos a la altura de los ojos se venden un 30% más». Sin embargo, los que están abajo, «donde te tienes que agachar», son las marcas blancas. Sin embargo, la estrategia cambia en función de quién está mirando el lineal. A la altura de los ojos de los niños suelen colocarse productos más atractivos para ellos, como los cereales con personajes y dibujos.
El recorrido termina en las cajas. Y ahí también hay truco. En este punto se colocan productos como dulces o chocolatinas, que quedan al alcance de la vista mientras esperamos para pagar. Pero el diseño no se limita a lo que vemos. Intervienen otros sentidos, como el oído. «La música es lenta porque, cuanto más despacio caminamos, más compramos», apunta.
La suma de todas estas decisiones configura una experiencia de compra diseñada al detalle. «Todo esto no es conspiración ni es ilegal. Es diseño profesional, sofisticado y muy bien pagado», sostiene la experta. La finalidad, explica, es influir en aquellas decisiones que tomamos sin detenernos demasiado a analizarlas.
