Publicado: junio 23, 2026, 6:23 am
La cardiopatía isquémica es la principal causa de muerte en España y en el mundo. Es una enfermedad ocasionada por la arteriosclerosis de las arterias coronarias (las encargadas de proporcionar sangre al miocardio). Esto provoca que se estrechen o se obstruyan, produciendo una dificultad para el flujo sanguíneo e impidiendo que el corazón reciba la sangre necesaria; al disminuir el flujo de oxígeno, el músculo cardíaco se ve dañado.
La aterosclerosis coronaria se desarrolla poco a poco y no manifiesta síntomas en sus primeros estadios. Con el tiempo, las arterias se obstruyen, parcial o totalmente, y se vuelven más rígidas debido a una acumulación principalmente de colesterol en su interior. La cardiopatía isquémica se puede manifestar de tres forma principales: síndrome coronario agudo con elevación del ST (infarto agudo de miocardio), síndrome coronario agudo sin elevación del ST (angina inestable), o angina de pecho estable.
«Para el diagnóstico y valoración de pacientes con cardiopatía isquémica o sospecha de la misma, el Hospital Universitario Quirónsalud Valle del Henares cuenta con la resonancia cardíaca de perfusión, también llamada resonancia de estrés, una prueba de imagen cardíaca no invasiva», explica la Dra. Teresa Alvarado Casas, de la Unidad de imagen cardíaca avanzada.
Qué es la resonancia cardíaca de perfusión o de estrés
La resonancia cardíaca de perfusión o resonancia de estrés es una técnica con gran evidencia científica que ofrece gran sensibilidad y especificidad a la hora de diagnosticar enfermedad coronaria significativa y su repercusión sobre el músculo del corazón. Además de detectar falta de riego del corazón (isquemia), también aporta información sobre la anatomía, función y cicatrices del mismo.
Todo ello con una gran calidad y definición de imagen y sin la necesidad de radiación, por lo que se está convirtiendo en la prueba de referencia para la detección de isquemia. Para realizarla es necesario administrar, por vía venosa, un agente vasodilatador (regadenoson) seguidamente de contraste de gadolinio y obtener unas imágenes mediante la resonancia para detectar defectos de riego miocárdico.
«La resonancia cardíaca de perfusión permite guiar el diagnóstico y en algunos casos evitar la necesidad de cateterismo cardíaco».
La Dra. Alvarado asegura que «es una prueba segura con muy pocas contraindicaciones y elevada precisión diagnóstica, permitiendo guiar el diagnóstico y en algunos casos evitar la necesidad de cateterismo cardíaco».
Dado que se trata de una imagen cardíaca avanzada, que requiere de un equipamiento técnico específico, su disponibilidad es limitada y no muchos centros disponen de ella. «Por ello, es una gran ventaja poder ofrecer a los pacientes de nuestro hospital todas las ventajas mencionadas», añade la especialista.
Factores de riesgo y prevención
Existen diversos factores que aumentan la probabilidad de desarrollar cardiopatía isquémica. Entre ellos: la edad avanzada, el sexo masculino —aunque el riesgo en las mujeres aumenta significativamente después de la menopausia—, el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, la hipertensión arterial, el colesterol, el sedentarismo y la existencia de antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular.
La evolución de la enfermedad puede tener complicaciones graves como las arritmias y la insuficiencia cardíaca.
La evolución de la enfermedad puede dar lugar a complicaciones graves como las arritmias cardíacas, que alteran el ritmo normal del corazón, y la insuficiencia cardíaca, una situación en la que el corazón pierde capacidad para bombear sangre de manera eficaz al resto del organismo.
Por eso, además del tratamiento, la prevención es esencial. Esta se basa en la adopción de hábitos de vida saludables y en el control de los factores de riesgo cardiovascular. Se recomienda: seguir una alimentación equilibrada (rica en frutas, verduras y alimentos de origen vegetal), practicar actividad física de forma regular y moderada, y evitar el consumo de tabaco. Por supuesto, también es esencial realizar controles médicos periódicos para el tratamiento precoz de factores de riesgo cardiovasculares.
Reconocer los signos de alarma
La aparición de determinados síntomas puede indicar un empeoramiento de la cardiopatía isquémica. Por ello, es fundamental reconocer estos signos de alarma y solicitar atención médica a un especialista de Quirónsalud cuando se presenten.
Uno de los síntomas más importantes es el dolor opresivo en el pecho. Este dolor suele describirse como una sensación de presión en el centro del tórax y puede extenderse hacia los brazos, la espalda, el cuello o la mandíbula.
Otro signo de alarma es la aparición repentina de falta de aire o dificultad para respirar, incluso en reposo o realizando actividades de escaso esfuerzo. Este síntoma puede indicar que el corazón no está recibiendo suficiente oxígeno o que su capacidad de bombeo se ha visto afectada. Asimismo, la presencia de palpitaciones intensas, acompañadas de sudoración, náuseas y vómitos, todo junto a una sensación general de malestar, ansiedad y debilidad.
Una actuación rápida puede reducir el daño cardíaco y mejorar significativamente el pronóstico del paciente.
Ante cualquiera de estos signos, la Dra. Teresa Alvarado Casas, de la Unidad de imagen cardíaca avanzada del Hospital Universitario Quirónsalud Valle del Henares recomienda solicitar asistencia médica inmediata, ya que una actuación rápida puede reducir el daño cardíaco y mejorar significativamente el pronóstico del paciente.
